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Ponete incómodo: la fórmula para innovar, ser más exitoso y más feliz

Andrea Churba
Andrea Churba PARA LA NACION
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30 de enero de 2018  • 00:43

¿Qué es innovar?

En los últimos años, a través de libros, artículos, videos y conferencias se produjo un endiosamiento de la palabra, y una distorsión, que privilegia el relato sobre genios creativos y empresas generadoras de tecnologías disruptivas. Nadie puede dudar de que hay mucho que aprender de estos modelos. Sin embargo, dada la talla de los líderes a imitar y la escala revolucionaria de sus inventos, ¿dónde quedamos nosotros, modestos ciudadanos de a pie, que nos sentimos lejos de ser Steve Jobs, Richard Branson o Marcos Galperín? ¿También somos capaces de innovar?

Innovar es cuestionar las maneras de pensar y hacer las cosas
Innovar es cuestionar las maneras de pensar y hacer las cosas

Quitémosle a la palabra su manto de brillantes y veamos de qué se trata ser innovador. No hace falta ser un visionario mítico ni reinventar la rueda. Se trata de aplicar en lo cotidiano la fórmula que propone el mago More, en su charla TedxMoncloa que definitivamente está al alcance de todos los mortales: INNOVACIÓN =MEC (MUEVE EL CULO). Innovar es cuestionar las maneras acostumbradas de pensar y hacer las cosas, y salir a buscar lo que queremos haciendo algo distinto. Ser capaces de ponernos incómodos es una competencia clave en un contexto en movimiento permanente, donde el que se conforma y se queda quieto se auto limita, se estanca, desaparece.

Quizás conozcan esta historia que han popularizado los pregoneros de la innovación: un maestro zen ordena a su discípulo matar la única vaca que posee una familia muy humilde, cuya leche apenas les alcanza para alimentarse ellos y trocarla por otros bienes ínfimos. Al año siguiente, al visitarlos, comprueban que la familia prosperó extraordinariamente porque, muerta la vaca, tuvieron que inventar otras opciones para sobrevivir que resultaron más fructíferas.

Hasta no hace tanto tiempo, era probable que tener la vaca atada fuera suficiente para vivir bien, incluso para progresar. Era usual que las personas desarrollaran su carrera durante 20 o 30 años en la misma empresa, ascendiendo gradualmente en el escalafón. Con esfuerzo, metiéndole horas al trabajo, también un profesional podía ir construyendo de a poco un pasar exitoso y tranquilo. Esos días han pasado, y es improbable que vuelvan. En un contexto volátil, ya no alcanza con ser bueno en lo de uno o con trabajar muchas horas.

Cambiar puede ser difícil y doloroso, porque tenemos asociada nuestra identidad con lo que aprendimos y nos dio resultado hasta ahora. Hay conductas que tenemos tan naturalizadas que nos salen con facilidad. Sin embargo, algunas de esas competencias y maneras de ser, que sentimos como propias, tal vez hoy nos estén empantanando, o puedan hacerlo en un futuro cercano. Más que nunca, en estos tiempos, tenemos que pensar en la identidad no como una unidad sellada (Así soy yo. Esto es lo que sé. Esto puedo, esto no) sino como un work in progress, un continuo estado de cuestionamiento y aprendizaje, de curiosidad, de ganas de hacer y de mejorar.

Hace falta coraje para desafiar la propia inercia, sobre todo porque no tenemos certeza de los resultados. Animarse a hacer algo diferente quizás sea útil para conseguir lo que queremos, o quizás no, porque no todo depende de nosotros, pero sin duda nos abre más posibilidades que quejarnos, resignarnos y seguir haciendo lo mismo. Cada uno sabrá qué creencias y conductas lo están reteniendo.

5 cosas incómodas que podemos hacer para ampliar nuestras alternativas de acción

Decir que NO: ¿qué consecuencias trae decir siempre que sí sobre nuestro tiempo y efectividad? ¿Cuánto margen de acción ganaríamos si desafiáramos nuestra tendencia a complacer a los demás?

Pedir lo que queremos: ¿quién dice que no se puede? Preguntar, manifestar lo que necesitamos, puede abrir esas puertas que hasta ahora parecían selladas.

Liderar al entorno: ¿creemos que sólo "los jefes" tienen poder y autoridad para influir sobre otras personas? ¿Qué podríamos hacer distinto para lograr que otros estén dispuestos a colaborar con nosotros, a acompañarnos?

Salir del círculo habitual: ¿quiénes más, aparte de las personas obvias y cercanas, pueden ser nuestros aliados estratégicos, dentro y fuera de la empresa? La pregunta hace visibles las conexiones que hasta ahora no veíamos, y nos impulsa a salir a buscarlas.

Tomar la iniciativa: ¿estamos esperando a que sean otros los que propongan, los que tomen las decisiones? ¿Tenemos miedo de que no sea mi lugar, o de quedar expuestos? Animarse a proponer lo que nos parece útil o interesante hoy es muy valorado, y puede aportar a nuestro propio desarrollo, al del equipo y la empresa.

En definitiva, se trata de hacernos responsables de abrir nuestro propio camino. ¿Qué es lo que sí podemos hacer, desde hoy, para evolucionar y causar más impacto? ¿Qué estamos dispuestos a cambiar, a emprender? Todos podemos ser innovadores si estamos dispuestos a pensar y hacer las cosas de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados. Aunque sea algo que nos incomode, que quizás no nos guste, nos dé miedo o amenace nuestros prejuicios, mover el culo y salir a buscar lo que queremos nos abre oportunidades que no imaginábamos para estar en el mundo de una manera más eficaz, satisfactoria y feliz.

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