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Usted es un enfermo

Miguel Espeche
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20 de enero de 2018  

Sépalo: usted es un enfermo. No importa que su corazón bombee razonablemente bien, que sus huesos lo sostengan con alguna dignidad y que, a la hora de que un elefante le pase por enfrente, usted perciba un elefante y no una mariposa y, por supuesto, se corra para no ser arrollado por el mastodonte. Usted es un enfermo igual, como lo es toda la población humana, sin remedio alguno. O, por el contrario, con demasiados remedios?

Esto es así por culpa de una organización que es muy buena, pero que quizás merezca (aun con los riesgos del caso) algún tirón de orejas. Esa organización se llama Organización Mundial de la Salud (OMS). Y el tema es así: según dicha organización, "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".

Claro, defina usted "completo bienestar físico, mental y social" y verá que, además de ser un enfermo, sumará a su vida algo así como una depresión (¡otra enfermedad más!), al percatarse de que usted nunca, jamás, será "sano". Un dolor de muelas, una alergia que lo haga estornudar, una rodilla maltrecha, un momento de angustia (o dos, o tres?), una pena de amor, una penuria económica por pérdida de empleo, todo eso lo transforma a usted en un enfermo porque lo saca del "completo bienestar" exigido por la máxima organización de salud del planeta.

Diga que a varios se les ha dado por quejarse ante este despropósito (la revista médica The British Medical Journal, por ejemplo, se hace eco de varias críticas en ese sentido). Inclusive algunos muy malpensados han dicho que, al transformar en patológica a la vida misma, los mercados se amplían infinitamente para todos aquellos que fabriquen y vendan productos para "curar" aquello que es el mismo vivir y no otra cosa. No son pocos los que patalean ante esa definición de la Salud y se plantan para que la vida sea algo más que un prospecto de remedio, lleno de contraindicaciones, advertencias y prevenciones, como si vivir fuera un mero evitar el dolor y la muerte, y nada más.

Ante esta definición, siempre apelamos a la sencilla, pero fecunda frase del psicólogo Carlos Campelo, ya fallecido especialista en salud Mental Comunitaria, que decía que "la enfermedad no impide la Salud". Esto significa que, si usted sufre de un resfrío, una hepatitis o un dolor del alma, igualmente es sano, aunque esté -quizás- enfermo. La Salud es la vida misma, el pulso vital, mientras que la enfermedad es un estado, un accidente de la salud.

Quizás sienta ya algún alivio al leer que no son pocos los que le están diciendo a la OMS que debe "bajar un cambio" y entender que, como también decía Campelo, "el deseo de salud es ya salud", una frase que incorpora el espíritu vital a la definición de lo saludable, y le quita ese packaging de aviso publicitario a un concepto de salud que deja en "orsai" a toda la humanidad.

Si usted se enferma y desea curarse, usted ya es sano, aunque pueda estar enfermo. El deseo de desplegar sus capacidades, aun en momentos duros, haciendo lo que hay que hacer con virtudes como la prudencia, el coraje, la templanza, la aceptación o la generosidad, ya lo ponen en el equipo de los sanos. La salud es jugar el partido con cuerpo y alma, y el resultado es un accidente que no depende ya tanto de nosotros.

Físicos o metafísicos, digamos que podríamos rastrear la salud por el lado del amor. Aun en los lechos de muerte el amor puede existir, ya que la muerte, sabemos, no es una enfermedad sino un destino. No es la muerte lo que nos derrota sino la pérdida de fe en la vida, y la vida, también sabemos, se vive hasta lo último, y aunque a veces duela, si la honramos, seremos por siempre sanos.

El autor psicólogo y psicoterapeuta

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