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Nicanor Parra, ese poético antioxidante

Una semblanza del gran "antipoeta" chileno
Pedro B. Rey
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28 de enero de 2018  

El chileno Nicanor Parra fue, además de matemático y físico, poeta de muchas cosas. También de la salud. Los que lo visitaban en su casita playera de Las Cruces conocían su teoría para alargar la vida: tomaba vitamina C a carradas. Según él, evitaba el envejecimiento celular, consejo que sacó de Linus Pauling, premio Nobel de Química que propugnaba la idea. Nicanor (1914-2018) murió el martes último a la prodigiosa edad de 103 años. La praxis le dio resultado.

La duración en el tiempo, tan importante para el individuo, puede ponerse a la par de la duración poética, tan importante para todos. Nadie pensó, como a veces ocurre, que la muerte física podía tratarse de un error, de un anacronismo, por la simple razón de que su poesía sigue vivita y coleando. No solo en sus propios versos, sino también infiltrada en la arteria femoral de la literatura latinoamericana de las últimas décadas. La producción de la región tendría una configuración muy distinta si no fuera por el "antipoeta". De Enrique Lihn a Claudio Bertoni, de Leónidas Lamborghini a Washington Cucurto, por citar unos pocos, todos siguieron, si no su influencia directa, su ejemplo irreverente.

Parra podría ser considerado en una categoría por fundarse: la de los escritores antioxidantes, vitamínicos, aquellos que vienen a dar vuelta la taba con un golpe sobre la mesa cuando la literatura parece dirigirse en un único sentido obligado. Hay que trasladarse imaginariamente a 1954, el año en que publicó Poemas y antipoemas, para poder calibrar el impacto de sus versos en un país donde la poesía era cuestión nacional. Después de Vicente Huidobro, todavía viva Gabriela Mistral, la absoluta figura dominante de la lírica era Pablo Neruda, con el enorme aliento whitmaniano de su Canto General bien a mano. Sensible, pero algo solemne, accesible pero también único y a su manera inalcanzable, Neruda tenía algo pontificio, incluso cuando, en busca de humildad, dio a conocer, el mismo año que el libro de Parra, sus Odas elementales.

Nicanor, que se llevaba bien con Neruda aunque se distanciarían por razones políticas, condenó "la poesía de vaca sagrada, de pequeño Dios" (la alusión era obvia) y decantó por la ironía y un habla directa, lejos del oráculo. El antipoeta, en su opinión, hablando de peras podía salir con manzanas. En "Advertencia al lector", incluido en aquel libro bisagra, avisa que en él no aparece en ninguna parte la palabra arco iris y menos la palabra dolor. "Sillas y mesas sí que figuran a granel/, ¡ataúdes! ¡útiles de escritorio!/ lo que me llena de orgullo/ porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos".

Parra se inventa en directa oposición al gran vate de esa era. Eso explica la lenta maceración de Poemas y antipoemas (tenía 40 años cuando lo publicó) y también que su poesía adoptara la actitud del bufón que se entremezcla con la gente de la calle. Sus versos, sin embargo, son engañosos: ni sencillistas ni vulgarmente coloquiales. Podría decirse que suman los ritmos del habla a un modelo fluctuante. Se apoya en la tradición y hace un uso notorio del endecasílabo, que usamos a diario en castellano casi sin notarlo, como respirando. También recurrió al verso blanco inglés, el de Marlowe y Shakespeare. La plaza pública de Parra es -para apelar a sus juegos de palabras- una parranda continua. Parte de la leyenda: las famosas "décimas" de Violeta habrían surgido de un desafío entre hermanos para ver quién escribía más estrofas de diez líneas octosilábicas (ganó ella).

Parra siempre exploró la manera de no repetirse. En Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), el primer libro que publicó durante la dictadura de Pinochet, su voz se esconde en primera persona detrás de un santón popular chileno. Con los muchos años, incluso se convirtió en su propio hijo poético. Sus Discursos de sobremesa, sus artefactos y ready-mades son la obra de un artista cada vez más pop, ingenioso como un adolescente, que a veces -basta ojear "Violación" o "Los poemas del Papa"- parece estar comentando la coyuntura noticiosa de la última semana. Quien dice que no vaya a pasar lo mismo con las que vendrán.

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