La hora de los managers: una función nueva que aún busca su espacio dentro del fútbol argentino

La llegada de Diego Milito a Racing reabrió el debate sobre una función aún novedosa; en la imagen, el exdelantero posa con el presidente Víctor Blanco y el DT Eduardo Coudet
La llegada de Diego Milito a Racing reabrió el debate sobre una función aún novedosa; en la imagen, el exdelantero posa con el presidente Víctor Blanco y el DT Eduardo Coudet Crédito: Santiago Cichero/AFV
Ariel Ruya
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20 de enero de 2018  

Christian Bassedas es el director técnico de Olimpo. Pero no sólo se ocupa de los dibujos tácticos en el pizarrón y las estrategias de motivación; debe socorrer al plantel, por una deuda económica, y también charlar con los dirigentes para encontrar soluciones y que los días perdidos, sin la energía en el campo de juego, no sean una postal habitual. "Tengo la cabeza un poco volada", asume el entrenador, que fue un exitoso manager en Vélez desde 2008 hasta 2015. Y que hoy, ahora mismo, está de un lado y del otro del mostrador, más allá de que su pasión se nutre sobre el césped. Es una voz imprescindible para el fútbol de hoy, en el que el cargo de secretario técnico vuelve a la escena con fuerza, a partir del prestigioso arribo de Diego Milito a Racing.

"Más allá del pasado de uno en el club y del éxito que ha tenido en el equipo -porque el fútbol es equipo-, los dirigentes deben valorar y aceptar con hechos su punto de vista. El mejor ejemplo fue el de cuando dije que el técnico de Vélez en ese momento debía ser Gareca, porque estaba convencido. Y ellos aceptaron mi visión. A partir de eso me di cuenta de que estábamos trabajando en equipo. Yo jamás me metí en cuestiones administrativas ni en manejos económicos del club; tienen que estar bien marcadas las funciones", se presenta Bassedas, que sabe perfectamente dónde va a estar sentado Milito. Y dónde se recuesta Enzo Francescoli en River.

Milito propuso una secretaría técnica compuesta por cinco personas, en la que están incluidos videoanalistas, los buscadores de talentos y los nutricionistas. Su idea es profesionalizar el área. Como Bassedas con Gareca, su primer trabajo fue incorporar un entrenador, Eduardo Coudet. Días después, luego de varias charlas con el DT, se resolvieron los primeros refuerzos, todos pedidos por Chacho. Entre ellos, Ricardo Centurión.

"Son importantes la empatía, la compatibilidad que se tiene con el entrenador. Fundamentales. Que el técnico se sienta cómodo, que sepa que el secretario técnico es un aliado. La decisión final siempre es del técnico, aunque entiendo que los refuerzos deben ser consensuados entre el DT, el manager y la dirigencia. Hay que tratar de que en los gustos futbolísticos haya similitudes, porque en caso contrario se provoca un distanciamiento", cuenta Bassedas, que encuentra puntos en común con Milito y sus nuevos desafíos.

"En mi caso también, había mucho sentido de pertenencia, pero se puede trabajar seriamente en esta función sin ese sentimiento. Es un rol imprescindible en el fútbol de hoy, con las exigencias que requieren la planificación y el organigrama. El DT debe aceptar delegar, sin perder responsabilidades. Tiene que ser alguien de fútbol, que hable su mismo idioma", reconoce el director técnico, en un descanso de la compleja pretemporada de Olimpo. "Otra cosa: tener encendido el teléfono las 24 horas, porque siempre hay que estar alerta. Hay que saber, además, contener al entrenador y convencer a los jugadores para que se sumen al proyecto. Hay trabajos que son en silencio. Cuando viene un jugador, aunque sea querido por el técnico, hay que explicarle los objetivos y las normas", advierte.

-¿En el caso de Centurión, por ejemplo?

-Más allá de nombres, hay que percibir en el jugador el deseo de estar. La conducta en estos tiempos, es fundamental. Cuanto más estudios tenga, mejor. Hay que estar en todos los detalles.

Bernardo Romeo acaba de abandonar San Lorenzo luego de cinco temporadas. Vueltas olímpicas (la Libertadores 2014 fue la cumbre) y una explosión de jóvenes promesas quedaron como referencia tras el paso de otro ex futbolista muy querido. Y que como manager marcó una era. "Dos cosas: que a uno lo dejen hacer y estar siempre", apunta Bernie. "El manager es como el gerente de una empresa", compara. Y recuerda sus primeros tiempos: "Cuando me llamaron Matías [Lammens] y Marcelo [Tinelli], lo primero que les dije fue que quería tener poder de decisión. El manager es el nexo entre los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores. Así fue: tuvimos éxito, porque me dieron libertad, me dejaron laburar".

-¿Por dónde se empieza?

-Cuando llegué, San Lorenzo estaba desorganizado, desordenado. El orden es clave. Fue saliendo todo: la confianza, la comunicación, un ida y vuelta entre los dirigentes y el resto de los actores del fútbol. Me conocían como jugador, pero el crédito estuvo abierto a partir de mi nueva función. Son muchas horas de trabajo. Todo consensuado, sí, pero con la impronta de uno.

Diego Milito vivió 11 años en Europa. Jugó, marcó goles, salió campeón del mundo, se nutrió de ideas y aprendió conceptos desde el escritorio. "Hay que formarse en Europa: eso es lo ideal. No se trata, solamente, de traer jugadores o armar un equipo. Hay otros puntos: seguir a los jugadores que se van en préstamo; coordinar los juveniles, su crecimiento, el primer contrato; lo que pasa en el día por día. Es fundamental tener una oficina de fútbol y estar luego de cada entrenamiento, para saber cuáles son las necesidades. Yo creé la oficina de fútbol profesional en San Lorenzo, a la que sumé la incorporación de un psicólogo. Hay que estar cuando surge un problema, ser un filtro, antes de que le llegue al presidente", agrega Romeo.

Carlos Bianchi tuvo un frustrante y millonario paso como manager de Boca. Lo siguió Juan Simón, aunque no por mucho tiempo. Figuras fuertes y personalistas como Daniel Angelici no dejan espacio al coordinador, que en Europa es una figura habitual. Faryd Mondragón sueña con asumir en Independiente; Agustín Alayes en Estudiantes, Mauro Cetto en Rosario Central, Diego Erroz en Atlético Tucumán y Pablo Cavallero en Vélez -entre otros- descubren un puesto imprescindible para estos tiempos. "A mí me escucharon: no sólo en la fase deportiva, sino también en la infraestructura. Representa un salto de calidad para el fútbol todo. Creer en un proyecto", dice Romeo. El fútbol empieza en el escritorio a ganar.

Por: Ariel Ruya

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