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Un Super Bowl de la política

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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30 de enero de 2018  • 00:49

WASHINGTON.- El discurso sobre el "estado de la Unión" se vive en Estados Unidos como un Super Bowl de la política. Un siglo atrás, el presidente enviaba su mensaje por escrito al Congreso. Ahora, todas las cadenas de televisión lo transmiten, los canales de noticias le dedican horas y la gente se junta en los bares a verlo.

El discurso, puntapié formal de la temporada política, es una tradición devenida en símbolo de la presidencia, que ha mordido minutos en The West Wing, House of Cards, Veep, y se llevó el cierre de "Mi Querido Presidente", la comedia romántica en la que Michael Douglas interpreta a un enamorado Andrew Shepherd.

Hoy, Donald Trump , como sus antecesores, tendrá la oportunidad de relanzar su presidencia. Estará donde más le gusta: en el centro de la escena, detrás del atril, bajo la mirada de millones de televidentes, la prensa, las redes sociales, el Congreso, su gabinete y la Corte Suprema.

Si el discurso tendrá un impacto de largo aliento o no, es otro tema. Aun con todo el despliegue teatral que reviste al día, la historia sugiere que rara vez ha sido así, y, por el contrario, el mensaje suele quedar rápidamente en el olvido.

Pero, así y todo, el discurso brinda un espectáculo que captura la atención del país. En varios bares en Washington, se transmitirá por pantalla gigante. Lo mismo ocurrirá en otras ciudades. Los menús ofrecerán tragos especiales: cócteles que hacen honor a algunos de los tuits más célebres de Trump, como "Covfefe" o "Genio Estable", y otros a "Fuego y Furia", en referencia al libro de Michael Wolff que pintó una presidencia caótica.

¿Cuánta gente mirará el primer mensaje de Trump? George W. Bush tuvo, en 2003, la mayor cantidad de televidentes: 62 millones. El discurso de Barack Obama de 2016 cosechó el rating más bajo: lo vieron "apenas" 31 millones de personas.

El último ingrediente serán las protestas. Las legisladoras demócratas irán vestidas de negro, y varios congresistas han anunciado un boycott y faltarán a la cita. La Resistencia tuvo, anoche, su propio evento: el "estado de la Unión de la Gente", una protesta que contó con el apoyo de varias organizaciones y la presencia de actores como Mark Ruffalo, Whoopi Goldberg, Cynthia Nixon y el cineasta Michael Moore.

Antes no era así. Woodrow Wilson fue el primer presidente que comenzó a torcer la tradición: en 1913, fue hasta el Congreso a dar su mensaje en persona. Diez años más tarde, el discurso de Calvin Coolidge fue transmitido por radio. Harry Truman, en 1947, fue el primero en llegar a los hogares a través de la pantalla chica, toda una revolución. El discurso pasó a la noche con Lyndon Johnson, en 1965, y en 2002, George W. Bush definió su famoso "eje del mal" por primera vez para Internet.

Además de acompañar la evolución de los medios de comunicación, el discurso ha sumado otras innovaciones. En 1966 se incorporó la "Respuesta de la Oposición" -que también se televisa-, un mensaje que, este año, dará el heredero de la dinastía Kennedy, Joe Kennedy III, 37 años, nieto de Bobby Kennedy (el senador Bernie Sanders, quien no siempre comulga con la conducción demócrata, dará su propio mensaje.)

En 1982, Ronald Reagan inauguró la tradición de llevar invitados al balcón donde se sienta la Primera Dama. Las invitaciones son seleccionadas con intención quirúgica para remarcar los objetivos de la Casa Blanca.

Reagan fue también el único presidente de la historia que pospuso una presentación. En 1986, a la mitad de su segundo mandato, Reagan pulía su discurso cuando el transbordador Challenger explotó a los 73 segundos de haber despegado. Reagan pospuso su viaje al Congreso, y, en cambio, brindó un mensaje desde el Salón Oval de la Casa Blanca para consolar a una nación conmocionada.

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