El futuro ya llegó (al menos para algunos)

Daniel Daza Prado
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27 de enero de 2018  

La expresión "esto es muy Black Mirror" es como una especie de palabra mágica que hoy en día se invoca sabiendo que el otro va a entender el sentido. Sucede que esta serie visibiliza muchas cuestiones contemporáneas a pesar de que su género es la ciencia ficción. Si nos preguntamos entonces por el significado de esta expresión, encontramos que se vincula directamente con la idea de exorcizar miedos y paranoias generados por la tecnología: que te roben en una operación bancaria virtual, que un virus rompa tu computadora o perder tu celular y pensar en la información reciente que no pudiste subir a la nube...

En definitiva, se trata de ponerle palabras a un sentimiento que está muy arraigado; aunque tratemos de invisibilizarlo, estamos muy afectados por estos temores. "Esto es muy Black Mirror" es, en alguna medida, encontrar un lugar común para cruzar esos miedos con un otro. Ese otro, que entiende la expresión, es también seriéfilo y tecnofílico, con intereses por lo apocalíptico de la tecnología, y por eso es posible la comunicación y así es como se da cierta complicidad tranquilizadora.

La antropología de lo digital es una disciplina que puede ayudar a descubrir ese manto de invisibilidad y el encantamiento que tiene la tecnociencia en nuestros días. Puede ayudar también a desentrañar qué hay detrás de esos objetos que volvimos poderosos y ahora de cierto modo nos controlan y modifican nuestras conductas. Esta disciplina puede mostrarnos lo exótico de nuestra cotidianeidad tecnológica y lo cercano de aquello que creemos exótico.

En el caso específico del capítulo de la serie titulado "Arkangel", vemos que los dispositivos de control infantil y adolescente aparecen insertados en el cerebro, el órgano de mayor interés en las sociedades occidentales y modernas. Así es como el capítulo nos enfrenta con una controversia que es a la vez un aliado y enemigo de la tecnología: los sentimientos. Cuando llega un descubrimiento tecnológico, rápidamente las empresas lo empaquetan y lo venden como algo sin fallas. No quieren que veamos los entramados ni ninguno de los posibles efectos colaterales. Quieren que confiemos tanto en una vacuna como en una computadora. Pero sabido es que la ciencia está todo el tiempo en movimiento y son las fallas, justamente, las que le permiten avanzar.

La alta identificación que provocó esta serie de ciencia ficción en los espectadores de la Argentina y de todo el mundo nos hace creer (por momentos) que estamos viviendo en el futuro. Porque no somos solamente espectadores, nos la apropiamos y le sumamos nuestros miedos y experiencias. Si bien da cierto vértigo, nos gusta jugar a que estamos metidos un poco en el mundo de la serie. Lo que empieza a quedar claro es que el futuro ya llegó, por lo menos para algunos de nosotros.

Coordinador del Círculo de Estudios sobre Antropología de lo Digital en la Universidad Nacional de San Martín

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