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Cómo ser Neil Young en la era de Trump

Neil Young
Neil Young
Alejandro Lingenti
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26 de enero de 2018  

Neil Young no se detiene. Apenas dos meses más tarde de la edición de Hitchhiker, una serie de grabaciones llevadas a cabo durante una jornada febril en California, allá por el 76, y descartadas durante años como material publicable, llega The Visitor, con temas de reciente factura producidos con el apoyo de Promise Of The Real, la banda comandada por Lukas Nelson, hijo de Willie Nelson, auténtico prócer del country.

Hitchhiker se erigió como el reflejo certero de una etapa en la que los problemas con las drogas coincidieron con un fabuloso período de explosión creativa del músico canadiense. Este nuevo disco también funciona como espejo, pero de una realidad que es otra: salvo por Le Noise, su productiva sociedad con Daniel Lanois en 2010, Young no volvió en los últimos veinte años a grabar un álbum que esté a la altura de los que editó en su era dorada.

En The Visitor, el foco de atención vuelve a ser la política. Y los dardos van directo a la figura de Donald Trump, puching ball favorito de la colonia artística primermundista desde que asumió como presidente de los Estados Unidos. Durante la campaña previa a su llegada a la Casa Blanca, Young se había fotografiado con el polémico magnate y le había permitido usar sus canciones en sus actos proselitistas, lo que desembocó en una polémica pública con su viejo compañero de ruta, David Crosby.

No fue la primera vez que Young quedó atrapado en esa lógica errática. Para muchos fue sorpresivo un tema tan concluyente como "Let's Impeach the President", incluido en Living With War (2006), álbum editado justo cuando los índices de aprobación al gobierno de George W. Bush caían estrepitosamente por el descontento sembrado por la guerra de Irak, el huracán Katrina y el salvaje aumento de los precios de los combustibles. Sobe todo porque cuatro años antes el músico se había adherido con algunas de las letras del álbum Are You Passionate? (2002) al patrioterismo desatado por esa misma administración después de los atentados del 11-S. Esa postura sirvió para que sus detractores recordaran también su abierto apoyo a Ronald Reagan en la década del 80. Más tarde, en 2015, un año después de que se hiciera pública su relación sentimental con la actriz norteamericana Daryl Hannah, de conocida militancia ecologista, editaría The Monsanto Years, su protesta personal contra los evidentes perjuicios causados por los agrotóxicos.

Las preocupaciones del veterano músico suelen girar en torno de un país en el que no nació, pero con el que tiene, desde siempre, vínculos muy estrechos. No solo con su rica tradición musical, también con parte de su idiosincrasia, un apego que queda plasmado de entrada en The Visitor: la primera frase que pronuncia Young en su nuevo disco -en el tema de apertura, "Already Great"- es "Soy canadiense, por cierto/ Y amo a los Estados Unidos". La canción, además, termina con una arenga ("No al muro, no a las expulsiones, no al fascismo/ ¿De quién son las calles? Son nuestras") que refleja una curiosa radicalización, producto de un nuevo cambio de humor del artista.

En lo estrictamente musical no hay demasiadas novedades en The Visitor. "Almost Always", uno de los temas más reposados del disco, se parece demasiado a "Unknown Legend", el que abría el fuego del brillante Harvest Moon (1992). Y "Forever" reactualiza de algún modo la cosmovisión que Young detentaba en el clásico "On The Beach", canción inoxidable del disco homónimo lanzado en 1974: el mundo funciona como una iglesia sin predicadores, donde cada cual debe arreglárselas solito. Cuando no se replica a sí mismo, Young se interna en terrenos aún más pantanosos: el exótico vodevil de "Carnival" o el rutinario blues "Diggin' a Hole" están lejos, muy lejos, de lo mejor que ha producido este artista prolífico, volátil y contradictorio que tantas veces ha conquistado nuestro corazón.

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