Por unanimidad, ratifican la condena de Lula y se aleja su sueño de volver al poder

Un tribunal de Porto Alegre rechazó la apelación del expresidente y aumentó la pena por corrupción a 12 años y un mes de prisión; el líder del PT denunció un pacto entre la Justicia y la prensa para evitar su regreso al poder
Un tribunal de Porto Alegre rechazó la apelación del expresidente y aumentó la pena por corrupción a 12 años y un mes de prisión; el líder del PT denunció un pacto entre la Justicia y la prensa para evitar su regreso al poder Fuente: AFP
Alberto Armendáriz
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25 de enero de 2018  

PORTO ALEGRE.– La Justicia brasileña no se dejó intimidar por la formidable capacidad de movilización de Luiz Inacio Lula da Silva, el mayor ícono de la izquierda latinoamericana, que ayer vio cómo su sueño de volver a la presidencia quedaba más lejos que nunca.

Rodeado de decenas de miles de seguidores del expresidente que llegaron a Porto Alegre con esperanzas y se fueron con lágrimas, el Tribunal Regional Federal de la 4ª región confirmó ayer de manera unánime la condena por corrupción y aumentó a 12 años y un mes la pena de prisión contra el líder del Partido de los Trabajadores, que denunció “un pacto entre el Poder Judicial y la prensa” para evitar su candidatura.

“Hay pruebas por encima de lo razonable de que el expresidente fue uno de los principales articuladores, si no el principal, del esquema de sobornos en Petrobras”, resaltó el juez relator de la causa, João Pedro Gebran, que junto a sus colegas Leandro Paulsen y Víctor Laus, ratificó así la sentencia emitida en julio último en Curitiba por el juez federal Sérgio Moro, a cargo de los casos relacionados con la operación Lava Jato que reveló la trama de corrupción en la petrolera estatal.

Lula tras su condena:

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Moro halló culpable a Lula (72 años) de corrupción pasiva y lavado de dinero por haber recibido de la constructora OAS un departamento tríplex en el balneario paulista de Guarujá –valuado en 1,2 millones de dólares– a cambio de garantizar a la empresa contratos con Petrobras durante su gobierno (2003-2010).

La pena original fijada había sido de nueve años y seis meses de prisión, pero ayer el TRF4 sorprendió al endurecerla a 12 años y un mes. De cualquier manera, el exmandatario –favorito en las encuestas para los comicios de octubre próximo– solo iría a la cárcel una vez que se agoten todos los recursos jurídicos.

“Nunca tuve ninguna ilusión. Hubo un pacto entre el Poder Judicial y la prensa, que resolvieron que era hora de acabar con el PT”, afirmó desafiante Lula por la noche, al dirigirse a sus simpatizantes en la Plaza de la República, en San Pablo. Allí reiteró que era víctima de una persecución política en venganza de la elite brasileña por el ascenso social que hubo durante su administración. “Fueron esas conquistas sociales que juzgaron hoy”, dijo, y exhortó a la multitud a mantenerse firme en la lucha.

A su lado, la presidenta del PT, la senadora Gleisi Hoffmann, confirmó que el partido apelará el veredicto del TRF4 –puede hacerlo ante la propia corte, así como ante el Superior Tribunal de Justicia (STJ) y el Supremo Tribunal Federal (STF)–, y que de todos modos presentará la candidatura presidencial de Lula ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) mediante una medida cautelar.

En San Pablo, los partidarios de Lula recibieron con decepción el fallo de la Justicia
En San Pablo, los partidarios de Lula recibieron con decepción el fallo de la Justicia Fuente: AFP

“Ellos solo quieren que yo no sea candidato, pero ahora quiero ser candidato a presidente de Brasil”, dijo Lula ayer. “Si me presentan mi delito, desisto de mi candidatura. [Los jueces] saben que no cometí ningún crimen”, desafió.

Según la legislación brasileña, una persona condenada en segunda instancia por un órgano colegiado pierde el derecho a asumir un cargo democráticamente elegido. Hoy, las encuestas para los comicios de octubre ubican a Lula como el candidato favorito, con 36% de las preferencias de los votantes.

“No vamos a salir de las calles. Vamos a radicalizarlos”, advirtió Hoffmann, que calificó todo el proceso como una “farsa judicial”.

La audiencia del TRF4 en Porto Alegre se realizó en medio de un megaoperativo de seguridad que incluyó vigilancia de la corte por tierra, aire y agua –en el lago Guaíba de esta ciudad–, en un clima enrarecido por la creciente polarización política que vive Brasil.

Desde la noche anterior, grupos a favor y en contra de Lula habían realizado vigilias en diferentes lugares del país. La concentración más grande de seguidores del expresidente –con unas 70.000 personas– fue justamente a un kilómetro del tribunal de apelaciones, en el Parque del Anfiteatro do Pôr do Sol. El bando contrario se congregó a unos cinco kilómetros de allí, en el elegante Parque Moinhos de Vento, una de las zonas más ricas de la capital estatal.

Dentro de la sala de audiencias, el abogado de Lula, Cristiano Zanin Martins, buscó convencer a los magistrados de que no había pruebas de que Lula era el dueño del tríplex, aunque el propio expresidente de la constructora OAS Leo Pinheiro confesó a la Justicia que Lula le había pedido destruir todos los documentos que lo incriminaban en la recepción de las ventajas indebidas.

“Su excelencia [Lula] en algún momento perdió el rumbo y pasó a confundir sus atribuciones de primer mandatario con aquellas que en el pasado le conferían las de presidente del partido”, apuntó durante el proceso el juez Laus.

“Lula acabó beneficiándose personal y directamente de los sobornos que estaban a disposición del PT, parte de los cuales fueron utilizados en el tríplex”, señaló, por su parte, Paulsen.

Desafío

Al finalizar la dura sesión que se extendió por nueve horas, en conferencia de prensa el abogado de Lula prometió: “Vamos a continuar luchando contra esta condena política. Y ganaremos esta lucha, no sólo por Lula, sino por todos los brasileños que creen que el Estado de Derecho y la democracia deben prevalecer”.

En el campamento del PT y los movimientos sociales, en tanto, reinaba una profunda desilusión. Entre lágrimas, los militantes se retiraron en los ómnibus en que habían llegado en los últimos días, mientras un fuerte aguacero caía sobre Porto Alegre.

“Yo no soy petista, no pertenezco a ningún sindicato ni a ningún movimiento social. Estoy acá como ciudadana indignada, con mucha rabia y tristeza al constatar que en Brasil la Justicia no es imparcial, responde a intereses políticos”, señaló a LA NACION la jubilada Dirce Machado Poglia (57 años), que prometió seguir manifestándose de la forma que pueda. “Porque Lula lo vale”, justificó.

En el Parque Moinhos de Vento, cientos de personas con banderas brasileñas festejaron con aplausos, vivas y cánticos el resultado judicial contra el exmandatario. Advirtieron que la salida de Lula de la próxima contienda electoral puede abrir la puerta para una nueva etapa política en el país, sin la participación del exobrero metalúrgico que ha influido en la escena política brasileña desde mediados de los años 80.

“Necesitamos un renacimiento político y Lula es tóxico. Durante sus gobiernos la corrupción estalló y dudo de los datos económicos que aseguran que vivimos un boom. Se manipuló todo, lo que hizo a favor de los pobres fueron apenas paliativos que eran insostenibles”, señaló la dentista Silvia Andreotti (61 años), que se autodefinió como “de derecha, con orgullo”.

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