Roger Federer, el artista inmaculado salido de un cuento de hadas

Federer y un ejercicio que acostumbra: posar con el trofeo de un Grand Slam
Federer y un ejercicio que acostumbra: posar con el trofeo de un Grand Slam Fuente: Reuters
Sebastián Torok
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29 de enero de 2018  

MELBOURNE.- Hay un hombre sensible, debajo del traje de superhéroe, que se divierte y llora como si fuera un niño. Hay un deportista feroz, detrás del artista, que no pierde el hambre e intenta perfeccionarse todavía hoy, habiéndolo ganado -y dado- todo. Hay un tenista, de elegante capacidad corporal, apabullante sentido de la anticipación y milimétrica precisión para golpear la pelotita, que entiende la efervescencia que genera y actúa en consecuencia.

Roger Federer es un mito inmaculado que nunca estuvo envuelto en escándalos. Criado en una familia de clase media de un barrio periférico de Basilea, se convirtió en una leyenda, en una figura magnética. Más allá de favoritismos, es insuperable. Ya lo era hace algunos años, lo es hoy aún más luego de haberse reinventado cuando en 2016 una lesión en los meniscos de la rodilla izquierda le dio escalofríos e hizo temer lo peor. Pero claro, alguien que había lucido una carrera entera alejada de las lesiones no podía terminar de ese modo: maltrecho y sin pimienta. Se propuso regresar, advirtió que lo haría "mucho más fuerte" de lo que la gente creía y cumplió. Ni el más optimista, seguramente, hubiera esperado tanto. El mérito es doble. O triple. O cuádruple. Es lo mismo; ya da igual. Es probable que no haya sensación más placentera en el deporte que ver un partido de Federer. Cómo se desplaza, cómo compite, cómo golpea, cómo desmoraliza al rival es una experiencia fascinante.

Marin Cilic , el croata de casi dos metros y 29 años, había hecho méritos suficientes [eliminar al español Rafael Nadal en cuartos de final, por ejemplo] como para interrumpir, al menos por este Abierto de Australia , el encantamiento de Federer. Pero el nuevo N°3 no lo logró. Lo intentó, pero no pudo. En un domingo sofocante, con 39 grados y un 60% de humedad que llevó a los oficiales del Abierto australiano a decidir que la final se jugara con el techo retráctil del Rod Laver Arena desplegado, Federer defendió el título y conquistó su Grand Slam N°20, una cifra redonda, impactante. Lo obtuvo al derrotar al balcánico por 6-2, 6-7 (5-7), 6-3, 3-6 y 6-1, en 3h3m.

Fuente: AFP

Si el primer golpe suele provocar mayores consecuencias, Federer, indudablemente, lo logró al romperle el saque a Cilic en el game inicial, cuando una buena parte de los 15.000 espectadores no se había acomodado. Ágil, agresivo, con todas las luces encendidas, golpeó a Cilic en el mentón, lo traumó de arranque. Inclusive, como si estuviera confundido, el balcánico cambió la raqueta en medio del 3er game, cuando sacaba 0-30. Anticipándose a cada tiro, bloqueando bien los latigazos que buscaban su revés y variando los efectos de sus pinceladas, Federer generó un daño irreparable. Le volvió a romper el saque en el 3er game y no hubo nada que hacer. El N°2 aprovechó las dudas en el saque de Cilic y hasta lo atacó sobre el segundo envío, metiéndose casi un metro dentro de la cancha para devolver. En solo 24 minutos se apropió del primer set: 6-2.

Un poco más conectado se mostró Cilic en el arranque del segundo parcial. El croata defendió su servicio y le generó dos pelotas de quiebre a Federer en el segundo game; el suizo, acostumbrado a escaparse con su saque en momentos incómodos, lo consiguió una vez más (1-1). El revés con slice a los pies de Cilic fue un tiro que Federer ensayó constantemente y que le dio buenos resultados frente a un jugador al que, por lo general, le cuesta golpear tan abajo. Federer intentó desarmar la maquinaria del rival de esa manera. Recién a los 40, 45 minutos de partido, Cilic empezó a soltarse, el brazo derecho ya no le pesó una tonelada y pudo empezar a martillar sobre el revés de Federer. El suizo no se intimidó y aceptó el ida y vuelta. En el noveno game, el exnúmero 1 contó con un break point, pero Cilic, enfocado, lo salvó con un ace de segundo servicio y ganó los dos puntos siguientes, lanzándole un poco de presión al rival. Dos doble faltas del helvético en el mismo game pusieron, impensadamente, a Cilic ante un set point. Pero Federer volvió a vestirse de escapista (5-5). Llegaron al tie-break y pese a dos aces de Federer que parecían encaminar su victoria, Cilic luchó, lanzó tiros fortísimos que el suizo no alcanzó y se quedó con el set por 7-6 (7-5). Fue el primer parcial perdido por Federer en el torneo.

