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Verano: la estación más riesgosa para los trastornos alimentarios

El miedo a la exposición del cuerpo hace que las mujeres se obsesionen con las dietas; según las especialistas, las consultas crecen un 30% durante estos meses
Micaela Urdinez
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29 de enero de 2018  

El frío del invierno invita a comer más y darse algunos gustos. Y las capas de ropa hacen que se puedan disimular las partes que no se quieren mostrar, como los rollos, la celulitis, las várices, las estrías simplemente esconder esos cuerpos percibidos como desagradables. Pero llega septiembre y a la mayoría de las mujeres se les presenta la misma preocupación: tener que adelgazar unos kilos para llegar en forma al verano. Es así cuando la percepción del cuerpo empieza a generar cierta tensión entre lo que tienen y lo que quieren.

Justamente, esta mirada sobredimensionada sobre el cuerpo y el miedo a que las partes que más acomplejan a las mujeres (como la panza, las piernas o los brazos) queden al descubierto hacen que el verano sea la estación más riesgosa para el inicio o la agudización de los trastornos alimentarios.

Las especialistas hablan de un aumento de las consultas antes del verano, pero también en marzo, cuando se empiezan a sentir los efectos de los desequilibrios que existieron durante estos meses.

"Las consultas en los meses previos y posteriores al verano aumentan cerca de un 30%. Empiezan las preocupaciones por cómo uno se ve frente a sí mismo y también frente a los demás. Cuando algo no está bien en el aparato psíquico esta vulnerabilidad se ve flaqueada y existe la posibilidad de que esas preocupaciones se conviertan en una obsesión y finalmente se desencadene un espectro de trastornos que van desde la simple restricción hasta una anorexia nerviosa bien definida", explica Mariela Di Lorenzo, pediatra especialista en nutrición infantil.

En esta misma línea, Juana Poulisis, psiquiatra y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios, cuenta que su consultorio se ve inundado los primeros días de marzo: "Las chicas vuelven completamente desestabilizadas. Está la que bajó un montón de peso porque restringió mucho su dieta, la que bajó un montón y después empezó con atracones o la que se la pasó tapada todo el verano porque no estaba conforme con su cuerpo y quiere hacer algo con eso".

María Teresa Panzitta, psicóloga especialista en trastornos alimentarios, que trabaja en el equipo del Hospital Durand y el Centro Dra. Katz, señala que el miedo al verano es uno de los temas que se abordan en sus grupos terapéuticos: "las preocupa que su cuerpo que sienten gordo esté mas expuesto en el verano, y en algunos casos se estresan porque se tienen que poner un short. Otras directamente no se lo ponen y van a estar tapadas, no importa el calor que haga".

Poulisis también señala con preocupación ver a las adolesentes cada vez con más ropa en verano. "En la playa y las pool parties las chicas no se animan a mostrarse en traje de baño. Como salen de noche, recién van a la playa a las cinco de la tarde y no se meten al mar. Como toman mucho más alcohol en esta época, no quieren mostrar la panza porque se sienten más hinchadas", explica.

Moda de la comida sana

El bombardeo de publicidades de mujeres esqueléticas en trajes de baño, el furor de subir en redes sociales fotos de cuerpos "perfectos" (muchas veces retocadas con Photoshop o con filtros) y la moda de la comida sana que llegó hasta los lugares de veraneo hacen que las mujeres con tendencia a caer en un trastorno alimentario, probablemente lo hagan.

"Fijate que cambió la oferta de lo que se vende en la playa. Ya no está más el pirulinero y sí tenés otras opciones, como jugos energéticos, ensaladas, barritas y muchos más negocios saludables que antes no existían. Pero además hay mucha más conciencia de seguir con la actividad física que se realiza durante el año: las chicas y las mujeres salen a correr, buscan la clase de yoga, conseguir un personal trainer o un hotel que incluya un muy buen gimnasio", dice Poulisis.

Realizar un plan alimentario para descender de peso puede ser una actitud completamente saludable. Pero hay personas que tienen ciertos componentes psicológicos que hacen que a partir del inicio de una dieta restrictiva (una ingesta inferior del valor calórico que necesitás o simplemente la prohibición de las cosas ricas) se dispare la necesidad de hacer la dieta perfecta y si no lo logran, surgen sentimientos de fracaso, frustración, enojo e irritabilidad.

"Las adolescentes empiezan a desarrollar cierta persecución sobre algunos alimentos considerados malos y engordantes. Pero hay que recordar que el criterio de lo estético y lo estético centrado en el valor de lo flaco, es lo que predispone al trastorno alimentario", agrega Panzitta.

En general el perfil de las adolescentes con trastornos alimenticios incluye chicas con cierta labilidad emocional y muy perfeccionistas. Si además no existe una buena disponibilidad familiar que les enseñe a transitar la frustración y fortalecerlas emocionalmente, es probable que caigan en una adicción, trastornos alimentarios o depresiones.

Un factor que puede incidir negativamente en este grupo es cuando los adolescentes veranean con sus pares, sin ningún tipo de control parental o adulto. En esos casos, existe una mayor probabilidad de que una restricción progrese y pueda precipitar una descompensación. "No es crítico que un adolescente sostenga una ingesta desordenada durante esos 15 días que puede estar sin control de los adultos, pero sí es muy preocupante que en ese mismo período consuma menos de su gasto calórico diario, que lleve una dieta restrictiva", agrega Di Lorenzo.

El peligro de las redes sociales

Para las especialistas, las redes sociales son una herramienta de comunicación muy peligrosa para la propagación de los trastornos alimentarios. "Instagram generó mucha más obsesión, también en los varones. Primero porque no sabés si la foto que ves es verdaderamente real. Las chicas muestran que tienen la panza chata, cola y tetas. Y no todas pueden tener ese cuerpo. Hay una tendencia a mostrar los cuerpos y la ilusión de un cuerpo perfectible. Eso también construye la ilusión de un cuerpo ideal y les pesa especialmente a las adolescentes, que están forjando su personalidad. Y la tiranía del like hace que estén pendientes de si les gustan o no a los demás", cuenta Panzitta.

En relación cómo se puede trabajar desde la prevención, Panzitta sostiene que el colegio puede ser un gran promotor de conductas responsables de vida. "No solo les tienen que enseñar a los chicos a comer frutas y verduras, sino también a construir un juicio crítico sobre los valores estéticos y a manejarse en la vida como personas saludables. Con confianza, con seguridad en sí mismo y aceptando las diferencias. Es un mito pensar que ser flaca te abre las puertas de todos lados. Si bien es verdad que la belleza genera una especie de fascinación, no es suficiente para que seas feliz. No te ayuda a poder sostener una pareja o una experiencia de amor", concluye.

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