Zaffaroni debe explicar sus palabras

Félix V. Lonigro
Félix V. Lonigro PARA LA NACION
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30 de enero de 2018  

Un hombre de derecho sabe que en los sistemas democráticos presidencialistas a los presidentes los elige el pueblo, como también que, en la Argentina, los primeros mandatarios son elegidos para desempeñar su mandato en el contexto de un período constitucionalmente previsto en cuatro años.

Un exjuez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no desconoce que si bien la ausencia de un presidente está prevista en la Ley Suprema, su muerte, renuncia o destitución siempre genera una crisis institucional -aunque esté jurídicamente contemplada la solución- y que por lo tanto es necesario que los primeros mandatarios terminen los períodos para los cuales fueron elegidos mediante el sufragio.

Esta premisa es particularmente importante en nuestro país, cuya característica no ha sido precisamente la estabilidad de períodos y presidencias. En la Argentina, de los 28 períodos presidenciales constitucionales que se iniciaron desde la sanción de la Constitución nacional en 1853, sin contar el actual, ocho -el 30%- no fueron concluidos (seis por sendos golpes de Estado y dos por renuncias de quienes presidían los destinos de la Nación: Derqui, en 1862, y Alfonsín, en 1989). Además, nueve presidentes renunciaron a sus cargos (Derqui, Juárez Celman, Luis Sáenz Peña, Ortiz, Cámpora, Alfonsín, De la Rúa, Rodríguez Saá y Duhalde) y tres murieron en ejercicio de la presidencia (Quintana, Roque Sáenz Peña y Perón).

Significa entonces que los argentinos conocemos bien las consecuencias de esas crisis institucionales provocadas por las ausencias definitivas de primeros mandatarios, toda vez que, entre destituciones, muertes y renuncias, el 43% de los presidentes no culminaron sus gestiones. ¿Hace falta una más?

Pues con eso parece soñar Eugenio Zaffaroni , a quien no le bastó ser el juez de la Corte más politizado de los últimos años, confeso amigo del primer vicepresidente procesado de la Argentina y sustento ideológico-jurídico de uno de los gobiernos más corruptos de la historia, que nos ha dejado un país con un tercio de pobres, una inflación galopante, un Estado elefantiásico y la presión impositiva más brutal a la que nos hayamos tenido que enfrentar en nuestro país; además ahora vitupera a la democracia y sueña con otro daño institucional.

¿Desea Zaffaroni la muerte del presidente Macri ? ¿Pretende que el Presidente renuncie a pesar de haber recibido el favor popular en 2015 y 2017?

En este caso, se trataría de un sujeto con un profundo desdén por la democracia misma. Tal vez esté en el deseo de Zaffaroni que se produzca una destitución del presidente Macri, pero él sabe que ello solo es posible por medio de un juicio político. ¿O tal vez pretende el actual juez de la Corte Interamericana que haya un golpe de Estado en la Argentina? Pues en este supuesto las manifestaciones de Zaffaroni constituirían un delito.

No sabemos qué es lo que pasa por la cabeza de este hombre de la ciencia penal, el que más ha colaborado, desde sus nefastas teorías, para fortalecer la inseguridad en la Argentina, pero sí sabemos que nada de lo que afirma es producto de su ignorancia. Sería bueno, pues, para la sociedad, que aclare qué es exactamente lo que quiso decir cuando expresó públicamente su deseo de que Macri no termine su período.

Profesor de Derecho Constitucional (UBA, UAI y UB)

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