¿Te sentís alejada de tu pareja? Volvé a acercarte

¿Te sentís desconectada de tu amor? Encará el acercamiento
¿Te sentís desconectada de tu amor? Encará el acercamiento Crédito: Sebastián Arpesella.
Aprovechá este tiempo para frenar la acción y saborear el lujo de andar de a dos.
Ana Paula Queija
(0)
6 de febrero de 2018  • 00:00

Imaginate por un momento en esta situación: estás cenando en un patio increíble, rodeada de árboles, y tu techo es un cielo azul, lleno de estrellas. La música y la comida son una delicia y tu pareja está frente a vos. Lo retratás desde el mejor ángulo y te quedás un rato buscando el mejor filtro en tu celular para subirlo a las redes. Mientras, pensás en lo que tenés que entregarle a tu jefa este lunes y en lo nerviosa que te ponen, a veces, los mensajes de tu mamá. Más tarde, caés en la cuenta de todo –la comida, el contexto, la compañía–, todo eso que activa tus sentidos, y te das cuenta de que te habías ido.

Esto también nos pasa en casa, cuando abandonamos los mates con él por contestarle un mensaje de WhatsApp a esa compañera del laburo con un chimento irrelevante o cuando nos propone subir a la terraza después de cenar y pensamos: “Uf, qué fiaca, todavía tengo que bañarme”.

Valorá el lujo de andar de a dos

Vivimos en una rutina en la que amar se vuelve un lujo. Todo lo que tenés que hacer, tus mails sin responder, los compromisos y las responsabilidades diarias, suele distanciarte de tu persona número uno, la que elegiste para construir tu proyecto más importante, esa misma a quien alguna vez le dirigiste las palabras más cursis y con quien compartís tus detalles más íntimos, e incluso tus propias sombras. Vivir a mil hace que compartas momentos un poco “automáticos” y eso desmotiva, sumado a que el paso del tiempo trae una estandarización de sensaciones con la que es difícil lidiar: como en una góndola de supermercado, nuestro cerebro va ordenando lo que siente ante cada sorpresa, ante cada caricia y ante cada pelea, y vuelve todo bastante previsible.

Descubrir un tesoro en tu propia casa, por más absurdo que suene, le puede devolver una incomparable cuota de alegría a tu vida. Es cierto, el amor da trabajo y a veces no hay ganas de sumar más tareas, pero puede que te estés perdiendo de ciertos beneficios por no ponerles un stop a la vorágine de ocupaciones y a esas voces que –como los diablitos de los dibujos animados– te mandan señales equívocas de lo que te conviene hacer en cada momento. Hay que aprender a disfrutar de los lujos, y especialmente a vivirlos si están disponibles para nosotras.

Empezá el camino de regreso

¿Te sentís desconectada de tu amor? Encará el acercamiento
¿Te sentís desconectada de tu amor? Encará el acercamiento Crédito: Sebastián Arpesella.

Si algo de esto te resuena o te sentís identificada, preguntate y respondé con sinceridad: ¿cuánto hace que no lo ves a él, que realmente no mirás lo que hay en su interior? ¿Por qué creés que se dio la desconexión? Cuesta creer que, entre tantos momentos compartidos, a veces no existan encuentros reales, pero es el mal común de muchas parejas que se quieren, y aunque a veces parezca irreversible, puede tener un vuelco feliz.

Si se pudiera graficar el camino de regreso a tu pareja como un espiral, el centro sería el amor y todo el resto, lo que vamos avanzando hacia el nuevo encuentro de miradas. Durante el recorrido, habría que frenar en “estaciones” donde se analice la historia de la relación, como en los flashbacks de telenovela, poniendo el ojo en el momento en que “se perdieron” del otro para poder terminar en el reencuentro.

El primer paso, entonces, sería armar un estado de situación y entender los motivos por los cuales hoy no lo mirás o no se miran a los ojos de manera genuina. Un “ey, acá estoy, sigo acá para vos, para nosotros”. Sacarte la idea de que todo –incluso esta desconexión– es culpa del otro te va a ayudar a tomar la iniciativa para que la relación vuelva a hacer chispas. En las buenas terapias, adjudicarse la responsabilidad puede ser aliviador, incluso puede poner el viento a tu favor.

¿por qué nos fuimos?

Porque la acción siempre destruye el amor. Al formar una pareja y una familia, creamos una empresa juntos, que –paradójicamente– termina por “matar” el amor que le dio origen. ¿Cómo? Nuestros recursos son limitados: tenemos energía, herramientas y pensamientos que en algún momento se agotan, y si a esos recursos los ocupamos solamente en trabajo, amistades, cursos, series en Netflix y estudio, es obvio que no te va a quedar mucho resto para la pareja. Si no te sentís enamorada o atraída hacia tu pareja, puede que sea porque tenés tus recursos y tu energía ocupados en otras cosas. ¿Qué pasaría si esa horita que le dedicás a la serie del momento se la dedicaras algunos días a charlar con él, a salir a ver juntos el cielo o a dar una vuelta antes de acostarse?

