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Pablo Bernasconi y la nominación al "pequeño Nobel", emblema de un gran año del género infantil

Qué significa para el ilustrador argentino haber quedado entre los seis finalistas del prestigioso Premio Andersen y la trastienda de su postulación
Qué significa para el ilustrador argentino haber quedado entre los seis finalistas del prestigioso Premio Andersen y la trastienda de su postulación
Natalia Blanc
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4 de febrero de 2018  

Con Pablo Bernasconi en la recta final para el Premio Hans Christian Andersen, "el pequeño Nobel" de la literatura infantil, y otros cinco candidatos argentinos nominados al Astrid Lindgren, la otra prestigiosa distinción internacional a escritores e ilustradores del género, el año comenzó con fuertes expectativas para los autores nacionales que hacen libros para chicos y no tanto.

Falta relativamente poco para que se anuncien los ganadores del Andersen: la noticia se conocerá el 26 de marzo en la Feria del Libro Infantil de Boloña. Bernasconi está contento y sorprendido: "Lo que más me enorgullece de la nominación es hacer visible el material y la historia de la Argentina en este género. Que nuestra cultura pueda hacerse un lugar entre tantos países es muy meritorio; y sin duda es resultado de la dedicación de mucha gente, entre autores, ilustradores y editores, que sembró y creó bases para que estemos hoy en este lugar. No es casual que se reconozcan cada vez más autores de nuestra región. Se abren puertas porque alguien se ocupó antes que nosotros de buscar las llaves".

En la categoría Ilustración hay otros cinco finalistas: la suiza Albertine (coautora junto con Germano Zullo del excepcional álbum Mi pequeño), la austríaca Linda Wolfsgruber (ilustradora de algunos libros de Jorge Luján editados en el país), Xiong Liang (China), Iwona Chmielewska (Polonia) e Igor Oleynikov (Rusia).

¿Por qué es tan importante este premio? Porque, como el Nobel, distingue la trayectoria de un autor vivo. No condecora un libro en particular, sino la obra integral. Es decir que para elegir los candidatos para presentar a IBBY, la Organización Internacional del Libro Infantil y Juvenil que otorga este galardón cada dos años, los responsables deben escoger escritores e ilustradores cuyas obras hayan sido relevantes para el género LIJ.

En la Argentina, la impulsora de la nominación de Bernasconi y De Santis para 2018 (y de Laura Devetach y Diego Bianki, en 2016, y María Teresa Andruetto, que ganó en 2012 y es, por el momento, la única autora de Hispanoamérica que obtuvo un Andersen) fue la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (Alija). Con la misión de promover autores nacionales al mundo, la asociación envió dossiers sobre los postulantes locales y cinco libros relevantes de cada uno traducidos al inglés.

Fundada en 1985, Alija está integrada por escritores, ilustradores, narradores, especialistas, editores, bibliotecarios, docentes y mediadores de lectura. Este año (y también en 2016) un miembro de la sección local de IBBY, la editora Lola Rubio, integró el jurado del Andersen.

Todo esa tarea (elegir a los autores, preparar los dossiers y las traducciones, viajar para participar de las deliberaciones y poder así "defender" los candidatos propios) es silenciosa y voluntaria. "El trabajo para 2018 comenzó hace dos años y estuvo a cargo de la gestión anterior, presidida por Pilar Muñoz y Laura Giussani. En noviembre hubo recambio de autoridades y asumimos Rodrigo Ures como presidente y yo como vice", contó Marisa Vidal Varela. Uno de los requerimientos más costosos son las traducciones del material. En ediciones anteriores lo pagaron los propios autores. Esta vez, Alija consiguió apoyo del Ministerio de Cultura, algo que puede parecer lógico pero que, sin embargo, es excepcional. "La asociación se mantiene por el aporte de los socios particulares y de editoriales. El gasto anual fijo más alto es la cuota para pertenecer a IBBY. Se da una paradoja difícil de sortear: la institución internacional fija los montos de los aportes de acuerdo con el volumen de producción editorial de cada país. Como la Argentina tiene una gran producción de LIJ, nos toca una cuota alta. Pero las editoriales grandes muchas veces se resisten a pagar a Alija un aporte proporcional a sus producciones", explicó Vidal Varela.

Con sede provisoria en la biblioteca Manuel Gálvez (antes estuvieron en la Güiraldes y, al inicio, en casas de los socios), uno de los problemas de Alija es la falta de un espacio propio permanente. La valiosa biblioteca especializada, que contiene no solo títulos de todas las épocas y primeras ediciones sino también material teórico, está embalada. Además de metros cuadrados, necesitan apoyo financiero para emprender la catalogación digital. Mientras tanto, la asociación sigue adelante con sus programas de capacitación y de promoción de la lectura. También, con el concurso anual "Los destacados de Alija", que distingue a los mejores libros para chicos en categorías variadas. La postulación para los títulos publicados en 2017 cierra el 9 de febrero.

Otros ganadores que se conocerán este año son los de los premios Astrid Lindgren. Por la Argentina están nominados María Teresa Andruetto, Jorge Luján, Istvansch Schritter y las organizaciones Abuelas Cuentacuentos, de Chaco, y Cedilij, de Córdoba. Hasta ahora la única argentina que ganó este premio es Isol.

Mientras espera la noticia sobre el ganador del Andersen (que otorga una medalla de oro y un diploma, y una gran proyección internacional), Bernasconi trabaja en nuevos proyectos. "Experimentos como siempre, ahora más vinculados a la poesía y a la metáfora expansiva, esa que explica el mundo, ni más ni menos".

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