Gianni Versace, de la Medusa a la tragedia griega

Edgar Ramírez es el actor que interpreta a Gianni Versace
31 de enero de 2018  • 00:02

Salió de su casa en South Beach, una mansión recargada, exuberante y lujosa de estilo neoclásico, su lugar en el mundo, y se dirigió a pie hacia el News Café (el bar más moderno de los 90 en Miami, abierto las 24 horas), por donde todas las mañanas pasaba a comprar revistas. En una de las tapas, la cara de Lady Di, su amiga, quien moriría un mes y quince días después. Un presagio de lo que iba a venir. Gianni Versace volvía distraído, sin mirar abrió la puerta de la villa Casuarina. Era el 15 de julio de 1997. Escuchó su nombre, se dio vuelta para ver quien lo llamaba en vez de acelerar la entrada a su guarida y preservarse de los fans, de los curiosos o de algún joven admirador conocido. Estaba parado frente a él, lo miró de frente, un tal Andrew Cunanan, quien lo apuntaba tembloroso con el arma asesina. Le disparó dos tiros que le desfiguraron la cara, que destruyeron su perfecto semblante. Quedó ahí, abandonado, ante la mirada de la gente que empezó a acercarse, a gritar con desesperación. Una paloma blanca a su lado estaba también muerta. La sangre corría por los dos cuerpos, el del icónico diseñador quien vivía su vida con la intensidad de un artista y el del ave blanca. Como una señal. El joven asesino, quien se suicidó tiempo después, había, posiblemente, incursionado en la prostitución taxi; ya había matado a cuatro personas. Aparentemente, conocía al italiano de Calabria que se convirtió en una estrella de la moda universal. ¿Quizás quiso vengarse? ¿Es posible que haya sentido desamor?

Así comienza el primer capítulo de la serie que está basada en el libro Vulgar Favors de Maureen Orth, y se centra en el misterioso y violento asesinato del diseñador Gianni Versace. Estrenada en Argentina el 18 de enero, se emite por FX como parte de la segunda temporada de American Crime Story. Según Orth, Andrew Cunanan estaba inmerso en "una pesadilla narcisista de autoabsorción vanagloriosa", se había entregado a las drogas y había desarrollado un hábito de metanfetamina extremo que pudo haberlo empujado al abismo.

El trailer de "El Asesinato de Gianni Versace: American Crime Story"

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¿Quién era Gianni Versace? ¿Cómo vivía?

Era un diseñador que emanaba arte en cada expresión. Estudió arquitectura pero encontró en la moda una manera de plasmar su amor por las mujeres. Su madre, Francesca, fue su primera musa y una de las personas más influyentes en su carrera; quizás por eso se identificaba con Pedro Almodóvar, también devoto de su progenitora. Versace tenía una mente transversal, capaz de incursionar en diversos ámbitos artísticos: creador de vestuarios para ópera; colaborador de la tradicional firma alemana de porcelanas Rosenthal, a la que le aportó sus estampados en la creación de una línea con su impronta. Su genio creativo se ampliaba sin prisa, pero con determinación. Amaba la música y codearse con las estrellas de su medio: Elton John, Sting, Cher, Madonna, Ladi Di, Naomi Campbell. A los 18 años ya creaba sastrería en su ciudad natal (Regio de Calabria) para la boutique de la familia.

"La ropa de una persona es como su alma, única e incomparable, y la mujer es un ángel puro, no un objeto para placeres pecaminosos", decía Gianni. La mujer era intocable, inmaculada y, para él, era esencial que buscara la seguridad en sí misma, no en la ropa; en su sensualidad, no en un traje o vestido, en su estilo de vida que debía ser propio. Sus diseños sólo acompañaban esa identidad personal. Sabía enamorar a las mujeres, tocar el punto exacto de su sensualidad. Así como "la Medusa" (que se convirtió en su distintivo), la mujer, para Gianni, representaba la belleza y el encanto que existe en los clásicos griegos. De los griegos también viene la tragedia, no solo el encanto. Su origen, según su etimología, viene del sacrificio de un animal sagrado para el dios Dionisio, quien llega a la ciudad con la intención de expandir su culto y realizar fiestas orgiásticas. El tirano teme por la llegada de un dios que altera el orden y al que muchas mujeres se unen; y Penteo, envidioso, espía con actitud morbosa al dios. Es descubierto; las seguidoras del dios -incluida la madre- descuartizan su cuerpo. ¿Gianni Versace buscaba en su forma de vida desenfrenada un sacrificio? O fue Cunanan, el asesino, quien lo espiaba con actitud morbosa y envidia para convertirlo en una ofrenda que le entregara a un dios que ambos compartían. Lo cierto es que la vida de Gianni Versace quedó suspendida en el tiempo, su obra sigue viva, el arte nunca muere.

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