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La historia de Pablo Giesenow, el doble amputado cordobés que sube al Aconcagua y entrena para Tokio 2020

Con mucha voluntad, Pablo logró una adaptación muy veloz
Con mucha voluntad, Pablo logró una adaptación muy veloz
Gabriela Origlia
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10 de febrero de 2018  • 18:06

CORDOBA.- El 22 de enero se cumplieron tres años del accidente de auto que le significó a Pablo Giesenow perder parte de sus dos piernas, desde las rodillas hacia abajo. "Desde siempre cuando me decían 'no vas a poder' era como que me desafiaban; eso fue igual después del accidente", dice a LA NACION, antes de salir a entrenar para su próximo desafío: hacer cima en el Aconcagua. Luego seguirá preparándose para los Juegos Paralímpicos 2020 de Tokio (Japón).

Giesenow tiene 40 años, un estudio de abogados y trabaja en el Tribunal de Cuentas de Córdoba. Hasta el accidente, jugaba al fútbol por hobby y salía a correr de vez en cuando; desde que sufrió la doble amputación entrena intensamente. Comenzó en el gimnasio para fortalecer el tronco superior de manera de poder usar las prótesis. Su recuperación le permitió "saltarse" la etapa del andador y el bastón. A los siete meses de la cirugía ya se paró sobre las piernas ortopédicas.

El accidente

Con mucha voluntad, Pablo logró una adaptación muy veloz
Con mucha voluntad, Pablo logró una adaptación muy veloz

Pablo viajaba desde Córdoba a Las Heras (Santa Cruz) a sorprender a su papá que cumplía años. Llovía y en la ruta nacional 35, cerca de Santa Rosa (La Pampa), perdió el control del vehículo y chocó contra el guardarraíl. Estuvo media hora atrapado en el auto hasta que llegaron los bomberos y la ambulancia. En ese lapso perdió cuatro litros de sangre, pero nunca el conocimiento.

Allí mismo, mientras esperaba, supo que su pierna izquierda estaba cortada. Cuando llegó al hospital escuchó al médico preguntar "¿Trajeron los miembros?". Al advertir lo que había pasado, Pablo se desmayó y se despertó al día siguiente. "Vi que la sábana blanca se terminaba a la altura de las rodillas. No tuve tiempo de nada, ni de deprimirme, ni de pensar porqué me tocó esto a mí. Nos habían pasado cosas peores; estaba vivo y eso era importante".

Lo "peor" a lo que se refiere fue el suicidio de su hermana, cuando ella tenía 18 años y él 19. "Cuando le avisaron a mi papá -que es médico- que estaba vivo, quería hacer una fiesta. Después de una tragedia como la que pasamos, se empiezan a valorar otras cosas. No sé, alguien se amarga por un 'bochazo' y uno piensa, 'bueh.'".

La fuerza de la voluntad

Pablo recuerda que le preguntó al médico si los doble amputados como él volvían "a caminar, a correr". La explicación fue que sí, pero que dependía del caso. En vez de mirar para atrás, él puso los ojos y la mente en el futuro. Tanto esfuerzo se tradujo en poder salir caminando con las prótesis el primer día en que se las probó.

Pablo no se dio tiempo a deprimirse, pasó directo a la acción
Pablo no se dio tiempo a deprimirse, pasó directo a la acción

"Ahí nomás empecé con que quería correr, andar en bici". Su amigo Gastón le tomó la palabra y lo fue a buscar con dos bicicletas en el baúl del auto. "Dejá de hablar y subite", lo desafío. Subió y recorrió 14 kilómetros entre risas. Después sumó la pileta y aprendió a nadar sin prótesis.

El año pasado Gustavo Díaz, dueño de una ortopedia en Córdoba, regresó de los paralímpicos de Brasil pensando en diseñar y producir unas prótesis para corredores doble amputados argentinos. La idea surgió al ver que ningún argentino así había participado de las pruebas. Le ofreció a Pablo probarlas. Son iguales a las del velocista ruso medallista olímpico Oscar Pistorius, hoy condenado a cinco años de prisión por matar a su novia.

"No se puede estar parado quieto porque son ganchos, hay que moverse porque te balancean -explica Pablo-. En un primer momento tuve algunos dolores, pero rápido pasé de correr en el gym a la pista del estadio Mario Kempes. Todos superamos las expectativas que teníamos y ahí pensé en Tokio 2020".

Cuenta que al apoyo de su familia (tiene dos hijos, Máximo, de 16 y Delfina, de 12) y amigos se le sumó el que tiene de otras personas en condiciones similares. Lo incentivan también reconocimientos como el que le dieron en la Municipalidad de Córdoba y en el Senado de la Nación por su desempeño deportivo y su resiliencia.

A través del deporte, Pablo recuperó el entusiasmo en su vida
A través del deporte, Pablo recuperó el entusiasmo en su vida

Hacer cumbre

A fines del año pasado le llegó la invitación del Summit Aconcagua para integrar el grupo que escala los 6992 metros del cerro más alto de los Andes y dejó allí la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 . Entre los 11 que participan están el ex NBA Fabricio Oberto; la medalla de Oro en judo Paula Pareto; Silvio Velo, integrante del equipo de los Murciélagos; la nadadora María del Pilar Pereyra y el triatlonista Oscar Melchiori.

También fueron Alvaro Casillas (Triatlón & Ultratrail); Ezequiel Baraja (rugby); Peter Czanyo (trial running); Fernando Marino (maratón) y la maratonista de 83 años Elisa Sampietro de Forti. "Ella contagia, cómo voy a decir que no -apunta Pablo-. Me llamaron y ni lo pensé; capaz que si lo estudiaba decía que no.Nunca! Hay que ir".

Para el ascenso Pablo reemplazó la pileta por escaladas en barrancos y en las escaleras del Parque Sarmiento. Admite que la gente lo mira y lo frena para felicitarlo. "¿Te imaginas? Un loco arriba de dos fierros subiendo y bajando -se ríe-. Quieren que los motive, que les diga cómo hago. Nada especial: tengo sueños y trabajo para cumplirlos".

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