Surfear a partir de la imaginación: Pablo Martínez, no vidente, ya participó en dos mundiales

Pablo Martínez en plena acción, en Mar del Plata; a fin de año se recibirá de kinesiólogo; : sus secretos para disfrutar sobre la tabla y la admiración que genera Fuente: LA NACION Crédito: Mauro V. Rizzi
3 de febrero de 2018  

MAR DEL PLATA.– Sobre una de las tablas viajan la experiencia y la historia. Sobre la otra, el coraje y la voluntad de superación. En ambas, sobre la misma ola y tomados de la mano, la pasión y esa sonrisa común que contagia el surf. Fernando Aguerre , presidente de la International Surf Asociation (ISA) y Pablo Martínez, ciego e integrante del equipo nacional de surf adaptado, se dieron un gran gusto de remar juntos, filtrarse entre la espuma del mar próximo al faro y mostrarle al mundo que no hay límites para este deporte.

Fue un reencuentro en aguas marplatenses, las mismas donde Aguerre empezó con los primeros revolcones hace casi medio siglo. Y las mismas también donde Martínez se animó a ir más allá de la frontera que le impuso esa oscuridad que lo envolvió cuando tenía 5 años, sin que la ciencia aún pueda explicarle el por qué.

Ambos habían compartido sus primeras charlas en California, hace un par de meses, cuando con mucho sacrificio y apoyo de conocidos Pablo logró participar por segundo año consecutivo del Mundial de Surf Adaptado.

Con su tabla diseñada con la bandera argentina de punta a punta, Martínez llegó hasta la ronda eliminatoria y, como el año anterior, se quedó fuera de la final, que era el gran objetivo. En un mar difícil, al que le costó adaptarse, pero al que le hizo frente con la misma fuerza y confianza con la que en abril de 2016 aceptó la propuesta de Matías, su primer entrenador: “¿Y si probamos en el mar?”, lo tentó aquel día en una playa de Miramar. Y allí fue. Y allí, también, en dos o tres días, andaba parado sobre la tabla, convertido en el primer surfista ciego del país.

“Desde aquello a estar hoy corriendo una ola nada menos que con el presidente de la ISA, el hombre que maneja el surf en todo el mundo, y encima marplatense, es un honor, un orgullo y una gran felicidad”, contó Martínez a LA NACION.

Este nuevo cruce entre ambos se concretó en Honu Beach, un coqueto parador donde se respira surf cada minuto. Pasa Martín Passeri, uno de los mejores argentinos en la elite de este deporte, y abraza a Aguerre y Martínez. Se acerca el actor Facundo Arana, que descansa con su familia, y pide permiso para saludar a Pablo. “Es un honor para mí”, le dice, conmovido por el ejemplo que representa este joven de 28 años al que la ceguera temprana no pudo tacklear su vocación de superación personal.

“Admiro a Pablo porque él siente la ola, percibe que viene y apela a otras sensaciones y sensores que tenemos distraídos en el cerebro para lograr lo mismo que nosotros solo podemos hacer gracias a que vemos”, explica Aguerre, también cautivado por esta habilidad de quien en este día se convierte en su compañero de aventura, en busca de compartir un rato sobre las tablas y divertirse a la par. Y lo logran, claro que sí. Aplaude Silvina, desde la orilla, cuando ve a su novio y a Aguerre surfear tomados de la mano.

Al agua van Aguerre, Martínez y Fernando Elichiribehety, más conocido como Chiri, el entrenador y lazarillo de Pablo cuando hay una tabla de surf de por medio. El pionero marplatense va con su tablón en busca de su ola y la otra pareja inicia su proceso de sincronización, cada vez más aceitado a partir de horas compartidas en el mar y esa amistad que se fortalece más allá de la clase y los viajes compartidos.

“Con Chiri nos estamos dando cuenta de que a partir de esta experiencia, desde que comencé con el surf y este entrenamiento que continúa todo el año, hasta logro ubicarme y moverme mucho mejor fuera del agua”, detalla de este bonus track que dice aportarle un deporte que jamás había tenido entre sus planes.

Lo explica más claro: en el mar, dice, su oído se relaja porque solo está atento al movimiento de las olas. La siente más cerca o más lejos y así –más una indicación de Chiri– tiene referencia para remar y preparar su salto hacia la tabla. Sobre la tierra, compara, hay una infinidad de ruidos y la infraestructura es en su mayoría fija. “Salgo fortalecido, creo que a partir del surf tengo una vida mejor en la calle”, asegura.

Cerca de cumplir 60 años, Aguerre escucha, se sorprende y sonríe. “Yo no sé si me animaría a surfear una sola ola con los ojos vendados, creo que ni siquiera podría intentar cerrar los ojos por esa incertidumbre de no saber que hay por delante”, reconoce al valorar aún más esta patriada de Martínez, que está decidido a reforzar su entrenamiento para ir en noviembre próximo a su 3er Mundial. Se avecina entonces otra edición de la aventura de las rifas, los números que parecen no cerrar y siempre ese apoyo de muchos para que juegue su carta entre los mejores del planeta. Por eso, está decidido a apurar unos pocos exámenes pendientes que le quedan para completar su carrera profesional. Si todo marcha bien, si las notas son las que espera, antes de fin de año se recibirá de kinesiólogo. Insiste que quiere cumplir con ese paso para dedicarle más tiempo al surf.

Aguerre valora casos como el de Martínez, que a pesar de una limitación física puede encontrar su lugar y realización desde l surf. Y encuentra la respuesta en el mar, al que considera un igualador de posibilidades y condiciones. Explica que en el mar todos están “más o menos en igualdad, porque las olas no ayudan más a uno o a otro porque tenga más o menos dinero, sea profesional o un empleado raso. Ahí somos todos iguales”.

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