En el making of del cine independiente argentino

Una cronista viajó a Villa Gesell para ser testigo del proceso de filmación de la nueva película del director Juan Villegas
Una cronista viajó a Villa Gesell para ser testigo del proceso de filmación de la nueva película del director Juan Villegas Crédito: Gentileza Juan Villegas
Tamara Tenembaum
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20 de enero de 2018  

Son las once y media de la noche cuando mi micro llega a una terminal completamente pelada en Villa Gesell, "la terminal nueva", le dicen, pero más que nueva parece inaugurada antes de tiempo. Ni un quiosco abierto para comprarse un sándwich. La productora me escribe que me guardan comida.

El hotel se ve lindo y huele a sal, la puerta está abierta pero no hay nadie en el mostrador. Suena cumbia fuerte y en un piso superior se ve gente bailando: unos egresados, algo así. No veo a nadie que me esté buscando. "Ya pasó tres veces esa chica", escucho que dice un egresado, o un coordinador, por la edad. Entonces miro y reconozco las caras de algunos actores. El hotel está completamente tomado por la película de Juan Villegas a la que vine a entender cómo se hace cine en la Argentina, lejos del glamour hollywoodense y la farándula televisiva.

Por suerte conozco a Camila Fabbri, escritora y actriz, que en la película hace de guardavidas: ella me lleva al patio donde todos fuman y me los presenta. Son diez o doce entre la asistente de dirección, la directora de fotografía, productores, utileros y actores. El elenco es chico: además de Camila Fabbri están Pilar Gamboa, la colombiana Valeria Santa, el campeón argentino de freestyle Wos (nacido Valentín Oliva) y Santiago Gobernori, que compartió cartel con Gamboa en La terquedad en el Cervantes. Solo falta Gobernori, que llega mañana directo para rodar, en el mismo micro que Villegas.

Les digo que no se preocupen por mí, que hagan como que no estoy. Se ríen: no les cuesta en lo más mínimo. Los actores son exactamente eso, lo leí en un texto de Foster Wallace: gente experta en hacer como que no sabe que la están mirando. Llega mi comida: ceno mientras escucho a Pilar Gamboa contar que hoy le hicieron una entrevista en un canal de la costa y lo primero que le preguntaron fue su nombre, como si la hubieran agarrado a ciegas por la calle.

A eso de la una todos se van a dormir; mañana están citados a las 7. Yo me voy también, pero antes creo oír a la asistente de dirección y la directora de fotografía, que también es camarógrafa, decir mi nombre varias veces. "Le decimos 'tami' al tamizador, que es un aparato", se ríen. "Estamos discutiendo cómo vamos a filmar mañana, toda la jornada en el jeep", me explica la asistente de dirección. "Te tocó un día raro para ver".

Algo azul, algo prestado

A la mañana del día siguiente no llegaron ni Villegas ni Gobernori: el micro en el que venían pinchó una goma. Ana, la asistente de dirección, manda a la mitad de los actores a que vayan a vestuario y maquillaje igual: hicieron madrugar a todos los técnicos y no quiere que sientan que fue al divino botón. Los actores apuran su café y obedecen: una se imagina que los tratan como reyes, pero en un rodaje más bien son como chicos: se los cuida, pero tienen que hacer caso. No hay lugar para el divismo.

El vestuario se guarda en un departamento que pertenece a una de las vestuaristas. Ella y Villegas se conocen desde muy chicos, de veranear en Villa Gesell: las casas de veraneo de sus respectivas familias quedan en el mismo edificio. El otro departamento, el de Villegas, se usa como locación. Otra lección: todo lo que se pueda pedir prestado en lugar de comprarse es una buena noticia para una película argentina.

"A mí lo de que me 'arreglen' no me gusta mucho, pero me la banco", me dice Camila con una sonrisa temerosa. Pilar y Valeria, en cambio, parecen comodísimas: aprovechan el momento para conversar sobre una escena. En la película son una especie de némesis: el personaje de Gamboa tiene un hijo con el de Gobernori (encarnado por Wos), y Santa hace de la nueva novia de Gobernori, que tiene casi la edad del personaje de Wos. "A mí acá me gustaría que esta discusión sea más suave, ¿entendés? Como para que no quede todo en el mismo tono", dice Gamboa señalando el guion. "Igual le preguntamos a Villegas, pero si no da medio infantil. Además si no es medio machista, las dos matándose, lucha en el barro por el tipo... algo de eso hay, pero tampoco tanto", sigue Gamboa, y Santa sonríe.

Los actores conversan, Ana habla por teléfono, los productores por handy: nadie se molesta en bajar la voz, pero las chicas pasan su texto. No entiendo bien cómo hacen, pero parecen contentas con el resultado. "Ahora cuando llegue Juan le mostramos", dice Valeria, y a los cinco minutos entran él y Gobernori.

