El poeta de los perdedores y los seres heridos

Estreno. Una nueva versión de Dulce pájaro de juventud, a cargo de Oscar Barney Finn, acerca la atmósfera de mundos caídos retratados de manera impar por Tennessee Williams
Daniel Gigena
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28 de enero de 2018  

En el romance entre Tennessee Williams y el público teatral del Río de la Plata, se produjo ayer un nuevo episodio. Con el estreno en el Centro Cultural 25 de Mayo de Dulce pájaro de juventud, la obra con que Williams se recuperó del fracaso de Orfeo desciende, revive la pasión por el poeta de los perdedores y los seres heridos. La versión está a cargo de Oscar Barney Finn, que ya había dirigido La gata sobre el tejado de zinc caliente y Noches romanas, de Franco D'Alessandro, que cuenta la amistad entre la actriz Anna Magnani y Williams. También produjo Querido Tennessee, con fragmentos de varios dramas y de los cuentos reunidos en La noche de la iguana y otros relatos.

Crédito: AP

Retorna ahora con otra pareja de criaturas crepusculares: Alexandra del Lago y Chance Wayne. Ella, interpretada por la sutil Beatriz Spelzini, es una bella actriz que ha envejecido; él, un gigoló sin escrúpulos ni fe, a cargo del actor Sergio Surraco. Ambos apostaron todo al esquivo pájaro de la juventud. Para Barney Finn, se trata de un viejo proyecto vuelto realidad.

"Tengo una particular adhesión a Williams porque en los años 60 hice un curso para directores con Carlos Gandolfo en que nos hizo analizar El zoo de cristal durante un año -dice el director-. Eso forjó una amistad muy grande con esos textos y con ese escritor. Lo he continuado desenredando a lo largo del tiempo y después de La gata? quise hacer otra obra." Tanto El zoo de cristal como Un tranvía llamado deseo se representaron en varias ocasiones en Buenos Aires, igual que De repente, el último verano. Retomó entonces su idea de crear una versión de Dulce pájaro de juventud. "Así como Flaubert decía que Madame Bovary era él, Alexandra del Lago es Williams. El terror que él tenía al paso del tiempo y a la vejez está presente en la obra. Eso lo expresa muy bien ese personaje y Williams ha puesto mucho de él", agrega Barney Finn.

Antes del estreno en Broadway, en 1959, Williams confesó que a los catorce años había descubierto que mediante la escritura podía evadirse del mundo real, donde se sentía "terriblemente incómodo". Poemas y cuentos, y luego una serie de piezas teatrales regidas por la impotencia que se esconde detrás de la violencia, se convirtieron en un refugio. "¿De qué me refugiaba? De que me llamaran mariquita los chicos del barrio, la señorita Nancy y mi padre porque prefería leer libros en la biblioteca grande y clásica de mi abuelo a jugar a las bolitas, al béisbol y a otros juegos normales de chicos, como resultado de una grave enfermedad infantil y de un excesivo apego a las mujeres de mi familia, quienes habían logrado que volviera a tomarle gusto a la vida", escribió. Ni la enfermedad de su hermana, ni la muerte prematura de su pareja, ni la afición por el alcohol y las drogas impidieron que gestara una obra literaria tan descomunal como frágil e imperfecta. Publicó además dos novelas donde recreó experiencias íntimas.

En el año del centenario de su nacimiento, la Biblioteca de Estados Unidos publicó dos tomos con las obras de teatro completas del autor: 32 piezas escritas de los años 30 a los 80. Williams falleció de manera absurda en un hotel de Nueva York, a los 71 años en 1983. Había nacido en Columbus, Misisipi, en 1911, y fue bautizado como Thomas Lanier Williams III. El alias con el que se lo conoce aludía a su acento sureño.

En Memorias, escritas en un periodo de crisis artística que coincidió con su madurez, vuelve sobre los núcleos temáticos de su teatro: la vulnerabilidad de los marginados, la violencia latente de las relaciones humanas y el suave lirismo de la decadencia personal, social y de una cultura. Heredero de la elevada tradición impuesta por Eugene O'Neill, contemporáneo y par antitético de Arthur Miller, precursor de la obra de Edward Albee, siempre declaró su entusiasmo por William Faulkner y D. H. Lawrence. Del primero, capturó su afición por los personajes singulares del sur; de Lawrence, el arrebato verbal que nace en circunstancias donde el erotismo opera como un mal presagio. Las obras de Williams se asemejan a deltas verbales por los que fluyen anhelos y secretos.

"Aunque en sus piezas la acción es significativa, los personajes y la atmósfera quedan en la memoria -dice Cristina Piña, traductora de gran parte de la obra de Williams para Losada-. Sus personajes encarnan diferentes limitaciones para enfrentar la vida, el entorno, el destino. Esas incapacidades se vinculan con el escenario del sur, que tan bien pinta el autor en su mezquindad y sus prejuicios". La debilidad tanto como la envidiable extravagancia de Blanche DuBois o Alexandra del Lago inspiran comprensión y compasión, ese objetivo primordial de toda literatura.

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