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Un idilio en los tiempos de America First

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
Rex Tillerson, en la Argentina
Rex Tillerson, en la Argentina Crédito: Pool
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5 de febrero de 2018  • 21:24

WASHINGTON.- Los gestos y las palabras, de un lado y otro, brindan un mensaje inequívoco: la relación entre Estados Unidos y la Argentina atraviesa uno de sus mejores momentos. Pero la realidad recuerda que ese idilio convive con el mantra America First de Donald Trump.

Hoy, el gobierno de Donald Trump ve al gobierno de Mauricio Macri como el socio regional más atractivo. Un modelo para la región, según dijo, antes de emprender su gira, el canciller, Rex Tillerson. Fue el segundo gesto en menos de una semana. Antes, Wilbur Ross, capitán de la política proteccionista de Trump, había dicho en la embajada argentina en Washington que el vínculo está "en un nuevo pico histórico", y dejó la puerta abierta a un acuerdo por el biodiésel, principal foco de conflicto. Con México, Trump discute por un muro y 1400 millones de dólares diarios de comercio.

Ya en Buenos Aires, Tillerson dijo que la relación se consolida "cada día", e insistió en que la Argentina, con Macri, "tiene un rol importante que desempeñar" en la región, donde el drama de Venezuela es la crisis más urgente.

No son sólo gestos. En Washington, la Argentina ahora tiene acceso a la Casa Blanca. "Puerta que se golpea, puerta que se abre", graficó un funcionario. Lo mismo ocurre en el Congreso. "Están reestablecidos todos los canales de comunicación y cooperación", definió el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en su último viaje. Ese acceso, con todo, palidece al lado de otros países del hemisferio: en 2017, Luis Videgaray, canciller de México, quien tiene línea directa con Jared Kushner, vino 12 veces a Washington.

Trump ha respaldado el ingreso de la Argentina a la OECD, y, aun habiendo desplegado una agenda proteccionista, liquidó el conflicto por los limones y devolvió al país al sistema generalizado de preferencias (SGP) tras seis años de exilio, un impulso para las exportaciones de las economías regionales. Otra buena noticia que el gobierno argentino aguarda con ansiedad: la luz verde a las exportaciones de carne.

Rex Tillerson, en la Argentina
Rex Tillerson, en la Argentina Fuente: Reuters

Así y todo, son pinceladas que quedan desdibujadas por el cierre a las exportaciones de biodiésel, el golpe más duro al vínculo comercial, al cual que podría sumarse otro en poco tiempo: el bloqueo a las ventas de tubo de acero y de aluminio. Trump dijo que quiere relaciones comerciales "justas y recíprocas". En 2017, la Argentina tuvo un déficit comercial con Estados Unidos de US$ 3116 millones, según cifras oficiales.

La realidad impone límites: cualquier avance está atado a la política doméstica de Estados Unidos, y a las necesidades de la Casa Blanca. Trump puede haber abierto las puertas de su gobierno, pero el mensaje es el mismo: "Estados Unidos, primero".

"Estados Unidos ha prodigado elogios a la Argentina", resumió Benjamin Gedan, director del Argentina Project en el Centro Wilson. "Dicho eso, en cada encrucijada económica, la Casa Blanca ha tomado una línea dura, defendiendo los intereses comerciales de Estados Unidos a expensas de la economía argentina. Pero la Argentina ha decidido que no permitirá que las disputas comerciales socaven la histórica reconexión diplomática que comenzó con el presidente Obama", agregó.

El pragmatismo de la Casa Rosada ante esa realidad, privilegiando la construcción al conflicto, quedo a las claras en una decisión: la Argentina -al igual que México- se abstuvo en la votación en las Naciones Unida que condenó la decisión de Trump de trasladar su embajada a Jerusalén, y reconocerla como capital de Israel. No es el único disenso: cambio climático, inmigración y comercio son otros puntos en discordia que serán testeados en el G-20.

Tom Cooney, encargado de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, relativizó los puntos de conflicto. "Tenemos muchos, muchos puntos de armonía, y hay muy pocos puntos en desacuerdo", dijo, en una conferencia telefónica con periodistas. La relación, dijo, dejó los "péndulos" del pasado. Cooney utilizó varias veces una palabra para definir el vínculo: pragmatismo.

"Tenemos una relación muy pragmática, sincera, amistosa, mutuamente respetuosa y estable", definió.

La realidad impone otro límite: la Argentina habita una región que dista de ser prioridad para Washington. China pisa con más fuerza, y ya es el principal socio comercial. A eso se suma que la imagen de Estados Unidos ha sufrido un fuerte retroceso con Trump, un mandatario mal visto. Hoy, sólo un 24% de los latinoamericanos aprueban el liderazgo de Washington; un 13% en la Argentina, el registro más bajo junto a Chile y Uruguay.

Ernesto Calvo, profesor de la Universidad de Maryland, dijo que América latina, ahora, es más impermeable a Estados Unidos, que además está moviendo su política exterior desde los conflictos militares en Medio Oriente a la posibilidad de "una intensificación de sus conflictos con Rusia y China". En ese contexto, Calvo dijo que se consolida "una relación distante" con América latina. La Argentina, apuntó, es un "socio confiable porque Estados Unidos tiene pocos socios con quienes congeniar".

"No somos un problema, ni somos una oportunidad", resumió.

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