Ana le insiste a Villegas con la importancia de ensayar las escenas del jeep; el elenco se acomoda en el auto, sin sacarse las camperas. "Estoy cansada de actuar verano en invierno", dirá Gamboa sobre lo que más le costó de la película. Villegas les recuerda el tema de las miradas: en la escena del jeep, los personajes de Camila y Wos casi no hablan, pero deben ser algo cómplices de Gamboa primero, y avergonzarse de su reacción desmedida después. Luego de un ensayo rápido Camila y Wos vuelven a la combi, entonces entiendo: tenían que ensayar las miradas porque las escenas las van a hacer de a grupitos. Villegas lee las líneas de los que no están. El jeep arranca, los corro un rato y me vuelvo a la combi.

Camila duerme y Wos entrena su freestyle con unos chicos de la producción: le pide a cualquiera que escriba en un papel palabras al azar. Pone su base y a medida que le muestran las palabras tiene que ir incorporándolas a su impro. Le pregunto si actuar en cine es más difícil que freestylear y se ríe. "Lo que me cuesta del cine es grabar en desorden, de grabar todos solos", me dice Wos. "En el teatro y en el freestyle hay algo del vivo, uno va a acumulando. Acá por ahí tenés que grabar la última escena el primer día, y en esa escena tiene que parecer que vos ya acumulaste todo eso que pasó en la película... no sé si me salió, pero qué sé yo", dice con humildad.

Pilar Gamboa cuenta después algo parecido: "Yo recién ahora siento, después de varias películas, que puedo actuar en cine, actuar en serio, lo que yo entiendo por actuar. Al principio hay algo del oficio que tenés que aprender y se va todo en eso".

Camila se despierta y pregunta si ya le toca. "Esto es así siempre, esperar", me comenta una de las vestuaristas mientras cose un botón. "Casi te diría que la paciencia termina siendo lo más importante", dice con el hilo en la boca mientras Camila pregunta si tiene tiempo para ir al baño más cercano, que está a varias cuadras.

Villa Gesell o Las Vegas

En el almuerzo le pregunto a Villegas por el elenco: hace solo un par de semanas que están filmando, pero la familiaridad entre todos es evidente. Me dice que no siempre pasa, esa buena onda, aunque algo de la situación de rodaje, de quedarse todos en el mismo hotel un tiempo largo ("tenemos apoyo del INCAA", explica, "de otra manera sería imposible"), produce una intimidad acelerada. No le gusta hacer casting, pero para esta película (que se iba a llamar Villa Gesell pero está cada vez más cerca de llamarse Las Vegas) contrató una directora de casting que le ayudó a elegir a Wos y a Valeria. A Pilar, Santiago y Camila los contrató directamente por verlos en otras películas.

Los actores arrancan para el jeep. Pilar y Ana vuelven a insistir con el ensayo para las escenas de la tarde, "ensayemos mucho ahí arriba, tipo teatro", dice Pilar, "si no una vez que estamos andando es dificilísimo". Un chico se queda colgado mirando los labios de Camila. "¿Te pintaron la trompa?", le pregunta, y ella contesta que no, pero estuvo tomando jugo de arándanos. "Andá a que te vean las chicas antes de entrar a cámara, no te olvides", le dice.

Va cayendo el sol y antes de que nos demos cuenta es la hora de cenar. Hoy no hay cumbia; todos están agotados, y yo me tengo que ir. Camila y Pilar están en el cuarto de Camila, jugando a una especie de pijama party. Les pregunto qué las espera en Buenos Aires: Camila tiene un proyecto teatral y varios cuentos que terminar. A Pilar le cuesta pensar en un día promedio: "Aparece un rodaje y todo lo que es tu vida cotidiana queda suspendida", dice, "pero tampoco estoy rodando siempre. Ahora aprendí a trabajar con el tiempo libre, a no desesperarme", cuenta, y parece que no fuera una de las actrices más demandadas del off la que habla. "Soy medio privilegiada, pero a veces hay baches más largos... antes me ponía más ansiosa, pero una vez tuve una charla con Mariano Llinás que me dijo, aprovechá, el tiempo libre es parte de formarse, y me sirvió mucho".

Llega mi remise y las chicas se van a dormir. "Tenés que venir cuando rodemos en Buenos Aires", me dicen mientras me voy, y me río. Un poco me divierte la gente del cine, sus ganas de mostrarte su mundo. O de que los miren, que es más o menos lo mismo, y es igual de generoso.

De qué se trata esta historia

El quinto largometraje de Juan Villegas tiene un tono de "comedia melancólica" y cuenta la historia de una pareja de padres separados que se reencuentra en la ciudad en la que, además de conocerse, concibieron al hijo que los une.

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