Me traicionaron

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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25 de enero de 2018  • 01:50

La traición puede surgir a partir de muchos vínculos: un amigo, una pareja o un papá que nos traiciona, por ejemplo. Cuando esto ocurre, se quebranta una fidelidad o una lealtad y nos sentimos traicionados porque se ha roto un ideal. Los seres humanos construimos todos nuestros vínculos en base a ideales o expectativas. Si estos no se cumplen, nos sentimos traicionados.

Un ideal puede ser explícito o implícito. Una pareja construye el ideal de "no terceros", es decir, un pacto de exclusividad. Cuando este se rompe, tiene lugar la traición. También puede tratarse de un secreto que le cuento a un amigo y espero que no lo divulgue. O aún más implícito: estoy esperando que alguien me llame en un momento difícil y nadie me llama. Cuando algo no sucede o sale de otra manera (una mentira, un proyecto que se desvanece, etc.), sentimos que hay una traición a la confianza.

Es decir, la traición tiene ciertas fases:

  • 1.La expectativa o el ideal que construimos con el otro.
  • 2.Una profunda desilusión, un dolor emocional: "Nunca me imaginé que vos...".
  • 3.Desconfianza mezclada con dolor, por lo que uno se aísla y dice: "Hasta acá llegué, no quiero saber más nada".
  • 4.Fase donde uno entra en el control, en la hípervigilancia: "No quiero que esto me vuelva a suceder".
  • 5.Finalmente, el dolor es transformado en aprendizaje y, a partir de ahí, podemos construir hacia adelante.

La traición es una herida a la confianza, la cual lleva años construir y puede ser derribada en cuestión de minutos. Pero en este artículo quiero referirme a la traición que surge luego de una gran idealización.

La idealización muchas veces esconde lo contrario

Cuando una persona idealiza a otra ("sos mi todo"; "sos mi ídolo"; etc), dicha idealización esconde lo contrario: bronca y descalificación. Al mismo tiempo que la persona construye la idealización, también está construyendo su propia envidia: "A vos te va bien, a vos todos te quieren". Ambos elementos la conducen a traicionar al otro.

¿Por qué hiperidealizamos a alguien?

Porque cargamos al otro de las virtudes que a nosotros nos faltan. Es decir que, alguien puede admirar y traicionar a la vez, lo cual son las dos caras de la misma moneda. Cuando una persona te odia, por lo general, ha construido una idealización y la manifiesta a través de la ira y la descalificación sistemática. Una cosa es admirar a alguien e inspirarnos en él o en ella; pero otra muy diferente es idealizar a alguien y ponerlo en un pedestal.

Cuando éramos chicos idealizábamos a la maestra o al maestro de cuarto o quinto grado. Esto era parte del crecimiento. Lo mismo sucede cuando somos adultos. El fenómeno de la idealización se construye sobre la generalización. Es decir que, la generalización hace que una persona que es buena en un área sea idealizada: "Él o ella es bueno/a en todas las áreas", lo que construye de esta manera la emoción negativa (bronca) que, tarde o temprano, llevará a la traición.

Algunas ideas más al respecto:

  • a. "Nunca te la creas". Hay personas que disfrutan del halago, lo buscan y aman construir una imagen que es producto de su propia inseguridad. Cuando yo ayudo al otro, le entrego "una semilla" pero esta no sirve si el otro no la cuida, no la riega, etc. Esto significa que un vínculo sano no niega la ayuda que podemos brindar pero suma el hecho de que es el mérito del otro lo que lo condujo al éxito. Esta es la mejor manera de mantener la perspectiva: "Es verdad, yo te ayudé pero sos vos quien, con su compromiso, logró el éxito". Así no negamos nuestra ayuda y, a la vez, no nos atribuimos todo el éxito. La persona monotemática, que siempre tiene un problema, se queja y busca ayuda, en el fondo, busca el contacto (no quiere resolver el tema). Busca el encuentro a través de la reiteración. De allí, que los consejos que uno pueda darle no le sirven.
  • b. "No estés arriba ni debajo de nadie, sino al lado". Los vínculos sanos se establecen a la par. No negamos ni exageramos nuestras virtudes. Caín mató a su hermano Abel por envidia. La envidia es el enojo por el triunfo del otro. La idealización es uno de los caminos; la descalificación es otro.

Una manera en la que no nos afecte la crítica es que tampoco nos afecte el halago. Podemos disfrutarlo pero sin buscarlo ni construir nuestra vida en función de lo que los demás digan de nosotros.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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