Una casa con árbol central y en sólo tres tonos

Amplitud espacial, síntesis material y mucho corazón en una casa de las afueras de Buenos Aires proyectada por la arquitecta Dolores Otamendi. Crédito: Javier Picerno
9 de febrero de 2018  • 20:44

El cuento es muy sencillo: un terreno grande con una espectacular arboleda rodeando una casa chica, al estilo de las quintas de otro tiempo. En una primera instancia, se refaccionó la construcción original, pero fueron llegando los hijos, los amigos de todos y la familia extendida. Y ya no entraron más. Hubo que tomar una decisión: ¿obra nueva o volver a reformar?

“Después de mucho negociar, la familia optó por empezar de cero. Y lo cierto es que todos se quedaron contentos con el resultado”, nos cuenta la arquitecta Dolores Otamendi, junto con su Estudio, a cargo de este proyecto integral en el que resolvieron hasta el más mínimo detalle.

Lo primero: respetar la arboleda y pensar todo según las vistas al parque. Después, crear espacios sin recovecos para una familia grande que, sin ser afecta a la rimbombancia, tiene buen ojo para el diseño, como demuestran la paleta en negro, blanco y distintos verdes, patios y galerías con pisos calcáreos con motivos sutiles, una entrada semitransparente con plantas tropicales y un cedro venerable en el centro de todo.

La puerta de vidrio repartido deja ver el inmenso paño de vidrio que trae el cedro al interior. Crédito: Javier Picerno

El camino se pensó curvo para que la abertura de la entrada (Costado) fuera un descubrimiento.

Esta gran puerta cambió todo. A partir de ahí, se definió la personalidad de la casa
Dolores Otamendi

Cuanto más altos los barrales, más sensación de amplitud. Y ya que se pone foco en ellos, que los géneros estén a la altura, como estos de algodón. Crédito: Javier Picerno

En el comedor, la pauta del color lo dan las sillas con distintas tramas en crudo y negro (Casa Didot) y la mesa de arrime verde (Dolores Otamendi), sobre la que cuelga un espejo circular. Otro destaque del espacio: una araña de hierro y cristal de la Rue de Stella.

Un inmenso roble caído que iba a ser descartado fue matriz para estas tres mesas cortadas en un aserradero vecino. Crédito: Javier Picerno

Las aberturas son negras, pero el resto alterna crudos y blancos. Los pisos de mosaico granítico generan la claridad y la solidez buscadas tanto por los dueños de casa como por la arquitecta.

Algunos de los almohadones del sillón fueron traídos de un viaje; otros, en pana verde, fueron teñidos por Ana Fuchs. Crédito: Javier Picerno

Las obras en grafito y pastel sobre tela son del joven artista santafecino Emiliano Bonfanti (galería Praxis), seleccionado en el Salón Nacional de Artes Visuales. El tríptico llegó hace poco y nutrió una pared que no era fácil de abarcar.

“El diseño de la casa es muy simple. Son los detalles los que hacen la enorme diferencia: uno de ellos es la altura de los techos - de 3,20 metros en lugar de los habituales 2,80-, que cambia la percepción espacial, generando una sensación de amplitud y espacialidad única. El otro, las notas en negro en carpinterías, nichos y aberturas”.

Junto a la biblioteca, sillón Gervasoni de un cuerpo (Dolores Otamendi). Crédito: Javier Picerno
En el piso, obra de Luisa Freixas. Crédito: Javier Picerno

Entre las bibliotecas negras, hogar de diseño neto con un perfil de hierro negro que a la vez hace de marco. “Los chisperos siempre se caen, molestan, interrumpen el paso. Así que se me ocurrió hacer uno embutido en la pared que baja por rieles. Funciona bárbaro”.

El mármol de Carrara de las mesadas baja hasta tocar el piso. Crédito: Javier Picerno

Con la misma paleta del resto de la casa, el mobiliario en negro da la nota en esta cocina, hecho con la misma carpintería de las bibliotecas del living. En el centro, isla con banquetas tapizadas en gris. Las lámparas colgantes son de La Pasionaria. Acá, incluso las heladeras son negras.

Las mesas de luz son de Casa Didot. Crédito: Javier Picerno

En el cuarto principal todo es amplitud y sobriedad de recursos: una cama generosa (el respaldo es diseño de Dolores Otamendi, el edredón de terciopelo, teñido a mano por Ana Fuchs), un perchero y un velador con pantalla de papel (Iluminación Agüero).

“Los ambientes son pocos, pero muy amplios. Aquí, lo suficiente como para que entre una cama en la que se puede dormir bien aun cuando se pasan los chicos”.

Las luces se embutieron para no generar interrupciones y en las columnas se armaron estructuras para que crezcan los jazmines. Crédito: Javier Picerno

La galería tiene una gran profundidad, pero al haber pintado las varillas del cielo raso de blanco y tener aberturas corredizas tan grandes, no le quitó luz al interior que, por otro lado, tiene una vista envidiable.

Decidimos pintar las varillas en blanco para continuar con el estilo del interior. Además, el blanco da mucha luz y una energía muy especial
Dolores

Los techos de la galería son de hierro negro y listones de madera kiri sobre la que se puso chapa acanalada traslúcida. Crédito: Javier Picerno

Los muebles acá son de lapacho en tono natural (a medida, arq. Dolores Otamendi), estructuras simples pero cabedoras para el familión y los muchos amigos que pasan por esta casa. Los pisos son los mismos que en el interior: mosaico granítico. Y dos sillas de caña de Malaca que vienen de otra casa agregan el toque de distinción.

“Las macetas, grandes, se pintaron en el mismo tono de la pared para lograr armonía y continuidad”, dice Dolores, a quien vemos a la derecha, sobre el piso calcáreo traído desde Mar del Plata. Crédito: Javier Picerno

“El negro para exteriores es sobrio, pero a la vez tiene carácter y contrasta bien con el follaje. Este tiene un tono más grisáceo que le da la textura a la pared y hace juego con las aberturas, más oscuras”.

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