Reseña: Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy

Original memoria clínica
Pedro B. Rey
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4 de febrero de 2018  

Desde que, para superar el aburrimiento de un arresto domiciliario, Xavier de Maistre tuvo la irónica idea de su Viaje alrededor de mi cuarto (1794), desplazarse en torno a algo ya no significó las curvas del globo terrestre o los laberintos de un territorio distante. Tal vez Frigyes Karinthy (Budapest, 1887-Siófok, 1938) haya pensado en De Maistre para su libro. El original húngaro Utazás a Koponyam Korül se traduce sin traiciones como Viaje alrededor de mi cráneo. Al aristócrata francés le avivó el ingenio el encierro al que lo había condenado un duelo. El húngaro tuvo un espacio más reducido todavía: a su pesar terminó orbitando, debido a un tumor, la central neurálgica del cerebro.

El relato de las desventuras médicas de Karinthy alcanzó un segundo ciclo de fama gracias a Oliver Sacks, que lo prologó tiempo atrás para una editorial neoyorquina. El médico inglés lo tenía por obra maestra y como modelo para sus propios libros, aunque el relato ágil y desesperante del húngaro no se les parezca mucho.

Karinthy se entrega a la sátira, aunque a medida que se suceden los diagnósticos el juego narrativo va deslizándose hacia la tragicomedia. Para esto la primera persona es clave: con su tono chacotero, lleva distraídamente la narración hacia ese momento escalofriante en que la soledad es algo más que estar solo.

En los años de entreguerras, Karinthy era una figura popular en Europa central por sus columnas humorísticas en los diarios y por sus piezas teatrales. El clima de comedia es explotado en las primeras páginas con talento capcioso. Solo de esa manera se explica que el ruido atronador de trenes donde no los hay (primer síntoma de que en la cabeza del autor algo anda mal) resulte menos angustiante que precursor de la escuela del absurdo. Las frases ingeniosas brotan en cada rincón, mientras Karinthy no deja de recordar, entre la autoafirmación y el sarcasmo, su propia celebridad. Cuando un escritor joven le pide consejo, el más veterano considera: "Le diré que, en efecto, tiene talento, y que precisamente por eso debe dejar de escribir, ya que los tiempos no están para la literatura".

Karinthy no puede dejar de retratar su época con gracia, pero la desventura clínica empieza poco a poco a absorberlo todo. Cuando en Viena acompaña a su mujer al gran manicomio en que ella estudia (la escena recuerda cierto pasaje de El hombre sin atributos), reconoce en un alienado enfermo su propio rostro. Medio en broma, medio en serio, anuncia que también él debe de tener un tumor. Anota con superstición de escritor: "Me tortura la tenaz sospecha de que todo comenzó al pronunciar aquellas palabras: la criatura nació cuando la llamé por su nombre".

Podría decirse que en ese exacto instante el libro se reconoce a sí mismo como experiencia. Según revela en el prólogo Juan Forn (director de Rara Avis, la colección en que se publica el volumen), Karinthy fue dando a conocer la serie en la prensa, narrando en tiempo real, capítulo a capítulo, la encrucijada de final abierto ante la que se encontraba. El tono de crónica le da al relato esa vivacidad de primera mano, sin retoques, y también lo hace ceder a algunas larguras, como el traslado de Budapest a Suecia, donde una eminencia está dispuesta a extirparle el tumor.

Karinthy aborda la zona clave de su historia, "ahora que vivimos en una novela fantástica", con inventiva expresionista y onirismo. En las páginas nodales del libro, describe la larga cirugía a cráneo abierto, en la que permanece despierto, con frialdad alucinada. El final, después de la ordalía, es contagioso: el sobreviviente se felicita por emprender, a sus 49 años, un primer viaje por mar. Imposible no acompañarlo en su entusiasmo vital. El lector, sin embargo, quedará seguramente descolocado al enterarse de cómo, ya fuera del libro, continuó la gesta: quienquiera que escriba la novela de la vida le asignó al autor, un par de años más tarde, una muerte indolora y fulminante.

VIAJE ALREDEDOR DE MI CRÁNEO

Por Frigyes Karinthy

Tusquets. Trad.: F. Oliver Brachfeld. 238 págs., $ 329

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