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Negocios

Víctor Hugo Ghitta
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31 de enero de 2018  

No es tan difícil, después de todo: con un buen sponsor como respaldo, cualquier hijo de vecino puede ahora conseguir un lugar en un equipo de fútbol de una liga europea. Y no sucede en el FIFA18, sino en la más pura realidad. Lo acaban de hacer el gobierno de Arabia Saudita y siete clubes españoles, que sellaron un acuerdo según el cual nueve atletas de ese origen pasarán a desempeñarse en sus filas. Los detalles de este modelo de negocios el lector los puede encontrar en esta misma edición. Una línea de ese informe resulta escalofriante: "Las empresas no quieren las camisetas, quieren Twitter, Facebook, Instagram", advierte el cronista desde Barcelona. Negocios globales, se entiende.

Con coraje e imaginación, y con el apoyo indispensable de una empresa, puede uno atreverse a soñar con adquirir una butaca en la sección de cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Viena, una posición en el equipo de chefs que dirige Massimo Bottura en su restaurante Osteria Francescana o un lugar en el laboratorio del MIT. Alguien muy ácido decía anoche que eso sucede también en el mundo de la política. Se refería a quienes llegan a la función pública no ya impulsados por su pasado en empresas privadas, sino sponsoreados por un ministro.

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