Javier Bardem: "Cuando la gente se une y va tras una meta en común, sucede el cambio"

El actor se subió a un minisubmarino para conocer el fondo del mar, mientras filma un documental sobre la Antártida
El actor se subió a un minisubmarino para conocer el fondo del mar, mientras filma un documental sobre la Antártida Crédito: Christian Åslund / Greenpeace
Víctor Pombinho Soares
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28 de enero de 2018  

Mar de Weddell.- A las 17.01 de ayer, toda la tripulación del rompehielos de Greenpeace , Arctic Sunrise, estalló en aplausos cuando emergió un minisubmarino, en el que viajaban el actor español Javier Bardem y otro tripulante. Juntos habían logrado descender hasta los 266 metros de profundidad. Ya en cubierta, el ganador del Oscar se fundió en un abrazo con su hermano Carlos, con quien está filmando un documental sobre la situación de la Antártida y el Ártico.

Bardem es la cara visible de la campaña de Greenpeace que busca crear un santuario contra la pesca en el Mar de Weddell. De esa forma, se buscará evitar la depredación del crustáceo krill y, con ello, la destrucción del ecosistema de en esta zona.

LA NACION lo entrevistó minutos después de la travesía, que duró una hora y 45 minutos. Estaba eufórico. No era para menos: fue uno de los pocos que vieron con sus propios ojos el fondo de ese mar.

-¿Cómo te fue?

-Fue como estar en una nave espacial. Fue maravilloso, increíble, el fondo del mar es muy hermoso, hay que protegerlo. Es todo lo contrario de lo que pensaba. No fue nada claustrofóbico, fue muy relajante. Está lleno de vida, de color. Vimos un calamar rojo grande, muchos krills, esponjas de colores, estrellas y lirios de mar.

-¿Cuál es el mensaje que querés dar con el documental y este viaje?

-Me preocupa el tema de la fatiga con el cambio climático, porque da igual, sucede, y los que saben, los que están aquí, los científicos, los que llevan navegando y viendo estos paisajes desde hace años, tanto en el Ártico como en el Antártico, como en otros mares, lo dicen, lo confirman. Ayer mismo hablaban del Ártico y de la rapidez con que se están deshaciendo los glaciares allí. Es mucho más de lo que esperaban o de lo que asumían hace unos años. En este caso, hay que sumarse y firmar la petición de la protección del Antártico.

-Te referís a la prohibición de la pesca, que está causando efectos depredatorios en el krill.

-Exactamente. Ayer, por ejemplo, fuimos testigos de algo maravilloso, extraordinario, estar en la lancha entre icebergs, y ver 12 o 13 ballenas alrededor de nosotros alimentándose, creando burbujas de aire para atraer al krill del fondo a la superficie y ahí se ponen de lado, los engullen y luego sacan el agua. Era impresionante ver la cadena alimenticia en acción, cómo los pájaros aprovechaban la ocasión y se alimentaban del krill que dejaban las ballenas, cómo los pingüinos iban detrás de los pájaros y recogían el krill que ellos dejaban, y luego ya para la guinda del pastel veías a los leones marinos tumbados en los icebergs como si estuviese uno tumbado en Punta del Este como diciendo "no, yo estoy bien aquí, hace calorcito". Ver eso en primera persona, ser testigo de eso es extraordinario. Ver la importancia y la debilidad del ecosistema. En el momento en que ese krill se está pescando con aspiradoras, de una manera bestial.

-¿Qué fue lo mejor que te pasó en el viaje hasta ahora?

-Muchas cosas. Me cuesta elegir una, pero sin dudas la camaradería de todos.

-¿Tenés confianza en la naturaleza humana? ¿Pensás que vamos a lograr conservar esto?

-Creo que todos tenemos tantas preocupaciones diarias, hay gente en situaciones tan jodidas que le es imposible pensar en la protección del planeta. Más allá de eso, hay datos, como lo del Ártico, que reafirman que cuando la gente se une y persigue un propósito común suceden los cambios. Ocho millones de firmas por el Ártico produjeron una presión tal que hubo bancos que desinvirtieron en petroleras, gobiernos que pararon tratados de pesca. Sucedieron los cambios y Greenpeace evidentemente los abanderó.

-Vos hablás con tus hijos desde acá. ¿Les contás lo que estás haciendo?

-Sí, hombre, son pequeñitos, tienen siete y cuatro años. Creo que cuando sean más mayores entenderán mejor el documental.

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