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Frondizi y los idus de marzo

Ultimas horas de gobierno y caída del presidente que intentó darle a la Argentina un sesgo desarrollista
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31 de marzo de 2002  

El alistamiento en los cuarteles comenzó esa misma mañana. Pero las treinta y tres ocasiones en que las tropas estuvieron listas para la acción en aquellos últimos tres años, lo habían hecho inútilmente, como sucedió en cada planteo militar destinado al presidente argentino Arturo Frondizi. Claro que esa vez la crisis era más profunda.

El costo político-social por el desarrollo, postura y efectos gubernamentales en dos episodios clave de los últimos meses de ese fatídico 1962 -la Octava Reunión Consultiva de Cancilleres de Punta del Este organizada por la OEA, reunida para analizar el caso cubano, por un lado, y las elecciones del 18 de marzo ganadas por la Unión Popular y su anulación inmediata, por el otro- parecían haber dejado sin argumentos a los pocos militares legalistas, una minoría entre toda la oficialidad que juzgaba a ese gobierno como de pro marxista. Esta vez, no sólo en los ámbitos de la tres Fuerzas Armadas se palpitaba que el Presidente sería depuesto.

Golpee antes de entrar

Hacia el mediodía, los comandantes comenzaron a pedir audiencia en la Casa Rosada y entre los cabildeos incesantes y las dilaciones de los funcionarios, finalmente se acordó para las 17. Por fin los tres altos oficiales convergieron en el escenario de tantos derrocamientos y el comandante en jefe del Ejército teniente general Raúl Poggi, a las 17.25, le preguntó al presidente Frondizi si estaba dispuesto a renunciar. La negativa de este abogado correntino de 55 años que muy joven había deslumbrado por su severidad y aplicación en los estudios, el apego a lo frugal y al desdén espartano por toda frivolidad de la vida encumbrada, se descartaba. La historia oficial dice que emitió su negativa con firmeza y sentenció: "Mi posición es irrevocable". (Ya había acuñado una frase recordable: "No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país". Y cumplió.) Inmediatamente, a las 17.30, se retiró de la Casa Rosada hacia la quinta de Olivos donde de nada sirvieron las febriles estrategias de sus asesores para salvar una situación de asedio que se había agravado en ese fatídico marzo.

El capitán de navío (R) Eduardo Lockhart se presentó poco después -a las cuatro de la madrugada del 29 de marzo de 1962- en la residencia de Olivos para informar al presidente que sería embarcado esa misma mañana en un avión de la Armada con destino a la isla Martín García. Dicen que el presidente sólo contestó: "Cuanto antes mejor". El prisionero marchó "sin signos de emoción alguna", según los pocos testigos que reconstruyeron la escena final de ese gobierno que había asumido a través de un pacto con el justicialismo proscrito -acuerdo del que se suele poner en duda su carácter contractual y hasta su existencia misma-, pero entendimiento cierto que reclutó a una abrumadora mayoría a la fórmula Arturo Frondizi-Alejandro Gómez de la UCRI. Como se recuerda, fue la fracción del radicalismo que impulsó la propuesta desarrollista y enfrentó y derrotó a la UCRP de Ricardo Balbín en los comicios del 23 de febrero de 1958.

Es cierto que el triunfante presidente casi flemático, a pesar de la abrumadoras críticas que levantaron ciertas decisiones controvertidas (en casos como petróleo o el encuentro casi secreto con el Che Guevara) alcanzó una identidad paradigmática de estadista y logró atravesar el camino minado que le sembraron los opositores y los militares que siempre lo creyeron un fervoroso marxista. Los 34 planteos que soportó y las presiones que le impusieron para torcer la línea de su política exterior, que no sólo había elegido por convicción y estrategia, sino que respondía a una tradición argentina no intervencionista, no le impidieron conquistas notables y sumar 3 años, 10 meses y 29 días de gobierno. La producción petrolera que en 1958 había sido de 5 millones de toneladas pasó a 15 millones en 1962. También se triplicó la producción de acero, mientras que la producción de cemento aumentó el 32 por ciento. En 1961, las diez fábricas automotrices lanzaron 137.000 unidades que encontraron 10.000 kilómetros de nuevos caminos -carecían de peaje-, entre muchos otros crecimientos del mentado desarrollo.

