Había una vez... una canción: volver a las canciones de María Elena Walsh

Héctor Presa, al frente del grupo teatral La Galera Encantada, rastrea en esta obra los orígenes de algunos de los temas más conocidos de la cantautora
Héctor Presa, al frente del grupo teatral La Galera Encantada, rastrea en esta obra los orígenes de algunos de los temas más conocidos de la cantautora Fuente: LA NACION
Juan Garff
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27 de enero de 2018  

Había una vez... una canción / Autor y director: Héctor Presa / Intérpretes: Guillermina Calicchio, Luli Romano Lastra y Brian Goçalvez / Vestuario: Lali Lastra / Escenografía: Claudio Provenzano / Objetos: Lelia Bamondi / Sala: Teatro La Galera, Humboldt 1591 / Funciones: viernes, sábados y domingos, a las 18.30 / Nuestra opinión: buena

A toda imagen se le puede atribuir una historia previa. El gato que pesca sombreros desde su ventana puede haber tenido la típica pereza felina para trasladarse hasta el mar para lanzar el anzuelo. Los castillos tal vez parecen estar solos porque cuesta mucho subir la empinada pendiente que lleva a sus murallas, pero es posible que haciendo un esfuerzo se descubra que no estaban tan solos.

Héctor Presa, al frente del grupo teatral La Galera Encantada, rastrea en Había una vez... una canción los orígenes de algunos de los temas más conocidos de María Elena Walsh. Crea así nuevas historias para viejas canciones, vueltas inesperadas para darle un nuevo sentido a las estrofas instaladas en el imaginario popular.

La interacción entre la canción y su historia es mediatizada por presentaciones a modo de relato. El trío de actores se alterna en los roles. Uno narra, otros representan, todos cantan. Las tramas generadas para llegar a justificar la letra de las canciones se trasladan sin dificultades de un escenario ficcional al otro.

La función de narrar, principalmente encarnada por la versátil Guillermina Calicchio, requería tal vez un mayor distanciamiento de la vorágine de fragmentos de canciones y juegos actorales en torno de ellos, con matices y silencios que generen expectativa. Luli Romano Lastra aporta momentos de pausa que permiten tomar aliento para nuevas vueltas de tuerca del ingenioso mecanismo de poner en movimiento la imaginación a partir de la canción. Brian Gonçalvez resuelve por su parte con solidez las escenas en que asume el protagonismo de las historias imaginadas.

María Elena Walsh demuestra una vez más, de la mano de Héctor Presa, que es fuente inagotable de creación.

Por: Juan Garff

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