J. M. Coetzee: el escritor circunspecto, revelado por su fotografía adolescente

Una muestra de 60 imágenes tomadas por el premio Nobel cuando tenía 15 años revela no solo la enorme influencia de las artes visuales en su prosa, sino también un lirismo ausente en sus libros
Una muestra de 60 imágenes tomadas por el premio Nobel cuando tenía 15 años revela no solo la enorme influencia de las artes visuales en su prosa, sino también un lirismo ausente en sus libros
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30 de enero de 2018  

NUEVA YORK.- En 2014, años después de mudarse de Sudáfrica a Australia, el novelista J. M. Coetzee vendió finalmente su departamento de Ciudad del Cabo. Poco después, un investigador escudriñó dentro de una caja de cartón olvidada en el departamento vacío y, para su sorpresa, encontró un excepcional revoltijo de material inédito del taciturno premio Nobel. Pero no se trataba de manuscritos. Eran fotografías: fajos de impresiones amarillentas que mostraban "escenas de una vida de provincias", como en el subtítulo de los tres volúmenes de su autobiografía, además de negativos sin revelar.

Al parecer, antes de dedicarse a la literatura, Coetzee fue un comprometido fotógrafo adolescente. Las impresiones en blanco y negro de su familia, de su colegio y de la vida cotidiana en la granja de su tío han salido a la luz por primera vez en una exposición en el Museo Irma Stern en Ciudad del Cabo.

Coetzee no había mostrado sus fotos a nadie; cuando le propusieron la exposición, dudó, pues no sabía si los primeros experimentos de un escritor con la cámara podían tener algún interés. Pero las imágenes, tomadas en 1955 y 1956 -cuando el autor tenía entre 15 y 16 años-, ofrecen un panorama crucial sobre la formación de un autor tan contenido en sus revelaciones personales y en su prosa. Más allá de eso, dotan a su ficción de una nueva profundidad, que les debe tanto a las artes de la lente como a las de la pluma. La exposición, que finalizará este fin de semana en esa ciudad, fue organizada por la curadora Farzanah Badsha y Hermann Wittenberg, el académico que encontró las imágenes.

Wittenberg me proporcionó las reproducciones digitales de las primeras fotografías de Coetzee y tuve que conformarme con ellas, pues no pude viajar a Ciudad del Cabo para la exposición (ni para ir a la playa). Alrededor de una veintena de las fotografías expuestas son impresiones antiguas; otras 58 son fotografías recién impresas a partir de negativos desgastados y manchados por el tiempo.

Ros y Freek, trabajadores de la granja de la familia Coetzee, en la playa de Strandfointein
Ros y Freek, trabajadores de la granja de la familia Coetzee, en la playa de Strandfointein

Coetzee nació en Ciudad del Cabo en 1940. No era de familia adinerada, por lo que seguramente para el joven John fue un gran gasto adquirir su Wega de 35 milímetros: una imitación italiana y menos costosa de la ligera Leica utilizada por Henri Cartier-Bresson y otros fotógrafos que él admiraba de la revista Life.

Pronto acondicionó un cuarto oscuro en la casa de su familia en los suburbios de Ciudad del Cabo. Su madre, Vera, era profesora; John la quería profundamente y la fotografió fuera de su pulcro hogar, dormida en el sofá o leyendo con su hermano menor, David.

John no era tan cercano a su padre, Zacharias (conocido como Jack o Zac), como describió el autor en Verano (2009), el tercero de sus libros autobiográficos y en el que hay más ficción. Jack solo aparece en una fotografía en la que su hijo captó su aspecto más dócil. Los hombros de su padre están echados hacia adelante y tiene los brazos cruzados mientras la tía materna de John, Annie, lo reprende con un dedo extendido.

