Ecuador se prepara para el choque final entre Moreno y Correa

La campaña estuvo salpicada por escraches al expresidente, que se juega su futuro político desafiado por su ex delfín
Ramiro Pellet Lastra
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2 de febrero de 2018  

La colisión entre el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, y su antecesor, Rafael Correa, que se miden como dos boxeadores por la pelea de fondo, tendrá finalmente lugar pasado mañana, después de las advertencias del primero contra el regreso de "los matones del barrio", y de la alerta del segundo sobre un supuesto "golpe de Estado".

Los dos grandes referentes de la vida pública ecuatoriana son las caras visibles de un referéndum, convocado por Moreno, que aspira a eliminar la cláusula constitucional que permite la reelección indefinida. Se espera frenar así los deseos de Correa de ser otra vez candidato y, mientras, seguir al frente de una tropa de leales en la administración.

Tras dos mandatos consecutivos a lo largo de una década (2007-2017), Correa dejó el gobierno en mayo pasado, no sin antes negociar una enmienda a la Constitución que extendió al infinito la posibilidad de presentarse a elecciones. Una jugada que sus críticos vieron cortada a la medida de sus desmesuradas, cuando no insaciables, ambiciones.

En la región, solo Venezuela, Ecuador y Nicaragua conceden a sus autoridades la posibilidad de presentarse a elecciones cada vez que lo consideren necesario, a entrar y salir del palacio de gobierno, lo cual suele entenderse como entrar y quedarse de manera más o menos permanente.

Moreno quiere dar vuelta el reloj y revertir la polémica enmienda, algo que según todas las encuestas logrará cómodamente con una holgada mayoría en la votación de pasado mañana. Los sondeos le dan un respaldo del 59% al 84%, dependiendo de cada pregunta. Su objetivo declarado: refrenar los impulsos autoritarios de quien pretenda dotarse de poderes absolutos. Traducción: adiós a Correa.

El mes de campaña se vivió con la pasión de una elección presidencial. Correa volvió de Bruselas, donde se había instalado con su familia, y se puso la campaña al hombro para pelear por su supervivencia política.

Recorrió el país en caravana con visitas que tuvieron cuotas de tensión y repetidos actos de agresión de parte de sus detractores, que se desquitaron malamente de una década de hegemonía, con escraches montados a puro huevazo, la herramienta favorita de sus desbocados enemigos.

Anteayer se quedó atrincherado en una radio donde lo entrevistaban, en la localidad de Quinindé, mientras afuera la turba se ensañaba con su camioneta de campaña, cubriéndola con una mezcla indefinida de desperdicios nauseabundos. Correa tuiteó desde el estudio que la situación era "muy grave" y que la radio estaba "rodeada" por militantes del bando rival. Finalmente los ánimos se calmaron y el expresidente salió caminando.

"Correa fue recibido con mucha violencia. Lanzarle huevos fue una forma de humillarlo socialmente. Estos hechos lamentables dan cuenta de que el autoritarismo no es patrimonio de Correa, es un problema del país que se reflejó en esta campaña, que ha puesto en evidencia lo que somos. Una tendencia al autoritarismo, a no respetar el diálogo democrático en una sociedad diversa", dijo a LA NACION el politólogo Farith Simón.

Correa y los suyos no solo anduvieron en caravana, sino que se montaron a coro al latiguillo de que la consulta que convocó el gobierno de Moreno es un "golpe de Estado", una denuncia vacía de contenido, y que el referéndum se modeló para deshacerse de su figura y de su influencia en la vida política, lo cual es correcto.

"El pueblo tiene derecho a elegir nuevos gobernantes, a refrescar. Porque incluso la corrupción campea, como ya se pudo comprobar, cuando hay un solo gobernante que cree que va a quedarse de por vida", dijo Moreno en un mitin. Durante una entrega de viviendas sociales, un gesto de por sí proselitista a solo unos días de la votación, les dijo a los beneficiarios de las casas que no permitieran la vuelta al barrio de "ese matón típico que intenta imponer todo", como sucedía "al finalizar la década pasada".

Serán siete las preguntas del referéndum. Pero las más importantes son en primer lugar la que pretende borrar de la faz de la tierra ecuatoriana la reelección indefinida, desde luego, y la que pretende reformar de pies a cabeza el Consejo de Participación Ciudadana y Control (CPCC).

Este influyente organismo, con gran capacidad de maniobra sobre otras instancias de la Justicia y del gobierno -como decidir sobre nombramientos y duración de cargos-, es considerado algo así como un nido de correístas, un cuartel repleto de funcionarios del antiguo régimen que responden en las sombras a las consignas de su viejo jefe.

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