Autismo: la incomprensión, una constante

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28 de enero de 2018  

Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud señalan que uno de cada 160 chicos en el mundo tiene un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, un órgano gubernamental, uno de cada 68 chicos nace con esta condición. La organización norteamericana Autims Speaks, que agrupa abogados en cuestiones relativas al autismo, declara que cada 11 minutos en el mundo, un chico es diagnosticado con TEA.

En la Argentina no existen estadísticas oficiales, pero especialistas en la materia señalan que las personas con autismo a nivel nacional son alrededor del 1% de la población. Según esta cifra, entonces, las personas con espectro autista en el territorio argentino son aproximadamente 450.000.

Sin embargo, la mirada social todavía se posa muchas veces sobre estas personas con incomprensión, desconocimiento o, a veces, con prejuicio.

"Lautaro llama mucho la atención por sus movimientos, porque con cuatro años no habla, porque todavía usa chupete, porque toma en mamadera,-relata Cintia Fritz-, entonces siempre recibo de desconocidos comentarios al respecto, como que es demasiado grande para comportarse así, o lo miran con extrañeza por los movimientos que hace. Pero si alguien mira demasiado le digo: 'Tiene autismo, por eso se comporta así'. Y entonces, dejan de mirar, pero a mí ya no me pesa esa mirada de la sociedad".

Carina Morillo, madre de Iván de 17 años, opina: "Sin tener información, para la gente es más difícil adaptarse o comprender las actitudes que pueden tener los chicos con TEA. Y a veces, lamentablemente, la mirada de los demás marca a las familias".

Y agrega: "En Rímini, Italia, hay una playa amigable para las personas con TEA. Hay un cartelito que dice: 'En esta playa somos amigos de los autistas'. Eso sería ideal en la Argentina. Conozco, por ejemplo, un nene con TEA que está obsesionado con las personas peladas, entonces, en la playa va buscando pelados para tocarles la cabeza. Eso, en un lugar amigable, no generaría ninguna extrañeza. Sería una cosa más que pasa. Necesitamos una mirada más inclusiva y para eso, es necesario generar conciencia sobre lo que es el autismo".

"En el aeropuerto, una vez Camilo tuvo un berrinche fuerte. La gente miraba con fea cara o para otro lado -cuenta Carolina Sierra, su madre-, y nadie se acercó a decir algo tan básico como '¿Te puedo ayudar?'. Recién un rato después vino una chica que trabajaba ahí a ofrecerme una mano. Las personas no saben cómo reaccionar en estos casos. Es una pena".

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