José Palazzo: “Cosquín Rock no tiene nada que envidiarle a los festivales del mundo”

Entrevista completa a José Palazzo, creador del Cosquín Rock

24:15
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Yamila Trautman
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6 de febrero de 2018  • 19:53

En el elenco estable de la escena del rock local hay un personaje inconfundible. Cresta y barbas blancas, ojos claros, tatuajes y una actitud arrolladoramente optimista, como si no hubiera nada con lo que no pudiera lidiar, José Palazzo es uno de los productores de shows y artistas más importantes del país. Creador del mítico Cosquín Rock, cabeza fundamental detrás de los shows multitudinarios de La Renga, amigo y colaborador de Charly García y responsable de que gran parte de los artistas internacionales que llegan al país también se presenten en su Córdoba natal, Palazzo es un auténtico promotor de la federalización del rock. “Tengo el diploma de productor”, cuenta cuando repasa la lista de visitas que llevó a tocar al centro de la República: Bob Dylan, Madonna, Paul McCartney, Guns N Roses... Un seleccionado de clásicos a los que en marzo de este año también se les sumará Phil Collins. “La industria está tan baleada que hoy para las compañías y los músicos los shows representan el recurso con el que se sustentan, por eso la música en vivo tiene mucho futuro”, reflexiona.

Como cada fin de semana de carnaval desde 2001, éste lo tendrá a Palazzo trabajando en una nueva edición de uno de los festivales que logró marcar la historia de nuestra música e incluso trascender las fronteras del país: el año pasado, Cosquín Rock tuvo ediciones en México, Perú, Colombia y Bolivia. El 10 y 11 de febrero, es decir este fin de semana todo el rock local estará tocando una vez más en el Aeródromo de Santa María de Punilla junto a presencias internacionales como Residente y Creedence Clearwater Revisited. Nueve hectáreas, seis escenarios, actividades alternativas, puestos de comida: “Nuestra idiosincrasia es distinta pero la estructura no difiere de la de otros festivales importantes del mundo como Roskilde o Coachella. La única diferencia es que la gente allá acampa adentro del festival y nosotros todavía no estamos preparados para eso”, cuenta.

–¿Cómo fue que Cosquín Rock se transformó en un formato exportable?

–Tengo algunos empresarios amigos que habían ido al festival y les gustaba mucho el formato y el rock argentino goza de muy buena salud en Latinoamérica, gracias al gran esfuerzo que hicieron bandas y artistas como Soda Stereo, Charly García, Fito Páez, Los Enanitos Verdes... El primer desembarco fue en México, donde combinamos bandas argentinas con artistas mexicanos en igual proporción, y fue muy exitoso. Así que a los seis meses repetimos la fórmula en Colombia, en Perú y Bolivia, y todavía no lo podemos creer porque hubo ciudades en las que asistió mucho más gente de lo que suele ir a espectáculos que ya tienen una tradición en esas ciudades. De hecho, en México y en Colombia probablemente se transforme en un festival fijo, un evento local.

–En esta edición, el festival dura dos días y no tres... ¿Por qué?

–Tiene que ver con un homenaje a la primera edición del Cosquín Rock, que fue el 10 y 11 de febrero de 2001, en la Plaza Próspero Molina y esta vez coinciden las fechas: agarramos la programación que hubiéramos armado en tres días y la compactamos en dos. Otra particularidad que tiene esta edición es que comienza más temprano, a partir de las dos de la tarde: artistas como Ciro, Residente o Las Pelotas van a tocar entre las seis y las nueve de la noche.

–¿Y la grilla como se configura?

–Al principio lo hacía solo pero hace tres años cuento con la colaboración de personas que saben: mi hija me ayuda en la selección de artistas nuevos y en desarrollo (ella junto a Adrián Dárgelos me bautizaron “cabesaurio”, porque dicen que tengo la cabeza de un dinosaurio, ya que no salgo de Black Sabbath, Led Zeppelin o Pappo: para mí es un elogio pero escuchar nuevos talentos es importante). Este año también me ayudaron personas que saben mucho de reggae para la configuración del escenario temático, y otros programadores que se dedican a eventos más alternativos me ayudaron con la grilla de los hangares. Así que armamos un equipo que funciona.

–¿Tus gustos personales siempre los satisfacés?

–Siempre. Y por eso me peleo en Twitter con la gente: soy muy pasional a la hora de programar y me gusta que determinados artistas estén en el festival porque sé que van a gustar. A veces me puedo equivocar pero por lo general funciona; todos mis gustos personales están ahí. De hecho, este año me enamoré de algunos proyectos como por ejemplo Los Espíritus que van a estar tocando en el escenario principal. La banda de Residente es muy impresionante en vivo y me parecía piola que la gente lo viera.

