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Las Estrellas tuvo un cierre que pocos habían imaginado al comienzo

Una historia coral protagonizada por un quinteto femenino (Marcela Klosterbooer, Justina Bustos, Natalie Pérez, Violeta Urtizberea y Celeste Cid) que en su tramo final se inclinó hacia el protagonismo casi excluyente de una de ellas.
Una historia coral protagonizada por un quinteto femenino (Marcela Klosterbooer, Justina Bustos, Natalie Pérez, Violeta Urtizberea y Celeste Cid) que en su tramo final se inclinó hacia el protagonismo casi excluyente de una de ellas. Crédito: Gentileza eltrece
Marcelo Stiletano
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24 de enero de 2018  • 16:48

Ya sabemos que las clásicas tiras del prime time de la TV abierta consideran, como ocurre en las telenovelas latinoamericanas modélicas, que su primera temporada es la única y no se plantean eventuales continuidades. Prefieren una despedida meticulosamente elaborada. Además, sus responsables tienen muy presentes en la memoria el recuerdo de fracasos resonantes cada vez que se animaron a repetir la apuesta en un segundo año.

Las Estrellas no resultó la excepción de esta regla. Todo lo contrario. El episodio final, emitido por Eltrece en la noche del martes, dejó a la vista el inalterable esquema que Pol-Ka impone en estos casos para sus producciones, las más exitosas (como en este caso) y las que nadie recuerda. En este sentido, un ejercicio interesante consiste en seguir las instancias finales de la historia e inmediatamente después volver a ver el capítulo número uno. Lo primero que comprobamos es que se trata de los dos únicos momentos en los que nada parece librado al azar. Todo está perfectamente calculado, sincronizado, previsto. Hasta la máxima inverosimilitud.

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Lo que no estaba calculado es que en el medio de la historia, como también suele ocurrir, aparece un hecho que trasciende la pantalla y gana los debates cotidianos, las conversaciones entre los televidentes y el rebote de lo que propone la pantalla dentro de las redes sociales. Ese hecho quedará marcado en letras de molde a través del apócope "Flozmín", en el que convergen las protagonistas de un romance homosexual que terminó eclipsando a todo el resto. Por eso, el cierre de Las Estrellas, formalmente similar al del resto de las producciones de la escudería Pol-Ka, no fue el que la mayoría imaginó al comienzo.

Como todas las historias corales de Pol-Ka, Las Estrellas inició su camino con la idea de otorgarle un peso proporcional en la trama a cada uno de sus protagonistas. En este caso, el desafío fue dividirla en cinco. Violeta Urtizberea , Natalie Pérez , Justina Bustos , Marcela Kloosterboer y Celeste Cid no podían ni debían sacarse ventajas en eso de ocupar tiempo de pantalla, atención narrativa y conflictos dramáticos (cada una tenía que vérselas con su respectivo galán, haya o no aparecido desde el comienzo). El resto del tiempo quedaba para la accidentada y recelosa interacción entre ellas. Una hermandad que funcionó casi desde el arranque gracias al bien trabajado equilibrio entre cinco actrices de características muy disímiles y que le dio al programa un sostén inicial de rating que logró mantenerse con el tiempo.

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Pero el surgimiento de Flozmín cambió las cosas. El flechazo entre estos dos personajes femeninos -compuestos por Urtizberea y Julieta Nair Calvo - atrajo al público como ningún otro elemento de la novela, que osciló como también es costumbre entre la comedia, el drama y la peripecia romántica en dosis equilibradas. Y lo primero que hizo fue hacernos olvidar de la equívoca y muy desacertada aplicación del llamado sindrome de Tourette al personaje de Flor. Atento a la evolución del idilio, el público se fue olvidando de ese avatar manejado casi siempre de manera gratuita y procaz, todo lo contrario de lo que se busca cuando hay que crear conciencia sobre los efectos de una atípica enfermedad.

Planteadas así las cosas, el resto tuvo que esforzarse para mantener un lugar de atención más o menos equiparable al tema que había logrado concentrar la atención casi de manera excluyente. Los que estuvieron más cerca fueron los personajes de Celeste Cid (cuyo intenso vínculo con Esteban Lamothe se vio favorecido por la exposición que tuvo el propio actor en pleno desarrollo de la ficción a partir de episodios de su vida privada) y, un poco menos, de Natalie Pérez, que de las cinco fue quien más se lució a fuerza de personalidad y convicción.

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Las Estrellas concluye su ciclo cuando la relación entre Flor y Jazmín se encontraba en su apogeo. Los otros personajes estaban en condiciones de dar más, pero los caprichos de la trama forzaron una aceleración del cierre. En el fondo, la anécdota del manejo del hotel siempre resultó menos atrapante que la conexión entre cada una de las cinco hermanas y su entorno familiar y afectivo. Lo que cada una espera de la vida y lo que encuentra: expectativas y frustraciones.

En cualquier otro contexto, una historia de la repercusión de Las Estrellas tendría asegurada su continuidad. Pero en la Argentina, el modelo de la tira diaria exprime al máximo el potencial de este tipo de historias en muy poco tiempo. Sólo nos queda imaginar qué pasará de aquí en adelante con cada personaje luego de un generalizado final feliz que resultó, según cada caso, más convincente o más forzado.

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