Porque lo diste (demasiado) por sentado. A medida que la pareja se va consolidando, en paralelo se va debilitando. Bajo la falsa creencia de que el amor permanece, pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, empezamos a descuidar al otro. Hay falta de iniciativa en el amor –que pareciera lo más estable– en pos de los pendientes disfrazados de “urgencias” que surgen a diario. Es habitual en los seres humanos: cuando tenemos algo asegurado, nos aburre. Sentimos que nada tiene para decirnos y creemos que cualquier otra cosa es más importante.

Porque hay falta de reconocimiento. En muchos casos, lo que produce fisuras en las relaciones es la carencia de admiración que aparece con los años. Lo que nos parecía brillante y nuevo, hoy se volvió un commodity, algo que tenemos en casa y que “así debe ser”. Entramos en un modo automático, dejamos de escuchar lo que nuestra pareja tiene para decirnos, lo que siente, lo que puede dar, y eso nos aleja del cariño y también del erotismo. Hacé cada tanto el ejercicio de mirarlo como si lo estuvieras viendo por primera vez: ¿qué cosas nuevas le descubrís?, ¿a qué actitud suya jamás le habías prestado atención? Mirar con ojos nuevos algo ya archimegaconocido requiere mucho foco, pero puede ayudarte a reconocer una faceta que no sabías y despabilarlos un poco.

Por la química de nuestro cerebro. El cerebro se ve atraído por lo nuevo y está hecho para prestar atención a lo difícil o a lo peligroso. Entonces, desecha lo fácil y lo estable y no sabe cómo cuidarlo, por más bueno que sea. En esa categoría entra el amor, que además sentimos que debe mantenerse solo, como si fuera un producto terminado o directamente como si fuera magia, y nos olvidamos de que es necesario crear y controlar las condiciones para encontrarnos con él y que fluya.

AMAR ES ENFRENTARSE AL RIESGO

En el proceso de volver a conectarse, también puede surgir el miedo al desencuentro, a que el otro sea un extraño, de quien ya no sepas cuáles son sus sueños, ni él cuáles son los tuyos. También, a veces pasa tanta agua debajo del puente que tenemos pánico de volver a mirar al otro y que no nos atraiga, o no gustarle. Entonces, nos invade esa adrenalina –no muy linda– de cuando coordinamos un encuentro con una amiga que no vemos desde hace mil y pensamos que a lo mejor estamos las dos re cambiadas, o de una cita a ciegas. Algo está claro: es más fácil irse a dormir mirando Instagram o una serie que volver a mirarnos un rato en silencio. Para llegar al reencuentro, hay que estar convencida y correr el riesgo.

7 claves para reconectarse

1) Resistite a ocupaciones intrascendentes: cuestioná conscientemente lo que hasta ahora consideraste “urgencias”. No todos los mensajes de WhatsApp son importantes, tampoco sos tan adicta a una serie como para no poder largarla por un par de noches; no es tan importante dejar la casa ordenada (podés amanecer un día con los platos sucios y no va a cambiar el mundo), y podés faltar un día a Pilates también si estás en el medio de charla interesante.

2) Poné la pareja en agenda: casi todo en nuestras rutinas está programado. No luches contra eso y sumale a tu calendario los encuentros con tu pareja. Ponerlos en agenda no te dará la magia, pero sí las condiciones para que lo lindo suceda. En ese espacio, dejá que lo espontáneo fluya, pero si siempre estás “tapada de cosas”, jamás va a llegar ese tiempo.

3) No des todo por sentado: la certeza de que quien está al lado tuyo lo estará para siempre es solo una ilusión. Trabajá a diario para evitar sorprenderte con un final no tan feliz, dejando de lado la suposición de que nada cambia con el tiempo.

4) Dialogá con acciones: hacé crecer lo positivo donde hay algo negativo, pero no con palabras, sino con acciones. Por ejemplo, pensá en él cuando tomás una decisión, y en las situaciones más simples, como cuando te dan ganas de cocinar algo para disfrutar juntos (¿ese plato tiene lo que más le copa comer?).

5) Generá encuentros de calidad: dales valor a situaciones como el cafecito que se toman después de cenar, el ratito que están solos cuando los chicos se van a dormir o ese desayuno en el que coinciden una vez por semana. Salí de la comunicación de rutina, donde cada uno va dando datos del tipo “hoy hice esto, charlé con tal”, y entrá en diálogos más profundos en los que se abra el juego para saber realmente cómo se está sintiendo el otro.

