Issey Miyake, creador moderno

Javier Arroyuelo
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28 de enero de 2018  

A lo largo de más de 40 años de experimentación y de innovación permanentes, Issey Miyake ha llevado el diseño de moda a un punto de equilibrio máximo, y raramente alcanzado, entre lo lírico y lo funcional, la imaginación y la concisión, el refinamiento y la técnica. Todo su trabajo aspira a la libertad, en fases múltiples: libertad del cuerpo en la prenda, libertad de las prendas respecto al pacto estético burgués que sostiene al sistema de la moda, libertad de cada usuarix de interpretar a su modo prendas que cambian de forma y de función, y, last but not least, la libertad suya individual de extender a áreas muy diversas su caudal creativo -libros, exposiciones, vestuarios, tecnología, entre otras- sin perder jamás su unidad de visión y de objetivos.

En su vuelo independiente efectuado, como se ha comprendido, a una altitud muy considerable, Miyake se nos aparece como un artista. Es una calificación con la que él disiente. Su firma, creada en Tokio en 1970, se llama Miyake Design Studio. Allí privilegia el trabajo en equipos encabezados por directores creativos de gran talento todos, que rotan. La investigación y la ingeniería textil ocupan allí un lugar central. La inspiración de Miyake arranca de las telas.

Nacido en Hiroshima en 1938, vio literalmente caer, con su mirada de niño, la bomba atómica estadounidense sobre su ciudad natal. La reconstrucción de un espacio urbano con la participación notable de arquitectos y artistas de vanguardia fue el signo de vida al que lo arrimó su sensibilidad. Treinta años después, en París, donde había seguido los cursos rigurosos de la École de la Chambre Syndicale de la Couture y había sido luego asistente de Guy Laroche y de Hubert de Givenchy, vivió en primera persona el choque de la revolución social de Mayo del 68, cuyo carácter antielitista repercutió con fuerza en su relación con la moda. Comprendió que no quería ser un couturier al servicio de una clientela privilegiada; apuntó a buscar lo inédito y volverlo accesible a una mayoría de personas.

Con gran coherencia respecto a aquella percepción inicial, tras un lapso de tres decenios, en 1998/99, Miyake dejó en manos de otros miembros de su equipo de diseño el destino de su marca epónima, devenida, según sus principios, demasiado exclusivo. Presentó entonces una nueva línea, APOC, siglas de A Piece Of Cloth, un retazo de tela. Se trata de un tubo continuo de tricot en el que la clienta, siguiendo una guía y armada de tijeras, corta su propio modelo, con escote, mangas y largo de falda de su elección. En aquel momento, su muestra Making Things, en la Fundación Cartier de París, fue la puesta en escena deslumbrante, gozosa y transformadora de esa moda suya pensada para vivir de un modo nuevo. Un cuarto de siglo antes, en 1973, ya había alborotado la capital de la moda mundial, entregada por entonces a un chic sport impregnado de retro colorido, con su primer desfile todo en siluetas de sombras chinescas, sastrería futurista y esfumaturas de grises y de negros.

El título de su primer libro East Meets West sintetizaba su enfoque cultural, el encuentro y la fusión de las tradiciones del vestido de Oriente y Occidente en la perspectiva de una modernidad que sólo debía mirar hacia adelante. Su más reciente descubrimiento es la colección de prendas de poliéster reciclado de la línea 132.5, que, guardadas en un formato chato gracias a un complejo patrón de dobleces, a la manera de origami, se despliegan, casi mágicamente, para hacerse vestidos.

Pero su emblema y a la vez su mayor suceso son los modelos, de Pleats Please, (1993), fantásticos de inventiva y sublimes en jersey de poliéster aéreo, cortados y cosidos antes de ser procesados por una máquina de plisar. No tener al menos uno es condenarse a vivir en el pasado.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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