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Los debates que agita el nuevo mapa reproductivo

Leila Vecslir
Leila Vecslir MEDIO:
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2 de febrero de 2018  

En los últimos meses, un fuerte debate se instaló en las redes sociales debido a dos casos de gestación sustitutiva -denominada comúnmente "alquiler de vientre" o "alquiler de útero"- con protagonistas notorios: el nacimiento de Mirko, hijo de Marley, y el de Matilda, hija de Luciana Salazar. Ambos casos reavivaron una polémica aún no saldada en nuestro país con relación a la gestación por sustitución, una práctica reproductiva que redefine los entrecruzamientos entre la salud, la genética y el dinero.

La gestación por sustitución forma parte del mapa reproductivo contemporáneo, una trama compleja en la que entran en contacto nuevos actores: clínicas, especialistas, consejeros genéticos y parejas o personas solas que desean concretar el proyecto de tener un hijo y cuyas condiciones no les permiten lograrlo por la vía reproductiva de la sexualidad.

En esta nueva práctica, una mujer gesta un niño en su vientre para entregarlo luego a los padres legales, pero, es necesario aclarar, ese bebé no se encuentra genéticamente ligado a la mujer gestante, es decir, no es concebido con sus óvulos, para ser más precisos.

El material genético con el que se concibe ese bebé puede ser de los padres legales, en el caso de que tengan óvulos y esperma pero la mujer no pueda llevar adelante el embarazo por imposibilidad médica (la ausencia de útero, por ejemplo); puede ser que alguno de ellos aporte material genético y se recurra a un donante del material genético faltante, o bien, íntegramente de donantes. En el caso de personas solteras, indefectiblemente deberán recurrir a un donante, ya sea de esperma u óvulos. Tal es el caso de Marley y de Luciana Salazar, ambos pueden haber aportado su material genético, pero han debido recurrir a donante de óvulo y de esperma, respectivamente.

Como vemos, a partir del desarrollo de las tecnologías de reproducción asistida, un fenómeno vital que considerábamos una unidad indisociable se ve escindido en múltiples piezas: los óvulos y el esperma se separan de los órganos que los producen y, con la gestación por sustitución, vemos cómo se separa la gestación de la crianza.

A diferencia de los casos de reproducción tecnomediada, en los que quien gesta luego cría al bebé, en la gestación por sustitución los padres legales del bebé son quienes inician el tratamiento y el proceso legal que conlleva esta práctica. En los marcos de sentido actuales, esta entrega del bebé gestado a los padres legales aparece como un desgarro, y, por diversas razones, aún no es factible realizar estudios psicosociales acerca de cómo experimentan los niños su propia situación con respecto a otros, hermanos, hermanas y otros/as niños/as, información fundamental para regular las prácticas de gestación por sustitución, que en nuestro país se encuentran por fuera de todo marco normativo.

En la Argentina, la inclusión del artículo 562 en el proyecto de ley de reforma, actualización y unificación de los códigos Civil y Comercial representó el intento de regulación de este nuevo fenómeno en 2012. Sin embargo, la dificultad para lograr un consenso con relación al intercambio económico entre la gestante y los padres prospectivos provocó que quedara fuera del nuevo código.

Y es ahí donde entran los personajes públicos: ellos pueden asumir los altos costos de las prácticas médicas de la gestación por sustitución, la compensación económica de la mujer que llevará adelante el embarazo, el asesoramiento legal y la realización de este proceso en el exterior, principalmente en Estados Unidos, en donde algunos estados cuentan con agencias dedicadas a tal fin. El espíritu de libre mercado ha llegado al ADN. Allí, es posible encontrar una gestante y donantes de material genético por catálogo, basta con conducir una simple búsqueda en cualquier buscador de Internet.

Cuando son personajes públicos los que acceden a la gestación sustitutiva, esta adquiere un matiz diferente: los bebés son expuestos al gran público con una velocidad y una voracidad inusitadas. Con diferencias, los padres de Mirko y Matilda fueron objeto de evaluación: Marley contó con la aprobación del gran público. En un alejamiento explícito del ideal de perfección que propone el discurso publicitario, expuso sus miedos y su torpeza con relación a la crianza. Les preguntó a sus seguidores de Twitter: "¿Colecho sí o colecho no?". Encarnando una concreción exagerada del ideal de perfección, Luciana Salazar cosechó la desaprobación de la audiencia: escenas de detallismo sobre la ropita, la torta del baby shower o alabar el vómito sin olor de la bebé no lograron más que encontrar rechazo. ¿Cómo interpretar en clave sociológica los surrogacy journals que ambos personajes públicos llevan adelante en TV y redes sociales? En línea con la creciente pluralidad de las uniones familiares, el caso de un hombre que concreta su deseo de ser padre sin una pareja no encontró mayores resistencias. En el caso de Salazar, la ausencia de un diagnóstico de salud que le impida quedar embarazada levantó la sospecha de que el sentido prevalente por el cual optó por esta vía fue "no querer arruinar su figura", lo que le generó un fuerte castigo social.

Uno de los grandes dilemas ante el cual nos coloca la gestación sustitutiva es la lactancia. Diversos estudios en psicología del desarrollo afirman que los bebés no solo se alimentan a través de la leche materna, sino que aprenden a relacionarse con la madre y con el mundo a través del contacto corporal. La lactancia en los casos de gestación sustitutiva se da en un período prefijado entre la gestante y la madre legal: se reduce a los meses acordados y se interrumpe, artificialmente, cuando estos finalizan. De modo que a los bebés se les imponen circunstancias creadas adrede y se los somete a la lógica artificial de los adultos, contabilizada en meses o semanas, en detrimento de sus propias necesidades. Por otra parte, si la mujer gestante lo incluye entre sus condiciones, puede elegir no amamantar. Si bien existen formas de inducir la producción de leche materna en la madre legal, se trata de un proceso que requiere supervisión médica y no del todo conocido en nuestro país. Estas cuestiones constituyen, por definición, factores determinantes de la gestación sustitutiva y algunas de las razones que inclinan la balanza, pero no precisamente a su favor.

Con ánimo de entender qué es lo que está en juego en estas prácticas, el tratamiento mediático del tema debe ser por demás cauteloso. La academia local también debe hacer un esfuerzo: las derivas de las tecnologías de reproducción asistida no cuentan con la financiación ni con el reconocimiento disciplinar con que deberían contar, considerando que es la estructura del parentesco lo que está en juego. Y todos, como miembros de una trama social que se transforma, debemos dar un debate en torno a los lazos genéticos: ¿qué es lo que nos une a los/as otros/as?

Magíster en Género, Sociedad y Políticas (Flacso); docente y autora de trabajos científicos en torno a la reproducción tecnomediada, la genética y el riesgo

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