Rafael Flores: "En términos fiscales, el gran desafío para el Gobierno se va a dar en 2019"

El presidente de la Asociación Argentina de Presupuesto dice que la "ley madre" está desactualizada y que es imposible reducir el déficit fiscal con un shock
Carlos Manzoni
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4 de febrero de 2018  

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

MINIBIO. Profesión: economista; e studios: licenciado en Economía (UBA) y especialista en Administración Financiera del Sector Público (UBA); t rayectoria: trabaja en la Asap desde mayo de 2014.

Rafael Flores es un experto en eso de desmenuzar el presupuesto nacional, una tarea que suele arrojar información preciada sobre el funcionamiento del Estado. Como presidente de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), dice que la "ley madre" de este año ya está desactualizada, que la pauta de 10% de inflación que figura allí es incumplible y que este presupuesto 2018 genera ciertas dudas por las modificaciones que se hicieron con posterioridad.

Más allá de eso, opina que la ley de gastos siempre sirve, que la reforma previsional fue una muestra de la falta de una visión de mediano plazo, que reducir el déficit con un shock es imposible y que el año próximo ya no habrá tanto espacio para reducir los subsidios económicos. Con ese panorama por delante, concluye: "El gran desafío para el Gobierno en términos fiscales se va a dar en 2019".

-¿Cómo ve la economía argentina?

-Está en una situación compleja. El Gobierno tomó nota de uno de los principales problemas que tenía, que era la falta de coordinación entre la política fiscal y la monetaria. El déficit fiscal le generaba al Banco Central (BCRA) problemas para cumplir con la reducción de la inflación. Pero al mismo tiempo la política del BCRA de tasas altas le generaba muchos problemas a la estrategia del Ministerio de Hacienda de reducir el déficit gradualmente apostando a una suba del PBI. ¿Por qué? Porque con tasas de interés de 29%, la posibilidad de un crecimiento del PBI basado en la inversión se hace compleja. Esa tensión se saldó en favor de la política fiscal.

-¿Cree que la inflación fijada en el presupuesto es cumplible?

-Una cosa es la pauta de inflación que está en el presupuesto (de 10%) y otra, la meta que se anunció el día después de aprobarlo (de 15%). El presupuesto nacional ha quedado desactualizado, porque después de que se aprobó se hicieron la reforma tributaria y la previsional y se modificaron las metas de inflación. El Ministerio de Hacienda debería rearmar los números. Por eso, la pauta de 10% me parece incumplible, pero la de 15% se acerca más a lo posible.

-¿Sirve para algo ese presupuesto desactualizado?

-Sí, el presupuesto siempre sirve. Tiene muchas funciones, incluso cuando había presupuestos con mucha distorsión, como en 2014 (cuando hubo 34% de modificaciones). El presupuesto ordena el funcionamiento de la administración pública. Ahora, ¿en qué no sirve? En dos cosas: la primera es que la discusión parlamentaria queda fuera de contexto (se discuten números que no son los que se van a terminar ejecutando) y por otro lado tampoco sirve para darle señales claras al sector privado de lo que va a hacer el Estado.

-¿Cómo es el actual presupuesto comparado con el de otros años?

-El de 2014 y el de 2016 tuvieron variaciones muy grandes. El de 2017 tuvo un nivel de modificaciones inferior al 7% (la distorsión más baja desde 2004). Este proyecto de 2018 genera ciertas dudas por las modificaciones que se hicieron con posterioridad. El Gobierno lo que ha planteado es una serie de objetivos de déficit primario, que es a lo que apunta más allá de cómo se vaya ejecutando. El planteo es: déficit primario de 3,2% en 2018 y de 2,2% en 2019. Esa es la estrategia.

-El objetivo está claro, ¿pero es posible alcanzarlo?

-El gran desafío para el Gobierno en términos fiscales se va a dar en 2019. Por dos razones: primero, porque no va a haber tanto espacio para la reducción de subsidios (además, a eso se le suma que va a ser un año electoral, cuando hay una demanda de fondos de transferencia a las provincias y de inversión importantes). Segundo, el Gobierno hace hincapié en el déficit primario, pero también hay que mirar el resultado financiero, que es el que muestra cuánta plata va a tener que salir a pedir el Estado nacional para financiar el déficit. Si tenemos cinco años más endeudándonos a este ritmo, vamos a tener un problema de deuda importante.

-¿Es un presupuesto un poco más austero con la obra pública?

-La obra pública no va a tener el crecimiento que ha tenido durante buena parte de 2017, porque hay una apuesta a que parte de esa inversión se canalice por la PPP o por la inversión de empresas públicas que no consolidan en el presupuesto. El Gobierno busca la manera de que no caiga la inversión, pero que tampoco tenga un crecimiento tan importante que le genere un problema fiscal.

-¿Está de acuerdo con los que dicen que hay que bajar el déficit con shock y no con gradualismo?

-Yo entiendo ese pedido, pero ¿dónde cortás? Un 76% del gasto primario es gasto social, entonces eso también les plantea un límite a los que quieren una reducción del déficit más acelerada. Ahí hay una situación muy compleja, porque gastamos mucho en jubilaciones y las jubilaciones son muy bajas; porque tenemos un nivel de gasto muy alto, pero la calidad de los bienes y servicios que presta el Estado es baja. Hace falta una discusión de largo plazo, que apunte a algo más que evitar una crisis.

-¿Cuál sería esa discusión?

-Una discusión sobre política fiscal de mediano plazo, es decir, cuál va a ser el espacio fiscal que vamos a tener para llevar adelante las transformaciones que se quieren hacer en términos macro. Uno ve que los objetivos son reducir la pobreza, reducir la desigualdad, mejorar la educación en todo el país, pero eso cuesta plata. Una gran discusión que se tiene que dar en este país es cómo hacer para tener mayor calidad del gasto público.

-¿Qué opina de la reforma tributaria?

-Apuntó a corregir algunas de las principales distorsiones que había en el sistema tributario argentino, que estaba compuesto de parches y al que, además, se le sumó la inflación. En los 12 años de kirchnerismo no se creó ningún impuesto nuevo, pero la recaudación se duplicó por el efecto de la inflación. Era más fácil dejar subir por inflación Ingresos Brutos que aumentar el Inmobiliario, que requería levantar la mano para votarlo y pagar un costo político.

-¿Cómo califica la reforma previsional?

-La reforma previsional es una muestra de la falta de visión de mediano plazo. Acá pasaron la moratoria previsional, la ley de movilidad y la reparación histórica, tres medidas que desde el punto de vista social y moral son justificadas, pero las tres juntas le generaron una presión insostenible al sistema. Esto llevó a que el gasto previsional creciera 10 puntos en su participación sobre el total en dos años. El problema era claro, ahora, la forma en que planteó la reforma el Gobierno fue equivocada. Se tendría que haber dado una discusión más amplia y ofrecido una explicación más clara a la gente.

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