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De Río a Venecia y Bélgica, cinco caras (y máscaras) del Carnaval

La curiosa tradición de los Gilles, en Bélgica
La curiosa tradición de los Gilles, en Bélgica
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4 de febrero de 2018  

1. Río de Janeiro: la reina de la fiesta

El Carnaval es desde siempre un período de festejos en las culturas católicas, un paréntesis de descontrol antes de que empiece a regir la Cuaresma, a partir del Miércoles de Cenizas. Cada cultura, país o región lo adoptó de manera propia. En Río se ha convertido en el mayor evento del año, con una convocatoria diaria de dos millones de personas. Es el mayor del mundo y figura como tal en el Libro Guinness de los Récords.

Por cuatro días locos y varios siglos de tradición
Por cuatro días locos y varios siglos de tradición

La fiesta se organiza en torno a los desfiles de las escolas en el Sambódromo, pero no siempre fue así. El Carnaval de Río evolucionó durante el siglo XIX a partir del modelo de los festejos europeos, con desfiles de gente disfrazada por las calles. Así las autoridades cariocas querían terminar con las viejas tradiciones del entrudo, comparable con la chaya que subsiste todavía en La Rioja: los vecinos se tiraban agua o cualquier líquido los unos a los otros, en las calles y hasta dentro de las casas. Este año se celebra del 9 al 14 de febrero.

2. Nueva Orleáns: rituales de Mardi Gras

Los colonos franceses y acadianos instauraron la tradición del carnaval en el delta del Mississippi. En algunas zonas rurales todavía se conserva la costumbre del courir de mardi gras, cuando los vecinos van de puerta en puerta para pedir algo de tomar o de comer. Es el único momento del año durante el cual está permitido tener la cara tapada, aunque sea por un disfraz (el resto del año está prohibido, porque se asocia con grupos como el Ku Klux Klan). En la ciudad, esa tradición se ha convertido en grandes desfiles por las calles del French Quarter y las avenidas del centro.

Nueva Orleáns, tradición francesa en el sur de Estados Unidos
Nueva Orleáns, tradición francesa en el sur de Estados Unidos

Con los años se ha institucionalizado y, como en Río, tiene sus ritos y sus krewes (algo parecido a las escolas). Desde los carros se tiran beads (collares de plástico de colores vivos) al público, que también se disfraza. Estas tiras se quedan muchas veces colgadas en las ramas de los árboles, donde forman una decoración kitsch todo el año. Este año se celebra hasta el 13 de febrero.

3. Binche, Bélgica: el baile de los Gilles

Es uno de los más llamativos festejos de Europa para la época del Carnaval. En la pequeña ciudad de Binche, al sur de Bruselas, los que desfilan son llamados Gilles, personajes vestidos de trajes renacentistas con una máscara de cera o sombreros de plumas de avestruz y pañuelos blancos sobre la cabeza. Desfilan bailando el martes de Carnaval y respetan muchas reglas estrictas. Por ejemplo, tienen que ser oriundos de Binche, no pueden circular sin banda de música (que toca el mismo repertorio de un año a otro) y no se pueden sentar.

El festejo fue atestiguado en documentos de la Edad Media, pero fue durante la época napoleónica cuando nació la figura de Gilles, en reacción a la prohibición de llevar máscaras durante aquellos años. El carnaval de Binche forma parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Este año se celebra del 11 al 13 de febrero.

4. Venecia: commedia dell'arte

El más romántico de los carnavales es también uno de los más antiguos del mundo. Existía ya a fines del primer milenio y era una herencia de las Lupercales romanas. Lo simbolizan máscaras como la del Medico della Peste, con un pico largo como los de los pájaros, cuyo propósito era filtrar el aire para proteger de epidemias. Los atuendos también fueron inspirados por la Commedia dell'Arte, como Arlequín, con un traje de rombos de colores. El Bauta, por su parte, conlleva una capa y un tricornio negros junto a una máscara que deja espacio en la parte inferior del rostro, para comer y beber sin tener que sacárselo. También deforma levemente la voz, lo que garantiza aún más el anonimato de quien se lo pone. De esta forma, el Carnaval veneciano era un período para transgredir reglas, géneros y normas sociales sin ser reconocido. Es tan popular que para frenar la presión turística por primera vez este año los eventos son para números limitados de asistentes. Este año se celebra hasta el 13 de febrero.

Máscaras venecianas para dejar de lado las reglas
Máscaras venecianas para dejar de lado las reglas

5. Barranquilla: oficios y colores

Es otro de los festejos que forman parte del Patrimonio Inmaterial de la Unesco, nacido de una mezcla de influencias culturales y musicales de pueblos originarios, colonos europeos y esclavos africanos. Está entre los principales del mundo, luego de los de Río y Venecia, en cuanto a convocatoria y despliegue de producción.

Barranquilla, Colombia, con todo el color
Barranquilla, Colombia, con todo el color

Durante cuatro días, esta ciudad colombiana no vive sino para el Carnaval. Todo empieza el sábado con la Batalla de Flores, un desfile de carrozas. Participan la reina, grupos de danza y música folclórica y comparsas.

El evento se prepara durante casi todo un año con la contribución de numerosas personas, perpetuando oficios tradicionales. Las fiestas terminan con el entierro de Joselito Carnaval, hasta su resurrección el año siguiente. Los vecinos forman cortejos fúnebres para acompañar un ataúd o una camilla, con un muñeco o una persona que interpreta el papel de Joselito, participando de un concurso para elegir la mejor puesta en escena. Este año se celebra del 10 al 13 de febrero.

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