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El gran desafío de este año es lograr que crezca el empleo formal en las empresas privadas

Jorge Colina
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28 de enero de 2018  

El nivel de ocupación laboral, en general, se mantiene en crecimiento, a menos que exista una crisis muy profunda, algo que hoy no se avizora. Los aumentos de desempleo no vienen generalmente por una caída de la ocupación, sino por una mayor cantidad de gente que se incorpora al mercado laboral, o sea, por aumentos de la participación en la vida económicamente activa. En este sentido, en 2018 habrá seguramente un aumento del nivel de ocupación total, mientras que el desempleo oscilará en alrededor del actual 8%, dependiendo de si la participación en el mundo laboral se incremente o disminuya. El punto es qué pasará con la composición del empleo.

El Ministerio de Trabajo de la Nación comenzó a publicar un interesante informe con la evolución de los tipos de empleos registrados. Allí se detecta que desde 2012 hasta 2015 los tipos de empleos registrados que más crecieron fueron el del sector público y el de los monotributistas. El empleo asalariado registrado en empresas privadas, en cambio, creció bastante poco. El año 2016 fue de reacomodamiento, pero 2017 -un período que tendió a la normalización-, mostró una tónica similar. También, si se mira la composición de la ocupación, lo que más creció fue el monotributismo, mientras que el número de empleos asalariados privados avanzó modestamente. En este caso, el cambio vino por el lado del crecimiento del empleo público, que en 2017 fue bastante menor.

En cuanto a la informalidad, entre 2012 y 2017 hubo un crecimiento sostenido, pero no por el nivel de empleo asalariado "en negro", que se mantiene constante, sino por un avance del cuentapropismo. Estas tendencias dejan ver con claridad que en los últimos cinco años la expansión del mercado laboral se dio sobre la base de empleo público y cuentapropismo monotributista e informal. El empleo asalariado registrado en empresas privadas creció bastante poco.

Así las cosas, el mercado laboral argentino queda conformado por casi 20 millones de ocupados, de los cuales apenas 6 millones son asalariados registrados en empresas: es decir, tienen esa condición un tercio de los ocupados. El resto son empleados públicos, monotributistas, cuentapropistas informales, asalariados no registrados y empleadas de servicio doméstico. Evidentemente, el desafío pasa por crear más empleos ligados a empresas, que son los de mayor productividad y, por ello, los más asociados al empleo decente.

Una novedad que trae 2018 es que será el segundo año consecutivo de crecimiento económico, ya que desde 2012 a cada año de expansión le siguió uno de contracción. Se suma que hay ahora una reforma fiscal que mejora los incentivos a la inversión y al empleo asalariado en empresas privadas.

Menores costos

En particular, se estipuló un mínimo no imponible para el cálculo de las contribuciones patronales. Con esto, por la contratación de trabajadores de menor calificación -que son la mayoría- se pagarán menos impuestos al trabajo, lo cual debería motorizar el empleo asalariado privado en empresas. Si bien el cambio es gradual y estará totalmente implementado dentro de cinco años, hay por lo menos un sendero de reducción de impuestos al trabajo que debería ayudar a generar perspectivas positivas.

En este sentido, cabría esperar que 2018 sea un punto de inflexión, aunque leve todavía, que permita empezar a tener aumentos mayores del empleo asalariado en empresas privadas. Estos aumentos serán importantes en comercio, transporte, construcción, educación y salud privadas, que son sectores de mano de obra intensivos, mientras que el agro y la industria manufacturera verán un crecimiento en sus niveles de empleo más moderados.

Una mejora del nivel de empleos asalariados en empresas no necesariamente implica una reducción de la informalidad. Por el contrario, ambas variables pueden seguir creciendo en paralelo, ya que la cantidad de personas que ingresan al mercado de trabajo crece más que el número de nuevos empleos netos que las empresas pueden generar.

De aquí se desprende, entonces, que para reducir estructuralmente la informalidad y mejorar la calidad del empleo, es tarea urgente y esencial aumentar masivamente las inversiones, con nuevas empresas, con expansión de las empresas vigentes y con mayor incorporación de innovaciones y nuevas tecnologías, para multiplicar así los puestos de trabajo de calidad.

De la mano de mayores inversiones en las empresas hay que mejorar sustancialmente la inversión en capital humano, para que las personas que hoy viven en la informalidad estén en condiciones de ocupar los nuevos buenos puestos laborales. Para ello hay que mejorar la calidad y la pertinencia de la educación media y los sistemas de capacitación para el trabajo.

Cambiar la ley

El tercer elemento para ayudar a la creación de puestos formales es la reforma laboral. Acompañando la reforma fiscal, hay que discutir y avanzar con la modernización de la legislación del mundo del trabajo, ya que este es un cuerpo legal que ha devenido vetusto, intrincado y complejo, un factor que desalienta la creación de puestos asalariados y motiva frecuentemente conflictividad laboral y judicialidad.

En suma, es de esperar que 2018 sea un año moderadamente auspicioso para el crecimiento del empleo asalariado en empresas privadas. Para que haya un cambio estructural en el mercado laboral, creando masivamente empleos de calidad y así, poder erradicar la informalidad masiva, hay que multiplicar empresas, mejorar la calidad de la educación media y la retención de los alumnos, y modernizar la legislación laboral. De esa manera, entablar relaciones laborales será algo fácil y seguro, en lugar de ser visto -como ocurre ahora- como un pasivo contingente que lleva al juicio laboral.

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