Un rumbo turbulento y en repliegue para la potencia global

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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20 de enero de 2018  

WASHINGTON.- En un sentido, hizo lo que prometió que haría. Un año después de asumir la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump corrió al país a la derecha, barrió con parte del legado de Barack Obama, les dio un fuerte respaldo a los negocios y replegó a la primera potencia del mundo.

Detrás del estilo de su presidencia y el escándalo Rusiagate, dos focos de la atención mediática, Trump logró dejar una marca duradera, y claros ganadores y perdedores.

El magnate dijo, una y otra vez, que ningún otro presidente en la historia hizo más que él en su primer año de gobierno. El balance deja un resultado más modesto, pero, aun así, ofrece varios logros para su agenda, vistos como avances por sus partidarios y como retrocesos por los detractores.

"La parte más exitosa de su presidencia fue la desregulación", dijo Julian Zelizer, historiador de la Universidad de Princeton. "Se movió con velocidad y precisión. El gobierno trabajó arduamente para desarmar regulaciones sobre cambio climático, regulaciones financieras y en el ámbito laboral", apuntó.

Detrás de ese giro aparece una filosofía central del gobierno de Trump: darles más libertad a las empresas, con el argumento de que eso destrabará inversiones y fomentará el empleo. El rechazo a la lucha contra el cambio climático muestra el apetito por invertir en hidrocarburos, pero, también, el descreimiento de la ciencia sobre el calentamiento global.

Trump no pudo reemplazar el Obamacare, la reforma de salud de los demócratas, pero la debilitó. Tampoco consiguió financiamiento para avanzar con su muro en la frontera con México, pero ocho prototipos ya fueron construidos en San Diego. Y firmó "el mayor recorte de impuestos de la historia", tal como lo vendió: 1,5 billones de dólares, que profundizarán el déficit fiscal.

"Los recortes impositivos favorecen abrumadoramente a las empresas y al techo del 1% y a los ricos", indicó Marni von Wilpert, del Instituto de Política Económica.

La ofensiva desregulatoria de Trump -agregó Von Wilpert- debilitó los derechos de los trabajadores y de los consumidores, ahora más desprotegidos. Trump y su equipo lucieron logros económicos, como la caída del desempleo -bajó de 4,8% a 4,1%, el nivel más bajo del siglo- y las subas accionarias en Wall Street -el índice Dow Jones superó los 26.000 puntos, un récord- como si fueran propios. La Casa Blanca intentó instalar el término "Economía Trump". Pero el auge actual empezó con su antecesor, Barack Obama, y en Estados Unidos se debate cuánto influyó el actual mandatario.

"Trump heredó una economía que estaba funcionando bien", apunta Von Wilpert.

Con Trump, bajo el mantra "Estados Unidos, primero", la primera potencia se convirtió en el único país fuera del Acuerdo Climático de París, tensó el vínculo con la OTAN y Europa, y se acercó a China. Trump sacó al país del Acuerdo Transpacífico, la Unesco, recortó el financiamiento a las Naciones Unidas y, en un nuevo golpe a otro consenso global, reconoció a Jerusalén como capital de Israel.

La organización Human Rights Watch (HRW) ofreció un crudo análisis sobre el primer año de Trump. "Estados Unidos retrocedió en derechos humanos, en el país y en el extranjero", concluyó en su último informa anual.

El republicano logró implementar, luego de una batalla judicial que aún persiste, su veto migratorio, que sus críticos llaman "veto musulmán".

"Trump apuntó contra los refugiados y los inmigrantes, al llamarlos delincuentes y [tratarlos como] amenazas a la seguridad; envalentonó políticas racistas al hablar ambiguamente sobre el nacionalismo blanco, y defendió consistentemente ideas y políticas antimusulmanas", agrega el informe. HRW advirtió además sobre el debilitamiento del mercado de la salud, los ataques a la prensa y el acercamiento a "líderes autocráticos".

Los inmigrantes indocumentados quedaron en una situación mucho más vulnerable. Trump revirtió protecciones de Obama y los arrestos en la frontera cayeron -debido, en parte, a una menor migración-, mientras que dentro del país aumentaron un 40%. El giro fue condenado por los demócratas, organizaciones civiles y de derechos humanos, pero la tenaza migratoria fue celebrada por sus partidarios y el oficialismo.

Trump prometió dejar el acceso a la marihuana en manos de los estados, pero terminó por darles carta blanca a los fiscales para frenar la legalización.

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