Luz silenciosa

Al futuro escritor, Ciudad del Cabo le parecía tediosa, pero lo embelesaba el Karoo, la árida región sudafricana donde se encontraba la granja de su tío, llamada Voëlfontein (o "fuente de pájaros" en afrikaans). El paisaje acribillado del Karoo desempeñó un papel central en la percepción que el joven escritor tenía de la naturaleza, la familia y la colonización. En Infancia, Coetzee escribe: "Distingue mejor la Voëlfontein en verano, cuando yace serena bajo una uniforme y cegadora luz que cae del cielo". Se trata de una impresión que coincide con una de sus fotografías, cuya porción superior está ocupada por una incólume cúpula de nubes.

Las fotografías que tomó Coetzee de Voëlfontein, aun a su corta edad, muestran la postura ambivalente ante el campo sudafricano que informa su ficción posterior: atrapada entre el amor por sus amplitudes y la vergüenza ante su legado histórico. Este paisaje es donde situó sus dos primeras novelas: En medio de ninguna parte (1977), el retrato prismático de una ama de casa homicida, y Vida y época de Michael K (1983), su fábula minimalista y kafkiana sobre el apartheid.

Sentado en la última fila del aula del Colegio Marista
Sentado en la última fila del aula del Colegio Marista

Las imágenes más notables de su archivo juvenil muestran a dos ayudantes de la granja en Voëlfontein, llamados Ros y Freek, a quienes Coetzee describe en Infancia con una admiración embelesada. Los jornaleros son "de color" -un término aplicado durante la época del apartheid a los individuos con orígenes africanos, europeos y asiáticos- y, al ser un niño, entra en conflicto con las reglas escritas y tácitas que los mantienen alejados.

Un día de 1955 o 1956, la familia Coetzee viajó a la playa con Ros y Freek, quienes jamás habían visto el mar. Coetzee no menciona el viaje en Infancia, pero sus numerosas fotografías de los ayudantes de la granja, tomadas con un poderoso contraste tenue que recuerda el obstinado y austero nuevo mundo que aparece en su reciente libro La infancia de Jesús (2013), reflejan la trascendencia de aquel día tanto para los hombres como para el niño.

En una de sus escasas entrevistas, cuando se le preguntó acerca de las influencias literarias en En medio de ninguna parte, Coetzee respondió: "Hay, creo, una influencia más básica: el cine y la fotografía". Más allá de la influencia subyacente de la cámara, las fotografías han formado parte de muchas de sus novelas: desde su ópera prima, Tierras de poniente (1974), narrada en parte por un investigador gubernamental estadounidense que lleva consigo fotografías de las atrocidades de la Guerra en Vietnam, hasta Desgracia (1999), una disección brutal de la Sudáfrica después del apartheid en la que el humillado profesor de literatura se encuentra con un denigrante retrato suyo en el periódico escolar. Más tarde, en Hombre lento (2005), Coetzee quiso que su personaje principal fuera fotógrafo: uno que se desilusiona al enterarse de que las imágenes digitales "pueden ser absorbidas por una máquina y emerger de ella adulteradas e infieles".

Apartheld: policías detienen a dos ciudadanos negros
Apartheld: policías detienen a dos ciudadanos negros

En Infancia y sus autobiografías subsecuentes, Coetzee se refiere a sí mismo utilizando solo el pronombre "él". Incluso su decisión de escribir bajo el nombre J. M. Coetzee, omitiendo el nombre "John" y utilizando la inicial intermedia que él permitió fuera interpretada erróneamente durante décadas (M de Maxwell, no de Michael), dejó caer un velo sobre él. Pero en sus autorretratos fotográficos, que hoy tienen más de 60 años, hay una distancia autoral similar que se mezcla con la franqueza, la sinceridad e incluso el orgullo. Vemos al John adolescente vistiendo un chaleco de lana y una camisa de cuello abierto, sus mejillas sonrojadas y su mirada conmovedora y triste. Se inclina hacia un lado y parece un tanto frágil, pero mira al frente con un aplomo superior a su edad. Pronto bajará la cámara; pasarán dos décadas antes de publicar un libro. Cada novela que escriba será un autorretrato.

Jason Farago - The New York Times

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