El primer tramo del tercer set exhibió la misma sintonía. Puntos peleados, games ajustados. Pero Cilic bajó un poco su nivel y ello es demasiada ventaja para Federer, que en el sexto game consiguió el quiebre y se adelantó 4-2. A partir de allí, el suizo volvió a divertirse y a regalar puntos extraordinarios [hubo un sobrepique ganador de drive inolvidable] que generaron decenas de ovaciones. Encendido y siempre encima de la pelota, se quedó con el tercer set (6-3).

Cilic sintió el mazazo. Le tocó abrir con el saque el cuarto set. Federer olió herida a su presa, lo desdibujó con creatividad y le quebró el saque. Pero el suizo, impulsado por las emociones, se precipitó. El campeón del US Open 2014, que se destacó durante todo el torneo por su espíritu de lucha, no se amedrentó, aprovechó algunas dudas de Federer y le rompió el saque (3-3). Y hasta volvió a hacerlo en el octavo game (5-3). "Me puse nervioso. Mi mente se fue a otro lado", contó, más tarde, el suizo. Cilic empezó mareado el set e, inclusive, los organizadores ya empezaban a movilizarse para la premiación, pero dio vuelta la historia y terminó arriba (6-3).

Federer, con inusual incertidumbre, empezó sacando en el set final y Cilic, envalentonado y castigando la pelota desde todos los rincones, tuvo dos oportunidades de quiebre. Los espectadores, inclinados (sin exageraciones) en un 90% por Federer, se miraban, incrédulos, alarmados. El suizo caminó por la cornisa, pero sobrevivió con oficio y se adelantó 1-0. Puño crispado y desahogo. Ello lo animó y deprimió al croata, que padeció la presión del rival y cedió, una vez más su servicio (2-0). Antes había podido recuperarse, pero esta vez ya no hubo remedio. Federer, un viejo zorro con más de 1300 partido en su carrera, se dio cuenta de que era el momento de dar la estocada final. Volvió a romperle el servicio a Cilic en el sexto game (5-1) y cerró su 30ª final de Grand Slam con algo de suspenso, luego de que el Ojo de Halcón confirmara que el saque que el balcánico había reclamado como malo, había tocado, apenas, la línea.

Federer no envejece. A los 36 años y 173 días, se transformó en el hombre más veterano en jugar una final de Grand Slam desde que lo hiciera Ken Rosewall, gloria australiana, en el US Open de 1974 con 39 años y 310 días. "Roger es el más grande de todos los tiempos", dice Rod Laver. "Pensábamos que no iba a lograr más Grand Slams cuando llevaba cinco años sin ganar uno [el tiempo que transcurrió entre Wimbledon 2012 y Australia 2017]. Y ahora ha ganado dos el año pasado, este año ya ganó uno y podrá seguir ganando más. Todavía está fuerte, rápido y saludable. Si su cuerpo está bien, no tiene límites", pondera Martina Navratilova. La obra de Federer es tan valiosa que las figuras más fulgurantes de la historia del tenis se rinden frente a él y hasta lo fotografían, como hizo Laver cuando Roger lloraba en la premiación. No hay envidia, no hay resentimientos, no hay egocentrismos cuando se trata de retratarlo.

Este Abierto australiano fue el Grand Slam número 200 de la Era Abierta y Federer ganó 20, es decir el 10%, una cifra ridículamente contundente.

El suizo ya trascendió su propio deporte, como Muhammad Ali, como Michael Jordan. ¿Cómo medir su grandeza? ¿Vale la pena realmente hacerlo? Quizás, no. Y lo más sano sea seguir disfrutándolo, aplaudiéndolo. Como él mismo dijo, con el trofeo de Australia en sus brazos: "El cuento de hadas continúa".

Claves de la final

  • El impulso del saque: Cilic había anotado, hasta la final, 107 aces y ganado el 92% de sus games. Había sostenido gran parte de sus victorias con el servicio. Pero ante el suizo cedió el saque seis veces y esa situación inusual fue martillando su confianza en momentos fundamentales. Afectó al resto de su juego. Federer, con 24 aces, logró un 80% de puntos ganados con el primer servicio.
  • El efecto psicológico: Federer padeció algunos tramos de incertidumbre y finalizó el match con 40 errores no forzados, sin embargo, en los momentos de mayor tensión pudo imponerse. Luego de perder el cuarto set, el suizo sintió el cimbronazo, pero se energizó pronto y no dejó que Cilic completara su reacción.
  • El peso del historial: Cilic no estuvo lejos de ganar el segundo Grand Slam de su carrera, pero, entre otras acciones, le faltó animarse. ¿Pesó la historia? Seguramente. Desde que se enfrentaron por primera vez en París Bercy 2008, se midieron diez veces y el croata sólo pudo triunfar en las semifinales del US Open 2014.

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