Una cita cotidiana con el tango en la Glorieta de Barrancas

Porteños y extranjeros participan de la ya clásica milonga de Belgrano
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23 de enero de 2018  

Otra de las posibilidades que ofrece Buenos Aires para disfrutar de bailar al aire libre es la ya tradicional cita al son del tango en la Glorieta de las Barrancas de Belgrano. Allí, alrededor de unas 250 personas -a veces, un poco más- se reúnen de lunes a domingo, para danzar en un abrazo milonguero al ritmo del 2x4.

Raúl Marcelo Salas organiza este encuentro de baile los fines de semana. Él arrancó con la iniciativa hace 22 años, con la intención de "demostrar que el tango estaba vivo". Desde entonces, la actividad creció y se hizo un clásico, incluso a nivel internacional. "Vienen de todas partes del mundo a bailar. Hay mucha diversidad. Es un evento que tiene proyección internacional: se dan fenómenos similares de milongas al aire libre en Bruselas, en Barcelona y en Nueva York, todos inspirados en nuestra experiencia", comenta Salas.

Conviven en la pista de la Glorieta Antonio Malvagni (así se llama), talentosos bailarines junto a otros más inexpertos, por lo general todos mayores de 30 años. "Lo que tiene esta milonga es que es muy popular, acá pueden bailar todos sin necesidad de ser avanzados. Además, acá se aceptan todos los estilos de baile", dice Pablo Etcheverry, el organizador de la milonga los lunes, miércoles y viernes.

Un plan en sí mismo

Quienes no se atrevan a entrar en la pista a milonguear tienen la grata oportunidad de escuchar unos buenos tangos en el atardecer porteño del señorial barrio de Belgrano, en uno de sus espacios verdes más emblemáticos. Lo que ya es todo un plan en sí mismo.

El popular evento empieza los fines de semana a las 17 con una clase de tango. Dos horas después arranca el baile propiamente dicho. De lunes a viernes, en tanto, la clase es a las 19 y el baile, a las 20. Todo concluye alrededor de las 23. Cabe consignar que las clases son aranceladas, pero la milonga es a la gorra.

Además de mantener vivo el tango, ese valor cultural porteño y universal, la milonga de las Barrancas tiene una función social. Como explica Etcheverry: "Acá la gente se encuentra con otra gente, se hace amiga y se vence la soledad".

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