Recuerdos de los años convulsionados

Crédito: Ilustración: Kalil Llamazares
Francis Mallmann
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4 de febrero de 2018  

Nos criamos en contextos inverosímiles. El mío por cierto lo fue, ya que siento que los acontecimientos locales y mundiales tuvieron un fuerte efecto en quien soy hoy.

Nací en Acassuso y nos mudamos a Chicago, Estados Unidos, cuando tenía 3 años. A los 6 volvimos a la Argentina y pasé un año escolar en Buenos Aires antes de que la familia recalara en Bariloche. Allí, terminé el primario en el colegio inglés Woodville, con una adolescencia ya germinada en el movimiento beat, el flower power y la más bella música, que llenaba mi corazón a borbotones.

El pantalón era rosa y tenía sobre los costados dos rayas bordó. Las botas con tacos eran de jean y la remera que usaba estaba cortada con una tijera. En el cuello llevaba atado de una piola de algodón blanco un pequeño corazón de oro que tenía en el centro un rubí, mi trofeo de amor. El pelo muy largo. Lo único que importaba era la música. Tenía diecisiete años; ella, veintisiete.

En ese momento, el 1° de marzo de 1973, había salido el LP de Pink Floyd El lado oscuro de la luna, un cambio muy grande en el mundo del rock.

Pocos días después, el 11 de marzo, fue la primera elección democrática de la Argentina luego del derrocamiento de Illia en 1966, que dejaría finalmente a Cámpora como presidente por unos meses, para continuar con la tanda Lastiri- Perón-Isabelita. Décadas de sangre y violencia.

El mundo vivía atento a la Guerra Fría, y al conflicto en Vietnam. Dos años después, en 1975, terminaría la extensa y cruel guerra de Vietnam con la caída de Saigon: 20 años de trincheras, fuegos y torturas. Nunca se extinguió el dolor, y la música y letras de aquella generación que protestaba y pedía paz quedará en la memoria de nuestra civilización para siempre. Un homenaje a aquella literatura musical fue dado en 2016, cuando le fue otorgado el premio Nobel a Bob Dylan.

Simultáneamente nuestro país, también bañado en sangre, protestaba valientemente con estrofas y acordes de rock lo que sucedía en nuestras calles. Tengo recuerdos espantosos de esos años, a los veinte se caminaba y manejaba por el país con terror. Hasta que en marzo de 1976 un nuevo golpe militar depuso a la presidenta Isabel Perón y tuvimos más de 7 años de otro gobierno de facto. Al día siguiente me conseguí un pasaje y me fui a San Francisco, donde me quede unos meses luego de ser detenido de noche por un grupo militar que delante de mí desarmó íntegramente mi vehículo.

En una bocacalle donde doblé, en San Isidro, se encendieron reflectores y fui conducido por un megáfono a tirarme al piso mientras me apuntaban con ametralladoras. Al terminar me dijeron puede retirase, y procedí a tirar los pedazos del auto adentro e irme sentado sobre un trozo de asiento.

Hoy, a los 62 años, todavía ver un uniforme militar me produce sobresalto, ya que viví situaciones muy violentas en lo que se llamaban "los procedimientos", que sucedían a diario en las calles y las rutas del país. Somos hijos de una generación que creció entre las aberraciones de la dictadura.

Fueron años muy sangrientos, vi con tristeza desaparecer a manos de los militares la Fundación Bariloche, que había comenzado mi padre con otros científicos, una universidad de posgrado que entre otras cosas creó la Camerata Bariloche. Biólogos, sociólogos, matemáticos, empresarios en esos años discutían proyectos de modelos mundiales. Cuando en 1977 abrí mi primer restaurante en Nahuel Malal, Bariloche, la cocina parecía ser un refugio de la violencia que vivíamos.

Cuando al poco tiempo hice mi primer viaje a París, allí también se vivía con violencia, y bombas que explotaban dentro de los basureros del Champs Elysées.

Así crecimos...

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