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Del fervor extremo de Brasil a la fría recepción de Chile

La JMJ fue el primer viaje del Papa a la región y el más multitudinario
Julieta Nassau
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22 de enero de 2018  

Los turistas distraídos que llegaron a Santiago de Chile hace una semana muy probablemente no se dieron cuenta de que Francisco arribaría a ese país horas después. No había referencias al Santo Padre en el aeropuerto ni en la ciudad más allá de los carteles con la cara de Jorge Bergoglio que colgaban de las iglesias o las vallas instaladas para el paso del papamóvil.

Las postales contrastaban con las de Río de Janeiro en julio de 2013, antes del primer viaje de Bergoglio al exterior y el primero a Sudamérica como papa. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue el primer evento masivo de Francisco y el más multitudinario, contracara de la última gira del Papa en un país vecino a su país natal.

En 2013, en el aeropuerto de Río se veía a Francisco en todos lados y a voluntarios papales intentando manejar las hordas de peregrinos que llegaban para la jornada, que suele convocar grandes multitudes de jóvenes entusiastas. La papamanía inundó la ciudad: caminar por las calles era un incordio e ir a la playa era sinónimo de sumarse a una fiesta cristiana.

El clima fue distinto en Chile, tras casi cinco años de pontificado y 22 viajes internacionales, cinco a América Latina. En el aeropuerto no había imágenes del Papa, más bien movimiento de recambio turístico, y en las calles no había banderines oficiales ni ambiente festivo. A los turistas solo los afectó la presencia del Papa por las calles cortadas para el traslado de la comitiva vaticana.

Los números reflejan estas impresiones. En Brasil, Francisco brindó la segunda misa de las más masivas de la historia de la Iglesia, ante más de tres millones de personas. En Chile esperaban 1.214.000 asistentes a las tres homilías más el encuentro con jóvenes, pero fueron menos de 700.000. También las palabras cambiaron. De Río se recuerda su "hagan lío", reflejo de su buena llegada a los jóvenes. En Chile, en cambio, resuena su defensa de Juan Barros, obispo de Osorno acusado de encubrir a un pederasta. El escándalo por los abusos en la Iglesia es, justamente, uno de los motivos que explican por qué el entusiasmo que recibió Francisco en Santiago fue inferior al de Río en 2013.

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