Boca contra todos y todos contra Boca

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
(0)
27 de enero de 2018  • 23:59

El verano es un momento muy particular del año. Los equipos se reciclan y suele resultar difícil saber qué ocurrirá después de ese reciclaje, más aún en un fútbol tan incierto como el argentino.

A priori, por ejemplo, cabe suponer que River se reforzó en las zonas del campo donde tenía déficits: el arco, la búsqueda de un compañero para Scocco en ataque (Pratto) y de alguien que pueda sustituir a Ponzio si fuera necesario (Zuculini). Que Independiente ha comprado jugadores que responden al ideario de Ariel Holan, aunque en su caso hay que ver cómo asimila el éxito en la Copa Sudamericana, si es o no un punto de partida para tranquilizarse, jugar mejor y empezar a saldar la deuda acumulada en años anteriores. Y que Lisandro López, Centurión, Lautaro Martínez y los demás refuerzos pueden reinsertar a Racing en el campeonato.

Pero nada me despierta más curiosidad que ver cómo y cuánto le afectó este verano a Boca, porque me da la sensación de que estos meses en lugar de aclararle algunas ideas le provocaron más incertidumbres, en buena parte centradas en el regreso de Carlos Tevez .

A los grandes jugadores siempre hay que abrirles el crédito. Tevez lo es, pero su llegada pone en cuestión el funcionamiento que el equipo venía llevando durante la primera parte del torneo, porque la impresión es que no se acomoda a ninguna de las variantes que el entrenador estaba usando hasta diciembre.

Hay cuestiones en el fútbol que son determinantes. En la Argentina, y más en Boca , cotizan mucho la garra y el espíritu, valores que sirven para sostener a un equipo pero que se convierten en secundarios cuando se tiene la pelota. Nadie juega bien solo con garra, y el Boca del verano se apoyó en el ímpetu de Nández y Buffarini , representantes cabales de eso que identifica al club y al hincha, pero careció de generación de fútbol. No es casual que haya ido a buscar a un jugador de características diferentes como Bebelo Reynoso.

Tevez ejerce una enorme influencia en Boca. Es un símbolo. Pero necesita hacerse dueño dentro de la cancha, y para eso precisa de un funcionamiento acorde y fundamentalmente de compañeros que le hagan llegar la pelota redonda. Por algo su mejor versión en su anterior etapa en Boca se vio con un medio campo formado por Bentancur, Gago y Pablo Pérez, es decir, futbolistas capaces de tener muchas intervenciones en la zona donde se desarrolla el juego.

Las dudas que generan los cambios que deberá introducir Guillermo Barros Schelotto me invita a ser cauteloso sobre el destino final de Boca en el campeonato. Tiene la ventaja de ser el puntero y de que el corazón del equipo está sólido, pero hay que ver cómo enganchan los nuevos.

El otro punto de interés que dejó el verano es la europeización que Boca y River están provocando en el fútbol local con la compra de jugadores pagados a precios muy por encima de la media. Mientras hay clubes que luchan por sobrevivir, da la sensación de que Boca -sobre todo- se refuerza con futbolistas que incluso puede pensarse que no necesita.

El fútbol argentino tenía un capital del cual nos jactábamos: la paridad y la competitividad. Ahora, la brecha que se está abriendo entre el poder adquisitivo de Boca y River y el de todos los demás puede hacer que se pierda.

Hasta la producción de futbolistas de divisiones inferiores empieza a correr riesgos. Los clubes invierten en una maquinaria que busca formar jugadores para el primer equipo, pero estos terminan cedidos a préstamo o siendo parte de pago en la adquisición de figuras ya consagradas.

Se trata de un modelo destructivo, insostenible para nuestro fútbol, y además peligroso, porque crea resentimiento en el resto y porque solo está fundado en el éxito permanente. Pero a nadie parece importarle, y a muchos de los otros clubes solo les va quedando el orgullo y la táctica como armas para afrontar una lucha desventajosa contra el poder económicamente dominante.

La realidad es que siempre hubo un rechazo hacia Boca del universo del fútbol que no es de Boca, lo cual a su vez aumenta la fidelidad del hincha propio, pero esta desproporción creciente multiplica el sentimiento negativo.

También contra esto tendrán que luchar Tevez y un equipo que, pese a la gordura de su billetera, en lo estrictamente futbolístico vuelven de las vacaciones con demasiadas cuestiones por definir.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios