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Uruguay: la indignación que nació en el campo

Los ruralistas uruguayos irrumpieron en una protesta inesperada
Los ruralistas uruguayos irrumpieron en una protesta inesperada Fuente: AP
Nelson Fernández
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27 de enero de 2018  

El pueblo aquí reunido, que incluye a muchos ciudadanos de a pie, productores, trabajadores, organizaciones vinculadas al agro de la más diversa índole, comerciantes, industriales, transportistas, entre otros, está diciendo basta". Así, con esas palabras de queja y amargura, los ruralistas indignados que irrumpieron este verano con una protesta inesperada, encabezaron una proclama de planteos al gobierno que también tuvo componentes llamativos, como el reclamo de una "regla fiscal" para que el Estado no tenga déficit financiero a partir del próximo gobierno.

Paradójicamente, la protesta que se expresa como reacción a un panorama crítico para el negocio agropecuario, se da en medio del crecimiento más extenso de la economía uruguaya, iniciado a fines de 2003 en el tramo final del gobierno de Jorge Batlle, y que se extendió durante los tres gobiernos del Frente Amplio, desde 2005 hasta el presente.

Pero el llamado del campo a las autoridades, que se hizo extenso a todo el sistema partidario, se basa en la pérdida de rentabilidad que pone en jaque a miles de productores, por un aumento de costos que no pueden sostener en sus balances.

La plataforma incluyó seis puntos, una baja del tamaño del Estado para lo que presentaron diez medidas de recorte de gasto público; una ley que impida a los gobiernos tener un gasto superior al ingreso del fisco, una baja en las tarifas de energía eléctrica, un precio inferior al actual para los combustibles, un tratamiento al problema de endeudamiento del sector, y una política cambiaria que mejore la competitividad.

El reporte anual del gobierno para el agro, publicado a fin de diciembre, sostiene que en 2017 se dio "un escenario internacional más favorable respecto a años previos", que eso derivó en "una ligera mejora en los precios internacionales de referencia de alimentos y materias primas" y que el clima permitió obtener "buenos rendimientos a nivel de cultivos". Con todo eso, el producto agropecuario creció 0,52%. "Para 2018 se espera que el valor agregado del sector se mantenga estable", dice el gobierno, con suba de ganadería pero baja fuerte en agrícola, lo que aumenta la preocupación de productores.

Si con viento a favor y más producción, el negocio no da renta, ¿qué puede pasar en un escenario de baja?, razonan los productores.

El economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte, hizo un análisis del sector y dijo que "la deuda bancaria asociada a los productores de soja se ubica en torno de US$ 120 dólares por hectárea, (y que aunque) no se trata de un registro muy elevado, con los niveles de rentabilidad actuales de la soja, "parece claro que este año el cultivo no generará fondos suficientes para pagar ese endeudamiento".

Añadió que "en la rentabilidad agropecuaria se aprecia que los márgenes en la mayoría de las actividades primarias son francamente bajos y en algunos rubros resultan inclusive negativos", y que las proyecciones para 2018 indican que eso se mantendrá así.

El economista Alfonso Capurro de la consultora CPA, expuso un análisis sobre el sector y sostuvo que "los arrendamientos se han ajustado más de 30% en promedio desde 2014". Y afirmó que "las rentas caen en todos los sistemas de producción, incluso en la forestación que es el único sector en expansión".Dijo que hay una relación directa entre la rentabilidad de producir con la de arrendar, y que "el margen bruto de producción cae más rápido que el precio de la tierra". Y citó la caída de precios en arrendamientos por sector, de primer semestre de 2017 respecto de 2014: Lechería -4%, Forestación -6%, Arroz -13%, Ganadería -19% y Agricultura -34%.

Esa relación adversa impulsa a los productores a reclamar un alivio fiscal, mejora de competitividad y precios más bajos de combustibles y energía. "Todos coincidimos que la raíz de todos los problemas está en el excesivo tamaño y gasto del estado; es ahí donde se deben empezar a apuntar las baterías desde todos los órganos de gobierno y desde todos los niveles, este gasto excesivo conlleva un déficit fiscal que terminamos pagando entre todos", dice la proclama en el primer punto de los seis.

Sobre endeudamiento, dijeron: "acá no se pide quitas de las deudas contraídas para nadie" y sostuvieron: "estamos cansados de pagar las cuentas de otros, así que como regla general que cada uno se haga cargo de sus compromisos". Pero advirtieron que las deudas "están acuciando a muchos sectores" y que "es necesario trabajar sobre el re perfilamiento de las deudas" para "bajar los riesgos en el corto y mediano plazo".

"Este grito de basta, expresa el triste y duro sentimiento de que no se aguanta más", fue la expresión final del documento leído en el acto.

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