6) Frená la crítica: el amor y la evaluación no son compatibles. Amar es registrar sin pensar, es un estado de contacto aceptador de algo lindo. Si siempre estás atrás de sus fallas, de su desorden, de sus pequeñas obsesiones..., ¿cómo vas a poder conectarte con lo que sí tiene y no estás mirando? ¿Cómo aprender a recibir? El sentido del humor es la herramienta número uno para aceptar las imperfecciones , las diferencias y esos detalles de la convivencia que te enervan tanto. Por ejemplo, si a él le copa el orden, aprendé a recibir una vida más ordenada al lado suyo, no te enrosques con que ahora ya no podés darte el lujo de dejar todo tirado. No te olvides de que naturalmente nos atrae lo distinto..., no te enojes con eso.

7) Producí momentos de felicidad: es tarea de ambos producir momentos felices, y ellos mismos se van a ir retroalimentando y reproduciendo con el paso del tiempo. No es tan complicado “robarle” un rato feliz al día: hagan una lista de las cosas que disfrutan hacer juntos. Puede ser lo que quieran: leer, bailar, chapar, ducharse juntos, correr, viajar, ver pelis, hacerse masajes, cocinar.

Que el cuerpo también se encuentre

También el sexo pasa a ser “una cosa más” de la pareja, y a veces hasta se termina esquivando. Suele pasar que las responsabilidades superan el juego, la pareja queda agobiada y alejada y el vínculo pierde toda pasión. Ahí parece difícil volver a mirar al otro con deseo, pero hay opciones.

Una es la aceptación: que el sexo se espacie no quiere decir que baje la calidad. Puede que siempre haya niños en tu cama o que las obligaciones los tengan tapados, entonces se espacian los encuentros, pero están conformes con eso porque cuando se encuentran la pasan súper bien. Otra opción, si no están conformes con la vida sexual actual, es buscar formas de recuperar el deseo, ya sea con una pequeña escapada solos, con una noche afuera de casa o bien haciendo resurgir el cortejo a partir del miedo a perder al otro y de encontrar nuevamente valor en él.

Tené en cuenta que la distancia de los cuerpos también genera distancia emocional. Cuando están en una etapa en que alguno está “asexuado”, es importante que igual haya encuentro de los cuerpos, ya sea con caricias, con abrazos o simplemente caminando de la mano.

A veces, el camino de regreso cuando te fuiste empieza por lo más básico y simple. Abrir los ojos, perderte en las pupilas del otro. Tomarlo de la mano, sentir el contacto de su piel y ahí, en un abrazo que no sabe de palabras ni de acción, escuchar el pulso de sus latidos. Y disfrutarlo.

Los nuevos territorios del otro

Por Miguel Espeche, psicólogo, especialista en vínculos.

Hay parejas que empiezan sin mirarse, sino que miran la idealización del otro y de uno mismo. Luego, en el momento de la familia, ambos necesitan dedicarse mucho al trabajo; cuando nacen los hijos, el tiempo en casa es para ellos; y en el medio interfieren crisis personales y vocacionales que afectan la pareja. Está en la madurez y en la generosidad de sus miembros poder pasar una y otra vez por estas crisis y volver a encontrarse para recrear el vínculo. Siempre hay nuevos territorios por explorar en el otro y en uno mismo. Ver la vida del otro como una novela que se devela frente a nuestros ojos, y sentir curiosidad por su crecimiento, es una buena herramienta.

La singularidad del encuentro es importante y puede estar cifrada en viajes juntos, en días juntos, en horarios para divertirse, pasarla bien y erotizar el vínculo en un sentido más sexual o bien para algo más abarcativo, compartiendo planes interesantes para los dos. No hay que tener miedo al desencuentro. Volver a mirar al otro y ver que no hay nadie ahí puede ser una alternativa muy dolorosa, pero donde no hay riesgo, no hay vitalidad. La posibilidad de que las cosas puedan terminar las intensifica. Muchas parejas han sucumbido creyendo que siempre iban a estar ahí como si fuera un dibujo tallado en la piedra, y eso justamente fosiliza la relación.

Siempre hay algo para aprender del otro, si sabemos mirarnos con buenos ojos.

¿Sentís la necesidad de volver al otro o estás conectada con tu pareja? ¿Qué consejos agregrarías a esta nota? También leé: Paula Chaves: "Los tiempos de la maternidad exigen que te bajes de la vorágine" y ¿Cómo saber si es amor?

Expertos consultados; Inés Dates, nuestra psicóloga, Patricia Faur, nuestra especialista en terapia de pareja y Silvina Valente, sexóloga.

Maquilló y peinó Ania Taniguchi para Sebastián Correa Estudio con productos Givenchy.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.