–Cosquín Rock mueve multitudes provenientes de todas partes del país... ¿Cuáles son los recaudos a nivel organizativo que toman a la hora de pensar en el bienestar de los asistentes?

–Desde hace muchos años trabajamos en conjunto con policía, bomberos y las fuerzas de la zona porque el Cosquín Rock no es solo el festival que ocurre adentro del predio sino lo que sucede alrededor. Entonces hay que tomar muchos recaudos. Llevamos adelante un operativo con tres partes: la salud, la seguridad y la intendencia, que tiene que ver con todo lo que sucede dentro del festival. Tenemos ámbitos de abastecimiento para que nunca falte agua, que se entrega gratuitamente, sectores de comida donde vendemos toda variedad, hasta opciones para celíacos: una problemática que tuvimos que encarar porque una vez que entrás al predio las distancias son muy grandes y quizás no te permiten salir a comprar comida. La salud es prioritaria, tenemos un hospital a 500 metros y corredores sanitarios por los que no circula el tránsito.

-¿Cómo surgió la idea de transformar el clásico del folclore en un festival rockero?

-En 2001, quienes tenían la concesión del festival me invitaron a armarlo en la Plaza Próspero Molina. Pero había un antecedente: una vez Luis Alberto Spinetta pasó por Cosquín rumbo a un evento en La Falda y dijo que quería presentar Durazno sangrando ahí, y así se hizo un festival llamado “Cosquín Contemporáneo” [Festival Argentino de Música Contemporánea de 1976, finalmente Spinetta no pudo participar] que solo duró una edición. El pueblo de Cosquín estaba acostumbrado al movimiento de gente pero el rock siempre genera una reacción adversa; sin embargo fue impresionante: hicimos la primera edición sin publicidad y sin promoción y se llenó la Plaza de gente de todo el país.

–Con el paso de los años se convirtió en un evento familiar...

–Sí, nosotros creemos que es como unas segundas vacaciones. Van muchas parejas jóvenes con hijos chiquitos. Incluso una vez se casó una pareja sobre uno de los escenarios, como decía Pappo de su micro: “Acá nació y murió gente”. ¿Sabés lo que se debe haber engendrado ahí, en 18 años?

La génesis del cabesaurio del rock local

–¿Cómo surgió tu vínculo con Charly García?

–A los trece años fui a ver Yendo de la cama al living al Estadio de Atenas, así que empezó como fanático. Después produje varios conciertos en los que me dio muchos dolores de cabeza. En 2005, con todo el estrés posterior a Cromañón, lo contraté para Cosquín Rock: su show era a la seis de la tarde y él llegó a la una y media de la mañana con 40 mil personas esperándolo. Por eso dije que no lo iba a contratar nunca más. Después, su sonidista que estaba trabajando como productor me propuso organizar unos conciertos y mi mujer de entonces me dijo que no quería saber nada con que trabajara con Charly, pero finalmente alguien la convenció. Ahí me tocó una etapa muy linda de su carrera en la que empezó a escribir Líneas paralelas. Tuve la posibilidad de colaborar en el Teatro Colón en uno de sus conciertos más maravillosos, fue un vínculo muy hermoso. Hoy tengo una relación muy buena, me considero amigo de Charly y lo quiero mucho y sé que está pasando por momentos difíciles, pero ojalá que podamos volver a tenerlo sobre el escenario. Es un tipo genial y brillante, una usina permanente de creación.

–Mencionaste aquel concierto que fuiste a ver a los trece años: ¿cómo surgió tu pasión por la música?

–Mi mamá me regaló un instrumento: empecé a tocar el bajo a los doce años y lo sigo haciendo, tengo una banda de blues que se llama Los Mentidores. Mi papá es un hombre muy serio y formal y yo soy abogado, porque en mi casa primero debías recibirte y después decidir qué querías hacer. Pero mi mamá es artista plástica, de ahí heredé la veta artística. Gracias a ese impulso tengo esta pasión por la música. Soy un gran consumidor.

–¿Y qué escuchabas en ese momento?

–Todo tipo de música: Kiss pero también Piero. Viste que cuando uno es chico mezcla todo. Creo que los chicos son menos prejuiciosos que el heavy, el rolinga, el tipo que escucha jazz, que cree que los demás no sabemos escuchar. En cambio el chico escucha lo que le gusta, el niño es el que más sabe de música. En ese entonces escuchábamos mucho en casete, los intercambiábamos con mis primos. Y después iba a todos los conciertos que llegaban a Córdoba: desde Sandra Mihanovich hasta Pedro y Pablo. Tuve la posibilidad de ver a Los Abuelos (de la Nada) y a Charly. Mis viejos me sacaban la entrada pero no me acompañaban, de hecho mi papá por cábala nunca fue al Cosquín Rock.

Los momentos más destacados de la entrevista

José Palazzo - Yamila Trautman

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