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Un sentido más puro a las palabras de la tribu

Arturo Carrera
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24 de enero de 2018  

En una conversación de café dije que Nicanor Parra propuso hace tiempo todas las cosas que hoy están en la agenda cultural, al menos en la norteamericana, y me atrevería a decir en la nuestra también: la relación entre mito, ecología, arte y literatura...

Antes que nada, como todo gran poeta, Nicanor Parra le devuelve a Chile "el genio del idioma". William Carlos Williams, otro poeta genial, se pregunta un día: "¿Qué le dejo al pueblo norteamericano? ¿Qué les dejo a su habla, a su poesía?". Y acepta que les dejaba tan solo una forma métrica llamada "pie quebrado". Parecía nada, pero incluía como un amuleto la fuerza, el modo de oír él a los americanos.

No solo ponerse de parte de sus cosas sino agotarlas, escucharlas, escandirlas. Parra lo hizo para el pueblo chileno. Basta leerlo. Atenderlo. Descubre que los chilenos hablan en endecasílabos. Codifica sus expresiones más sutiles, y también pone de relieve aquel dicho atribuido a Apollinaire: que hoy (claro que esto se dijo a principios del siglo XX) es preciso pensar y escribir sintético-ideográficamente, en lugar de analítico-discursivamente. Basta leer sus antipoemas y su teoría del antipoema.

Son muchísimas las tareas a las que se consagró, en relación con la prosodia, desde sus inicios como poeta.

Empezó, podríamos decirlo así, siendo un clásico. Escuchó como pocos a los poetas españoles. Pero pronto se transformó en un vanguardista. En una anécdota se dice que Neruda, en uno de sus regresos de Europa a Chile, en la cena que le brindaban casi devocionalmente los poetas y amigos, le pidió a Parra que leyera uno de sus últimos poemas. Después de escucharlo, Neruda, casi atónito, exclamó: "Ahora ya sé quién es mi incondicional seguidor".

Pero muy pronto Parra se transformó en un inventor (como dirían los poetas concretistas que lo admiraban). Un fabro me animaría a decir. Hizo de la lengua una materia plástica, llena de gioielli unici (joyas para Ungaretti), ritmos y figuras nuevas. Y a eso le añadió en los últimos años de su vida sus exquisitas traducciones de Shakespeare.

¿Qué duda cabe? En esa pasión que duró casi cien años reside la gran proeza de Parra. A mi juicio, como he dicho muchas veces, comprendió como nadie y celebró como pocos las palabras de un verso de Mallarmé: "Volvió más puras las palabras de la tribu".

El autor es poeta. Su obra completa está publicada en Adriana Hidalgo con el título de Vigilámbulo.

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