El argentino que es sommelier en Mónaco y elige los vinos de las estrellas

Sabrina Cuculiansky
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4 de febrero de 2018  

Emiliano Stratico trabaja en la cava más antigua del principado de Mónaco, donde compran desde el príncipe Alberto hasta Madonna
Emiliano Stratico trabaja en la cava más antigua del principado de Mónaco, donde compran desde el príncipe Alberto hasta Madonna

¿Conocen algún lugar del mundo en donde etiquetas de Cheval Blanc, Pétrus, Haut-Brion, Angelus, Ausone, Mouton Rothschild, Latour, Margaux, La Romanée-Conti y otros grandes nombres estén reunidos en la misma mesa de degustación?

Champagnes como Clos du Mesnil o Dom Pérignon, y grandes vinos de otras tierras como Massetto, Sassicaia, Vega Sicilia u Opus One también se almacenan en la bodega de la vinoteca más famosa del principado de Mónaco.

Un lugar donde hasta hacen yatch delivery a las personalidades más variadas del mundo. Les Grands Chais Monégasques es la tradicional vinoteca del Principado y la única que cuenta con un club privado de vinos para clientes VIP, de donde surge su clientela. Gente muy conocida y tradicional de Mónaco, como los miembros del gobierno, del Consejo Nacional (Parlamento), del ámbito del deporte, del espectáculo y de la realeza, todos concurren en busca de consejos para pasar un buen momento.

Emiliano Stratico es un sommelier argentino que está en ese privilegiado lugar. Director de cave y manager de marketing de Les Grands Chais Monégasques, Stratico tiene su máxima: "A los clientes les gusta ser reconocidos, siempre con discreción, y que nos acordemos bien de sus gustos".

Les Grands Chais Monégasques funciona desde hace más de cien años y tiene etiquetas de hasta 40.000 euros
Les Grands Chais Monégasques funciona desde hace más de cien años y tiene etiquetas de hasta 40.000 euros

Les Grands Chais Monégasques funciona desde hace más de cien años. Hoy cuenta con 300 metros cuadrados y más de 1000 referencias a disposición. Además del espacio de venta, tiene un bar privado y un whisky lounge de uso exclusivo para los mejores clientes. Stratico dice que hay etiquetas de hasta 40.000 euros.

-¿Quiénes pasaron últimamente por allí?

-Nuestros clientes son nacionales e internacionales, de lo más selecto de la escena mundial. Proveemos al Palais Princier y tuve el honor de compartir galas con el príncipe Alberto II. Pierre Casiraghi, el sobrino de Alberto, concurrió a elegir los regalos de Navidad para su tío. El creador de EasyJet, [el empresario griego] Stelios Haji-Ioannou, viene asiduamente para equipar su bodega con las más selectas botellas. Del mundo del deporte tenemos varios clientes, como como Radamel Falcao, jugador del AS Monaco, a quien oriento personalmente. El año pasado, Madonna compró algunas botellas para su cumpleaños, que suele festejarlo en la Riviera francesa.

Emiliano Stratico (43) vivió en la Argentina hasta los 25 años, cuando decidió radicarse en París como parte de su trabajo en Air France. Allí estudió lingüística en la Universidad de La Sorbona y empezó a interesarse por el vino. La tesis de su maestría fue "Cómo enseñar idiomas a través del vino", con la que dio conferencias de idiomas respecto del tema. Recorrió viñedos y realizó la carrera de sommelier en la reconocida escuela WSET, de Londres. En la actualidad, se especializa en el armado de programas y contenidos de cursos sobre idioma y vino para sommeliers.

-¿Cómo llegaste a Mónaco?

-Había visitado el principado en varias oportunidades y tenía gente conocida en el área. En un momento se abrió un puesto de trabajo y decidí postularme: quería cambiar mi vida citadina de Londres o París por algo más mediterráneo pero internacional.

-¿Por qué el vino?

-Desde muy chico me interesó la mesa, salir a comer, explorar restaurantes y bares. Siempre me gustó además la geografía, el contacto con el terruño, y en el vino encontré una pasión que se convirtió en trabajo, en donde pude hacer converger todo lo que me gusta: el buen vivir, el arte de la mesa, los viajes, los idiomas, la geografía, la historia. y el storytelling, eso de contar una historia y cautivar a la audiencia, en este caso con una copa en la mano.

-¿Qué es lo más antiguo que hay en la cava?

-Es la más grande y antigua del principado, las cavas son de piedra. Entre las botellas raras hay un Château Latour de 1871, La Romanée-Conti de 1936 y un champagne Dom Pérignon de 1969.

-¿Qué fue lo más raro que te pidieron?

-Un cliente que no conocía, un día entro y me dijo: "Voy a comprar todo lo que brilla", y en su gran compra se llevó todas las botellas que presentaban algún brillo, entre ellas un mathusalem (botella de litros) de champagne Moët et Chandon bañada en oro.

