Las lecciones del maestro: Roger Federer aplastó a Tomas Berdych y accedió a las semifinales del Abierto de Australia

Roger Federer no cedió ningún set en todo el torneo
Roger Federer no cedió ningún set en todo el torneo Fuente: AP
Sebastián Torok
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24 de enero de 2018  • 08:02

MELBOURNE.- En este Abierto de Australia, Roger Federer parece funcionar como un reloj suizo: sin fisuras. Y como un maestro: dando lecciones. Hoy, por los cuartos de final y tras la eliminación de Rafael Nadal -el otro gran candidato-, aplastó al checo Tomas Berdych por 7-6 (1), 6-3 y 6-4. De esta manera, y sin ceder un solo set en todo el torneo, el N°2 del mundo ya está entre los cuatro mejores del primer Grand Slam del año, en donde defiende el título.

El resumen del partido

Marzo de 2013. Semifinales en Dubai. Federer tenía 31 años y terminaría la temporada con apenas un título menor [Halle]. Aquella fue la última imagen del suizo derrotado frente a Berdych. Desde entonces, nunca más se repitió. Fueron nueve partidos; el ganador fue siempre el mismo.

Esta vez pareció que la película podía ser distinta, porque el checo se plantó en el Rod Laver Arena, el court central del Abierto de Australia, con las certezas de haber eliminado con contundencia a Juan Martín del Potro [en la 3ª rueda] y a Fabio Fognini [en los 8vos de final]. Con el ánimo por las nubes después de semejantes exhibiciones de poder, el actual número 20 del circuito intentó desarmar el reinado de Federer a los mazazos. Golpeó, golpeó y golpeó; esa fue su agresiva estrategia. Federer recibió los azotes, parecía mareado, no encontraba el equilibrio ni el punto justo donde impactar. La estaba pasando mal, muy mal. Maldecía. El checo obligaba al exnúmero 1 a lanzar tiros maravillosos para ganar un punto. Hasta que Federer se enojó. Berdych, arriba por 5-3, sacó 15-40 y el envío no pudo ser devuelto por el helvético, que entendió que el pique había sido malo y pidió el Ojo de Halcón. Los espectadores empezaron a aplaudir, como es habitual en cada una de esas acciones tecnológicas, pero los segundos se hicieron eternos y la imagen del punto nunca se emitió por las pantallas. El umpire irlandés Fergus Murphy, incómodo, anunció que la repetición no podía verse pero que el servicio había sido bueno y cantó "30-40". Federer estalló y se acercó a la silla del juez a protestarle. No tuvo recompensa y, resignado, regresó a la posición de saque. Berdych siguió adelante y tuvo un set point, pero el demonio de 36 años lanzaba fuego por las orejas y la boca, le arrojó todo su oficio encima y le terminó quebrando el servicio (4-5). El estadio explotó.

Federer, un crack en acción
Federer, un crack en acción Fuente: AFP

Llegaron al tie-break y el violinista tocó su mejor pieza musical, cerrándolo por 7-1, en 57 minutos. El estadio volvió a rugir de felicidad. Sin Rafael Nadal ni Novak Djokovic en el cuadro, el público temía de perder a la estrella superior. Pues no pasó.

En la batalla de ese primer set, literalmente, se murió el partido. Lo que llegó a partir de allí fue un Federer dominante desde lo estratégico y, sobre todo, lo mental. Berdych, que había abordado el encuentro como si fuera el último de su vida, se fue marchitando. Pasó de sacar con potencia y puntería a hacerlo con escasa pimienta. Federer le rompió una vez el servicio a su rival en el segundo set y dos más en el tercero, redondeando una victoria por 7-6 (7-1), 6-3 y 6-4, y así alcanzar las semifinales del Abierto australiano por decimocuarta oportunidad en quince temporadas. El tiempo no pasa para el suizo. El único obstáculo que tiene para llegar a la definición del domingo es Hyeon Chung, el surcoreano de 21 años y 58° que sorprende en el Melbourne Park [en los cuartos de final superó al estadounidense Tennys Sandgren por 6-4, 7-6 (7-5) y 6-3].

A los 36 años y 173 días, Federer se convirtió en el tenista más veterano en alcanzar las semifinales en un Grand Slam desde Jimmy Connors [39 años y 6 días] en el US Open de 1991. También se erigió como el más "viejo" en llegar a las semifinales en Australia desde Ken Rosewall [42 años y 68 días] en enero de 1977.

Cada presentación del suizo es un espectáculo. Los adjetivos se terminan para describir su obra. La admiración es eterna.

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