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La dama fuerte del Paraguay

Aunque la llaman "doña brushing" y su marido, Raúl Cubas Grau, es considerado un títere del general golpista Lino Oviedo, ella no pierde la calma. Esta carismática profesora de piano, que participa activamente en la política de su país desde hace años, ejerce una poderosa influencia sobre el presidente paraguayo y, desde su palacete en las afueras de Asunción, sueña con parecerse a Evita.
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30 de agosto de 1998  

ASUNCION.- AUNQUE la llaman "doña brushing" y su marido, el presidente paraguayo Raúl Cubas Grau, es considerado el virtual "títere" del general golpista Lino Oviedo, ella no se inmuta.

"La gente me llama así porque una vez dije que sé arreglarme el cabello sola y que nunca voy a la peluquería cuando estoy fuera de mi país."

Mirta Gusinky de Cubas es una mujer de carácter fuerte, y se nota. Habla despacio, mide cada palabra como un arquitecto los cimientos de un edificio, y sabe muy bien qué decir y qué no, según comprobó La Nación durante un encuentro con ella.

"Voy a acompañar de manera sostenida la gestión de mi marido para que su gobierno pueda cumplir las promesas que se le han hecho al pueblo, con especial énfasis en lo que se refiere a las acciones sociales que debemos realizar en los sectores más carentes", dice con tono decidido.

Pese a que es vox pópuli el hecho de que detesta al militar que maneja a su marido como a una marioneta, a la hora de las definiciones Mirta Gusinky respeta su papel de Hillary Clinton paraguaya y es extremadamente diplomática: "Oviedo es un hombre muy trabajador, un militar a carta cabal, una persona sumamente valiente, de coraje, con bastante firmeza y espíritu de lucha".

En sintonía con esto, niega llevarse mal con Raquel Marín de Oviedo, la también carismática esposa del hombre fuerte paraguayo que, según las malas lenguas, es una de sus rivales más acérrimas. "Lo que pasa es que últimamente no tenemos tiempo para estar juntas como lo hacíamos antes", dice.

Con aire premeditadamente ingenuo, también desmiente el hecho de que a su marido le será prácticamente imposible gobernar con Oviedo detrás del trono.

"No sé por qué hablamos solamente de la presión que pueda ejercer el general Oviedo. De hecho, cuando uno está ejerciendo el cargo de presidente tiene que soportar presiones de todo tipo. Yo creo que Oviedo, como cualquier otra persona, como amigo, puede pedirle o aconsejarle cosas. Ellos mantienen una muy buena relación de amistad y no creo que él tenga que abrumarlo con presiones", contesta.

Profesora de piano y amante del folklore paraguayo y del idioma guaraní, la elegancia es una de las características de esta mujer de 50 años. Su compostura, maquillaje y peinado son siempre impecables, lo que se refleja también en la decoración de su ostentosa vivienda, en las afueras de Asunción.

La mansión Cubas Grau es un palacete de estilo arquitectónico indefinido, pero tan opulento que se llegó a decir que tenía cuarenta salas de baño, cuando en realidad tiene diez. La casona está rodeada por un jardín muy bien cuidado, con estatuas de mármol, pileta y parrilla. Una escalinata de aires monárquicos conduce a la puerta de la entrada principal. La propiedad -donde siete presidentes latinoamericanos y el príncipe Felipe de Borbón almorzaron el día de la asunción de Cubas- posee una señorial verja perimetral y rigurosas medidas de seguridad que aplican policías, guardaespaldas y cuatro enormes ovejeros alemanes. En el estacionamiento resplandecen varios Mercedes-Benz, varias 4x4, un BMW y un Alfa Romeo.

Mirta Gusinky es totalmente distinta de su marido, un hombre de 55 años flojo de apariencia, con escasa experiencia política y nada carismático, que llegó a la presidencia del país por esas desopilantes vueltas de la justicia paraguaya. Compañero de fórmula del excéntrico Oviedo, Raúl Cubas Grau se vio catapultado hacia la jefatura del Estado cuando la Corte Suprema de Justicia ratificó, en abril último, un fallo de un tribunal militar extraordinario que condenó a diez años de prisión al polémico militar, apartándolo de la carrera electoral.

Candidato a presidente por el gobernante Partido Colorado en reemplazo de Oviedo, Cubas Grau ganó abrumadoramente las elecciones del 10 de mayo último.