En reemplazo de Frondizi y del vicepresidente Alejandro Gómez asumió el presidente provisional del Senado, el abogado rionegrino José María Guido, para lo que los comandantes de las Fuerzas Armadas debieron acudir a una consulta a constitucionalistas que aplicaron un remedo de sucesión débilmente jurídica montada en la ley de acefalía: el presidente nunca renunció (Frondizi pretendía que se le hiciera juicio político) y el golpe militar clausuró el Congreso y la actividad política. Quizá los mejores análisis de toda la etapa previa al desenlace de aquella crisis gubernamental se puede leer en la obra de Robert A. Potash ( El Ejército y la política argentina ), aunque ciertos entretelones anecdóticos se rescatan de El hombre que engañó a Kennedy , de Eliseo Alvarez, entre muchos trabajos que hablan de aquel desenlace.

Acefalía y parche

La primera de las dos últimas objeciones que los comandantes de los tres estados mayores -teniente general Raúl Poggi, almirante Gastón Clement y brigadier Jorge Rojas Silveyra- esgrimieron para acorralar al presidente fue el abstencionismo que el canciller Miguel Angel Cárcano -con precisiones de Frondizi- había sostenido en la reunión de cancilleres de Punta del Este de fines de enero de 1962, y en la que Estados Unidos pretendía la expulsión de Cuba. Los tres comandantes plantearon su queja sin tapujos en Olivos frente al presidente y su canciller que se defendió: "La Carta de la OEA no contempla la expulsión de ninguno de los países miembros.Técnicamente se debería modificar ese documento". A lo que el brigadier Rojas Silveyra respondió que "no vengan con tecnicismo. Hay que pasarle por encima a las normas", mientras el almirante Clement propuso exigir la modificación inmediata de la Carta panamericana, un recato si se lo compara con lo que Poggi enfatizó para escándalo del canciller: "La Argentina debe romper ya mismo relaciones con La Habana", exigencia que justificó como compensación al voto de Punta del Este que consideraba vergonzoso.

De los resultados de las elecciones del 18 de marzo, que el capitán (R.) Francisco Manrique había vaticinado en voz baja después de una recorrida que efectuó por las provincias, esa misma noche produjo sus efectos. La reunión -según Eliseo Alvarez- fue en la Secretaría de Marina. Para las 2 de la madrugada (ya del 19) el secretario de Defensa, José Cáceres Monié, escuchó al grupo que lo convocó: los generales Rosendo Fraga, Carlos Peralta y Raúl Poggi; los almirantes Gastón Clement, Juan Carlos Bassi y Agustín Penas, y los brigadieres Jorge Rojas Silveyra, Juan Carlos Pereyra y Cayo Alsina. La voz cantante la tuvo Clement que le dijo que le llevara al presidente "nuestra conformidad de que sean intervenidas las provincias en las que ganó el peronismo. La intervención debe ser hecha hoy mismo. Queremos los decretos de inmediato.Que (además) se desprenda inmediatamente de su equipo paralelo de frigeristas y que le digan al doctor Frigerio que se vaya inmediatamente del país". También exigía una lucha frontal contra el comunismo, advirtiendo que "en las universidades hay un semillero de izquierdistas y el gobierno no hace nada" (ya lo haría en pocos años más el general Juan Carlos Onganía en la llamada Noche de los Bastones Largos). Curiosamente, el general Onganía era el más ponderado y profesional de los oficiales que en los idus de marzo del Ô62 estaba aliado a la minorías de jefes legalistas. No podría olvidarse que entre la prisión en la isla Martín García y en las dos sedes diferentes y sucesivas en las que el doctor Frondizi permaneció en esa condición en la zona lacustre cercana a San Carlos de Bariloche, sumó 1 año, 4 meses y 2 días de encierro. Durante el mismo se produjo la elección -el 7 de julio de 1963- por la que alcanzó la presidencia de la República Arturo Umberto Illia, que también sería derrocado.

Depuesto Frondizi, el Ejercito de los 34 planteos quedó profundamente dividido. Según Potash, durante "el resto de 1962 el Ejército fue desgarrado por una serie de enfrentamientos que culminaron en hechos de guerra". Dos de esos enfrentamientos entre los llamados bandos Azules y Colorados, con artillería pesada, tanques y ataques aéreos, concluyeron con el triunfo de los Azules, el retiro obligado y prematuro de oficiales Colorados, y el tendido de la alfombra que, finalmente, a expensas de la deposición de Illia, se tendió al general Onganía.

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