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Llorar de risa... de nosotros

Pablo Gorlero
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21 de enero de 2018  

Karina K, Campi y Miguel Ángel Rodríguez
Karina K, Campi y Miguel Ángel Rodríguez Crédito: Gentileza Cien Bares

¿Qué hacemos con walter? / Libro: Juan José Campanella y Emanuel Diez. Intérpretes: Miguel Ángel Rodríguez, Campi, Karina K, Victoria Almeida, Fabio Aste, Federico Ottone y Araceli Dvoskin. Escenografía y vestuario: Cecilia Monti. Producción general: Muriel Cabeza. Luces: Eli Sirlin. Producción ejecutiva: Amelia Ferrari. Asistente de dirección: Gabriel Gómez Nayar. Teatro: Multiteatro. Duración: 110 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Que la gente tiene ganas de reírse ya lo hemos comprobado. Las obras más exitosas de la cartelera comercial suelen ser las comedias. Lo que afortunadamente está cambiando es que los productores teatrales están apostando a textos más inteligentes, de esos que no subestiman al espectador, sino que lo hacen cómplice, crean una identificación directa. Es el caso de ¿Qué hacemos con Walter?, impecable comedia de situación escrita por Juan José Campanella y Emanuel Diez (la dupla de la serie Entre caníbales). Más que un argumento tiene un disparador, sencillo, que se vuelve el Big Bang de una sucesión de hechos provocados por personalidades muy bien definidas. Esa pequeña trama es una reunión de consorcio, en un edificio de clase media alta, en la que se tiene que resolver si obligan a jubilarse o no al encargado. La elección de ese microcosmos es perfecta. Un grupo de personas que vive en un mismo edificio es una pequeña sociedad, donde habitan personalidades, intereses, morales y visiones distintas. Es decir, bastan las casi dos horas de espectáculo para que en este selecto grupo de individuos podamos reconocer a miles, millones, de esos que nos rodean, esos que somos y que constituimos una sociedad agrietada no solo por lo político (no es este el caso), sino por lo colectivo, por lo comunitario, por lo cooperativo.

En la puesta se nota meticulosidad, cuidado del detalle, no hay hilachas, y tanto desde lo estético como en el trabajo con cada actor queda claro que hay un director con una idea precisa y concreta que nutre y se nutre. Eso se ve en el trabajo en conjunto. No hay fisuras en esta puesta y la comunión entre lo que ocurre sobre el escenario y el espectador es fabulosa. Hay un manejo preciso, exacto del gag, del humor negro, del momento en el que ocurre algo dramático, pero es resuelto a través de la risa sin que se pierda la noción de lo ocurrido. En más de un momento las situaciones explotan y, sin que uno se dé cuenta, está llorando de risa en la platea.

Lo interesante del texto, la dirección de Campanella y las interpretaciones es la manera en que cada una de esas criaturas escapa del arquetipo. Los personajes no son maniqueos y cada uno presenta fortalezas o debilidades, sensibilidades opuestas o dialécticas contradictorias. Uno observa a esta gente y ve a la Argentina misma, desplegando virtudes y miserias, mezcladas y entrecruzadas como las bellas plumas del pavo real.

Experto en castings cinematográficos, Campanella eligió a su elenco con erudición. Ni uno solo desentona y todos, absolutamente, tocan la misma cuerda: una muy delicada que podría dar pie al desborde, algo que jamás ocurre. Y lo más interesante de esto es que sacó a algunos de ellos de los lugares de confort interpretativo en el que se los suele ver. Karina K se adueña de momentos, es la campeona de la réplica, del gesto sutil, en una composición muy diferente a lo que hizo hasta ahora. Si algo ella sabe es degustar cada personaje y hacer que nunca uno se parezca al otro. En la misma línea, Campi encarna al administrador del edificio, un tipo tan antipático como atractivo. Gran composición, hábil conocedor del género y del tempo. Miguel Ángel Rodríguez, Victoria Almeyda, Federico Ottone y Araceli Dvoskin les sacan el jugo a sus personajes en la misma sintonía. Pero cabe destacar el gran trabajo que hace Fabio Aste al encarnar a dos personajes totalmente distintos. Uno de ellos en extremo complejo, pero que sobrelleva con orgánica convicción. Es el que debe llevar adelante el dramatismo en confrontación con la risa. Tarea dificilísima de la que solo puede salir airoso un gran actor. ¿Será esta obra el nuevo Toc toc? Tiene todas las virtudes teatrales como para constituirse en un gran éxito.

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