Tres días después de haber asumido la presidencia, hace dos semanas, en una ceremonia considerada histórica porque por primera vez en sesenta y seis años un civil -Juan Carlos Wasmosy- entregó el poder a otro civil, Raúl Cubas Grau pateó el tablero. Echando por tierra la expectativa creada en torno de su anunciada determinación de llevar adelante un plan de austeridad para sacar al país de una profunda crisis económica, el flamante mandatario liberó por decreto a su amigo y mentor, Lino César Oviedo.

Fiel a su lema electoral de "Cubas presidente, Oviedo al poder", el nuevo presidente generó así una revolución familiar y un conflicto de poderes de dimensiones gigantescas y resultados impredecibles. En tiempo récord juntó en su contra a todos los sectores de la oposición e incluso al oficialismo. Y ahora el Congreso estudia un pedido de juicio político por abuso del poder y mal desempeño de sus funciones y la Corte Suprema, un recurso de inconstitucionalidad contra su decreto que, si prospera, culminaría con la anulación de la medida presidencial y, por ende, devolvería a Oviedo a la cárcel.

Mirta Gusinky respaldó públicamente a su marido, que actuó "acorde a las leyes y a la palabra que había dado al pueblo paraguayo". Pero es sabido en Paraguay que ella (como el ex presidente Juan Carlos Wasmosy, por ejemplo) también estuvo entre las varias personalidades que pusieron el grito en el cielo al conocerse la liberación del militar.

Del mismo modo, también se sabe que el decretazo de su marido no fue en verdad el fruto de una decisión libre, sino una exigencia planteada por el poderoso "jinete-bonsai", harto de estar en la cárcel purgando su intento de golpe de abril de 1996.

Casada desde hace treinta años con el ingeniero Cubas Grau, un empresario que comenzó a amasar una inmensa fortuna con la construcción de la represa de Itaipú, Mirta Gusinky es, para algunos, una de las pocas personas que con su influencia puede llegar a sacar a su marido de la trampa que significa Oviedo.

Por eso no resultó extraño que al día siguiente del sorpresivo decreto que le devolvió la libertad al general, los primeros en reaccionar airadamente en contra del presidente fueron nada más ni nada menos que sus propios hermanos, Carlos, Luis y Emilio Cubas.

Emilio, un ex senador que manifestó su esperanza de que "en un momento de iluminación mi hermano anule este decreto", está casado, vaya coincidencia, con Gloria Gusinky, hermana de la primera dama paraguaya.

Enfundada en un tailleur azul eléctrico con botones dorados que hacen juego con su cabello rubio y sus alhajas, Mirta Gusinky de Cubas, una señora con muy buena figura, recibió a La Nación en el despacho que tiene en una de las alas de su impresionante residencia.

Allí se halla su fundación, Virgen de Itapé, puesta en marcha el 15 de agosto "para darle un marco institucional a mis actividades sociales, cuyas áreas prioritarias serán las de salud y educación".

Mirta Gusinky es devota de la Virgen de Itapé desde hace quince años, cuando una de sus dos hijas salvó su vida milagrosamente después de haber caído de un caballo. "En esa oportunidad llegó un laico al sanatorio y me ofreció ser madrina de una virgen muy pobre. Como soy muy creyente, me pareció que eso era un mensaje de Dios, un mensaje de esperanza, y acepté con mucho gusto", cuenta.

Aunque estrenó el papel de primera dama hace apenas quince días, Mirta Gusinky participa en política desde hace tiempo.

Acompañó a su marido en sus actos proselitistas, participó en diferentes campañas internas del Partido Colorado, al que pertenece, y a fines de julio estuvo en la Argentina con el presidente Menem y con Palito Ortega, para enterarse "de los programas sociales que han aplicado en el país". Ahora dice que su objetivo principal es "mejorar la calidad de vida de la niñez, de la mujer y de la ancianidad".

-¿Se hubiera imaginado hace un año ser la primera dama del Paraguay?

-No. He trabajado muy duro sabiendo que iba a ser la señora del vicepresidente. Siempre me he comportado de acuerdo con el papel que me corresponde. Nunca invado territorios ajenos, ni quiero ser invadida.

-¿Cuál es el personaje de la historia mundial que más admira o con el que más se identifica?

-Admiro profundamente a Madame Lynch (mujer del mariscal Francisco Solano López) y a Eva Perón.

-¿Le gustaría convertirse en una Evita paraguaya?

No diría que pretendo convertirme en una Evita paraguaya. Lo que sí pretendo es que, al término de estos cinco años de gobierno, pueda caminar tranquila y con la frente alta, y ser recordada como una primera dama que se preocupó mucho por el bienestar de su pueblo.

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