Para las murgas porteñas todo el año es Carnaval

Familias enteras practican al menos una vez por semana para participar de los corsos de la ciudad
Familias enteras practican al menos una vez por semana para participar de los corsos de la ciudad Crédito: AFV
Germán Wille
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4 de febrero de 2018  

La noche cae con pereza sobre el Parque Irala, en La Boca. En el ingreso a ese lugar, un gran playón de cemento, hay unos 300 vecinos con ropa informal, organizados en filas donde primero van los niños, detrás los adolescentes y después los adultos. Todos pertenecen a la murga Los Amantes de La Boca y aguardan con pertinaz paciencia que comience el penúltimo ensayo previo al comienzo del Carnaval. Delante de ellos, formados en un círculo, están los percusionistas. Se oye fuerte un silbato, los bombos comienzan a sonar y los vecinos, a bailar. Al frente de este rítmico revoleo de brazos y piernas está Ariel Benvenutto, referente de Los Amantes, que sonríe y comenta: "Faltan dos días para que empiece la fiesta que esperamos todo el año. En este momento siento adrenalina pura".

La anécdota pasó hace un par de días, pero desde anoche, el Carnaval es un hecho y el fragor de los corsos se apoderó de los fines de semana del febrero porteño, y de los días feriados que otorga esta festividad, el 12 y 13 de este mes. "Este año tenemos corsos barriales en 30 puntos de la ciudad. participan 101 murgas", señala Silvia Coca, titular de la Comisión de Carnaval, dependiente de la Secretaría de Cultura porteña.

Las acompasadas danzas de las murgas, su colorido característico y el estruendo de sus bombos y platillos provocaron -y seguirán provocando-, como cada año, el deleite de los vecinos porteños que saben disfrutar de esta tradicional fiesta ciudadana, que además es gratis. "El año pasado asistieron a los corsos 1.500.000 personas. Esperamos que este año haya más gente, tenemos muchas expectativas", manifiesta Coca.

Atrevidos por Costumbre de Palermo ensaya sobre la calle Darwin
Atrevidos por Costumbre de Palermo ensaya sobre la calle Darwin Crédito: Ignacio Sánchez

Pero para que toda esta celebración brille como corresponde, hace falta prepararse con energía. LA NACION visitó los ensayos previos de tres reconocidas murgas porteñas: Los Amantes de La Boca, Los Chiflados de Boedo y Atrevidos por Costumbre, de Palermo. En cada una, la llegada del Rey Momo se vive con una intensidad especial, y los esfuerzos de los preparativos se multiplican al avecinarse la fecha esperada.

"Ensayamos todos los viernes durante el año -explica Gabriela Barraccia, de Los Amantes de La Boca-, pero en enero sumamos los ensayos a dos veces por semana". Lo mismo pasa en Palermo, donde Los Atrevidos duplican los encuentros en el primer mes del año. En Boedo, Los Chiflados triplican desde diciembre las citas semanales para ensayar.

Juan Carlos "Pipi" Porcel organiza desde la Asociación Civil Los Chiflados de Boedo las presentaciones de la murga homónima. Mientras un grupo de muchachos saca de la sede de la asociación instrumentos y los carga en una camioneta para trasladarlos al ensayo en el Parque Chacabuco, Porcel dice: "Todavía hoy, mucha gente escucha el sonido del Carnaval y se repliega. Que el ruido, que las calles cortadas. Pero es necesario explicar que la murga es un espacio de construcción colectiva y solidaria, que tiene por objeto darle alegría a la gente".

Los Chiflados nacieron a la vida pública en 1998. Participan de sus presentaciones unas 250 personas, entre bailarines, percusionistas, gente que canta en el escenario e integrantes de la fantasía (personas que se disfrazan o portan los estandartes y símbolos del grupo). Los colores de la vestimenta son blanco, rojo y azul. Estos dos últimos remiten a la camiseta de San Lorenzo. "Es importante que en cada murga esté bien presente la identidad del barrio", señala Porcel.

Ya en el Parque Chacabuco, los murgueros -y murgueras que, vale aclarar, son mayoría- ensayan a lo largo de un sendero de cemento al son de la percusión. A un costado, una mujer le da a un integrante de Los Chiflados su vestimenta. Al impecable traje hace falta agregarle todo lo que lo vuelve una real ropa de Carnaval: apliques, lentejuelas, mostacillas, flecos y demás adornos.

El de la vestimenta es otro ritual de la liturgia previa a las carnestolendas. Un ritual que, como tantos otros, unifica: "Cuando te ponés a poner apliques con otras mamás sale la charla, y si aparecen problemas, tratamos de solucionarlos", dice Gabriela Barraccia, de Los Amantes de La Boca, una agrupación activa desde 1992, que tiene unos 450 integrantes -es la más numerosa de todas- y que fue elegida como mejor murga por cuatro años seguidos, entre 2013 y 2017. Volviendo a la vestimenta, Los Amantes llevan los colores azul y oro. Obviamente.

Los Chiflados de Boedo se prepara en el Parque Chacabuco
Los Chiflados de Boedo se prepara en el Parque Chacabuco

Darwin, entre Gorriti y Honduras, en Palermo, está cortada. Es de noche. Unos cinco bombos con platillos descansan sobre la vereda. Hay movimiento de gente bajando objetos de una camioneta. En minutos comenzará el ensayo de Los Atrevidos por Costumbre. Preparan la orquesta para practicar por vez postrera las canciones, un rubro en el que esta murga, surgida en 1995 y reconocida por sus colores violeta, blanco y verde, se luce especialmente.

El director de este grupo murguero, Rubén "Gallego" Espiñio, baja parlantes de la camioneta como uno más. "Somos todos iguales. La murga iguala -explica Santiago Díaz, coordinador de Los Atrevidos-. Acá se junta alguien en situación de calle con un profesional. Es algo artístico, y es un proyecto social y político".

En el Parque Irala de La Boca el ensayo continúa a todo ritmo. Facundo Carman, otro referente y uno de los fundadores de Los Amantes de La Boca, observa con atención a su hija de 2 años que baila entre el grupo de niñas más pequeñas y comenta: "El corso de La Boca es algo familiar, y la murga también. A este lugar vienen hijos, padres, madres, abuelos". Analía Sosa, encargada de las fantasías de Los Chiflados de Boedo, corrobora lo que dice Carman: "En la murga estamos mi marido, mis hijos, mis nietos y yo. Es una pasión que compartimos todos".

También en el ensayo final de Atrevidos por Costumbre se ven familias enteras, y muchos chicos pequeños, ensayando pasos de baile murguero sobre Darwin.

Así como hay niños en los corsos, también están las personas mayores. "La mayoría de las personas grandes, los abuelos, se disfrazan y forman parte de la fantasía. El que no quiere bailar se puede disfrazar. Acá hay lugar para todos", señala Carman, que para el final deja una reflexión: "Yo me río cuando desprecian el corso barrial. Muchos no saben que los corsos barriales son las vacaciones de la gente pobre".

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