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La primera pesificación argentina

En 1964, el gobierno de Arturo Illia se vio obligado a convertir en moneda nacional las cuentas en dólares de los ahorristas
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27 de enero de 2002  

Entonces y ahora, el país vivía al borde del abismo, abrumado por una deuda externa que no podía pagar. Entonces y ahora, el gobierno adoptó una decisión drástica: pesificar los depósitos en dólares de los ahorristas.Entonces y ahora los ahorristas se sintieron estafados.

Entonces corría el año 1964. Arturo Illia era el presidente; Eugenio Blanco, el ministro de Economía y el peronismo estaba proscripto. La deuda externa alcanzaba los 3800 millones de dólares, de los cuales casi la mitad vencía en los siguientes 24 meses.

"Habia que atacar en varios frentes: bajar las importaciones, aumentar las exportaciones y negociar afuera. No queríamos el tratamiento de shock porque eso iba a traer desocupación y una baja en la actividad económica", recuerda hoy el secretario del Tesoro de Illia, Carlos García Tudero, en diálogo con LA NACION.

Entonces el gobierno instauró un régimen de control de cambio: no se podían transferir divisas al exterior, salvo expresa autorización del Banco Central. La primera lista de excepciones se hizo para facilitar la importación de medicamentos que no se producían en el país.

La compra de dólares en el mercado libre se limitó a 50 dólares por persona por mes, y para hacerlo había que firmar una declaración jurada.

Los depósitos en dólares llegaban a 200 millones, pero los bancos no estaban en condiciones de devolverlos. Por decreto, el gobierno decidió que la devolución se haría en pesos, al tipo de cambio vigente en el mercado libre. Los ahorristas tenían un mes de plazo para liquidar sus dólares.

El presidente del Banco Central, Félix Gilberto Elizalde, justificó la medida argumentando que los ahorristas, en realidad, nunca habían depositado dólares: "Cuando presenté el problema al equipo económico y expliqué la situación, los depósitos en moneda extranjera no eran tales depósitos en moneda extranjera. La gente los había constituido con pesos argentinos contabilizándolos en los libros de los bancos en moneda extranjera. No nos engañemos: no eran dólares que habían entrado y estaban depositados", dijo Elizalde, según el libro La Economía que yo hice, de Juan Carlos de Pablo.

Conforme la misma fuente, los bancos estaban al borde de la bancarrota por falta de controles del Estado: "El sector bancario interno tenía una situación muy comprometida. Durante la época justamente de Frondizi, y luego de Pinedo, Alsogaray, Mendez Delfino y Martínez de Hoz (N.de R: ministros de José María Guido), en nombre de la libertad económica no se aplicaron desde el Banco Central las disposiciones y normas que existen para la vigilancia de los créditos que otorgan los bancos. Los bancos privados y los bancos del Estado, empezando por el Banco Nación, habían otorgado créditos completamente por encima de la capacidad de las empresas, con gran irresponsabilidad al punto de que en muchos casos se habían prestado a empresas relacionadas con los directorios, tanto en el sector privado como en el sector público", argumentó Elizalde al explicar las medidas adoptadas.

La pesificación compulsiva y los controles de cambio despertaron airiadas protestas de los sectores más liberales de la economía, con argumentos que hoy suenan familiares.

"No puede dudarse que el conjunto de medidas provocará un impacto desfavorable al ingreso, afluencia y radicación de capitales del exterior ante el temor de que las presentes disposiciones sean una anticipación de mayores restricciones a las operaciones cambiarias y el reembolso de inversiones efectuadas en el país", señaló en un comunicado la Cámara de Comercio.

También fustigó las medidas la Unión Conservadora de Buenos Aires y el entonces vicepresidente segundo del Banco Central, Oscar Vicchi, que reconoció la pesada herencia recibida, pero se quejó por el cambio de reglas de l juego: "Lo que no quiere advertirse es que los dólares no son del país o su gobierno, sino de quienes los poseen legítimamente por haberlos adquirido o recibido en precio por sus productos o servicios. Cuando se restringe la comercialización de bienes -sean divisas o automóviles- se crea un mercado paralelo que los gobiernos no han podido evitar, aun bajo la presión de aplicar las medidas más severas", señaló Vicchi en una carta abierta dirigida a Elizalde.

"La obligación de liquidar los depósitos existentes en moneda extranjera en instituciones bancarias constituye una violación del principio de seguridad jurídica", editorializó LA NACION el 20 de abril de 1964, a la vez que pronosticaba una disparada del dólar paralelo que nunca se concretó.

Tampoco hubo cacerolazos. Durante algunos días, "los altibajos de las cotizaciones fueron seguidos por una abigarrada concurrencia, que por momentos obstruyó el tránsito por la calle San Martín", según un relato de la época, pero después los ahorristas se calmaron.

Pese a los "recelos y preocupaciones" que el plan económico creó "en todos los círculos vinculados con los negocios en moneda extranjera, y en particular en los grandes centros financieros internacionales", tal como señaló en su momento LA NACION, el Fondo Monetario Internacional debió esperar hasta 1965 para recibir a una delegación argentina.

Según García Tudero, el equipo económico no quería renegociar la deuda sin un plan sustentable en funcionamiento, que incluyera un arreglo con las compañías petroleras extranjeras, cuyos contratos con la Argentina el gobierno de Illia había anulado.

"La deuda era más que nada con gobiernos extranjeros, por lo que había que tratar con el Club de Paris. Yo le dije al director gerente del Fondo que no quería un préstamo stand by, porque el país no lo necesitaba. Lo que le pedimos fue que transmitiera al Club de París que la Argentina y el Fondo Monetario Internacional estaban en buenos términos. Así ocurrió y así llegamos a un arreglo: pagamos el 40 por ciento y financiamos el resto," dijo el entonces secretario del Tesoro.

Esa vez, se podría decir que la historia de la pesificación terminó bien. Durante el gobierno de Illia la economía creció a un ritmo de casi un 10 por ciento anual. La recaudación impositiva aumentó un 52 por ciento en términos reales en 1965 y un 34 al año siguiente. Se abrieron los mercados de Rusia y China para la exportación de granos. La inflación cayó del 40 por ciento en 1963 al 6 en 1966.

"Tuvimos tres años de equilibrio fiscal. A partir del segundo dejamos de emitir. Nos arreglamos con los recursos del tesoro. Empezamos a devaluar dentro de una franja de variación. Cuando el costo de vida aumentaba cinco o seis por ciento, devaluamos por ese monto. Aumentaron las exportaciones, sobre todo las industriales, y las fábricas tenían ocupación plena. De a poco fuimos aflojando las restricciones cambiarias porque al final terminamos con un excedente en dólares," dijo García Tudero.

Pero el temor de los llamados "gorilas" al retorno del peronismo, la Guerra Fría, la doctrina de seguridad nacional, la imagen parsimoniosa que transmitía Illia, la estrecha base de legitimidad de su gobierno, las huelgas de los proscriptos y algún otro ingrediente político desembocaron en el golpe de Estado de 1966.

"Un mes antes del golpe -recuerda hoy García Tudero-, nos reunimos con Onganía en la casa del hermano de Elizalde. Onganía nos dijo que lo único rescatable del gobierno era el equipo económico y que para preservarnos deberíamos renunciar. Y yo le contesté: ¿si renunciamos, seguiremos siendo rescatables? Se quedó pensando. Ahí me di cuenta de que era un bruto."

(Con la colaboración de Archivo de redacción)

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