-¿La gente pasa y compra o hay que hacer una cita?

-La gente pasa y compra, es espontáneo. Si quieren hacer una cata, tomar un curso, o bien recorrer la cava y tomar una copa deben hacer cita (salvo clientes muy VIP). El uso del bar y lounge es solo para los VIP, que pueden venir con o sin cita. La mayoría pasa y listo, porque justamente les gusta que mantenemos mucha discreción con los famosos. Mucha gente en Mónaco busca tener perfil bajo, y en nuestro espacio, como es íntimo y reservado a ciertos clientes, encuentran un lugar de relax en donde el vino es el protagonista.

-¿Conociste la bodega de algún personaje?

-Estuve en la del príncipe Alberto, en la de Stelios Haji-Ioannou y en la del Hôtel de Paris, que fue la más impresionante. En general, no podemos develar muchos datos de las caves privadas.

-¿Tus compradores son conocedores?

-Sí, la mayoría son grandes conocedores y coleccionan botellas de mucho prestigio. Para mí es un gran desafío, y me obliga a tener que formarme y aprender aún más de forma constante. Por otro lado, tengo la oportunidad de degustar vinos de primer nivel mundial con frecuencia, como por ejemplo Cheval Blanc, Pétrus, Massetto, Adrianna de Catena, Latour, Romanée-Conti, champagne Dom Pérignon de distintas añadas, y tantas otras cosas de primer nivel de forma regular, algo que podría hacer en muy pocos lugares del mundo. Si bien la lengua oficial de Mónaco es el francés, el país es trilingüe (francés, inglés e italiano), y eso me hace practicar a diario los tres idiomas, mi otra pasión. Todo esto combinado con un ambiente internacional exigente, haut de gamme, que me propone un desafío extra.

-¿Qué es lo que más se vende y a qué precio?

-Lo que más se vende es vino francés de entre de 75 y 750 euros, y mucho ron, whisky y cognac de los que tenemos botellas de colección como la de cognac Louis XIII de Rémy Martin, que está hecha en cristal opaco, o botellas de porto Taylor cosecha 1863.

-¿Tienen vinos argentinos?

-Sí, y desde que estoy como encargado de la cave le he dado mucho impulso. Trabajamos más que nada con Rutini y Catena. Vendo mucho Cheval des Andes, por ejemplo, o Adrianna de Catena (son vinos de 90 euros, más o menos). Durante el mes de abril, en convenio con Wines of Argentina, organizo el Malbec Day. Desde que empecé hubo un incremento considerable de venta de vinos malbec y otras cepas de la Argentina.

Emiliano dirige las degustaciones en el lugar
Emiliano dirige las degustaciones en el lugar

-¿La bodega está relacionada con el nacimiento del principado?

-Comenzó hace más de cien años, en el antiguo barrio de comerciantes de Mónaco, llamado La Condamine. Este barrio aún hoy refleja el espíritu de la época y siguen perdurando los negocios más tradicionales, entre ellos Les Grands Chais Monégasques, y el mercado en la antigua Plaza de Armas, justo debajo del Palacio. El espacio lo comenzó un monegasco, el señor Ginocchio, quien compraba vino en Francia, en la Provence, y luego lo ponía en barricas en Mónaco, lo embotellaba, y la gente venía al mismo lugar donde estamos hoy a buscar sus vinos. El negocio fue galardonado en París en 1909 durante la Exposición Universal, y empezó a prosperar pero siempre con el mismo espíritu local y en el mismo lugar. Aún hoy están las viejas barricas tan arraigadas a la historia del principado.

-¿Cómo es vivir en Mónaco?

-Si bien viví mucho en Francia, mi raíz es italiana. En Mónaco pude encontrar ese equilibrio entre las culturas francesa e italiana, porque el principado está a 20 minutos de Niza y a 20 minutos de Ventimiglia, Italia. Hago mis compras en el mercado de Ventimiglia, compro mi café en Italia, pero mi té en Francia. Los quesos, un poco y un poco, el brie francés, y otro en el Piemonte; el roquefort en Francia y el gorgonzola en Italia. Así voy recorriendo los mercados de los tres países en pocos minutos, algo que para un sommelier amante de la buena mesa es una gran felicidad. Con respecto a los vinos, en Mónaco tenemos acceso a todos los vinos cercanos a la Provence, los de otras regiones de Francia y muchos de Italia: la mayoría del Piemonte como los tintos de Barolo y Barbaresco, que maridan con las comidas otoñales a base de trufa, o los blancos de Liguria como los Pigato y Vermentino, que acuerdan de maravilla con las pastas al pesto en una noche de verano. Todo este mix hace que el principado sea para mí un lugar confluyente se sabores, aromas, idiomas, exigencia, oportunidades, jet set, mercados, todo junto y en pocos kilómetros, lo que en pocos lugares del mundo podría encontrar. Y además, con el agregado de despertarse con el marco del Mediterráneo y las montañas.

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