Cómo evitar la angustia de mirar vidas ajenas en las redes

La vida en Instagram es una vida editada.
La vida en Instagram es una vida editada. Crédito: OHLALÁ!
Al final, toda la vida parece una edición digital. Te damos las claves para volverte más selectiva a la hora de scrollear.
Denise Tempone
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12 de febrero de 2018  • 00:32

Scrolleamos, scrolleamos mucho. Y mientras movemos el dedo, a la mayoría, se nos mueven también otras cosas. A veces, estanterías completas. A algunas pueden movernos los viajes ajenos en destinos paradisíacos, a otras, esas parejas ultrarrománticas que parecen indestructibles. Unas miramos azoradas “lo divertida” que es la vida de alguien y otras suspiramos frente a cuestiones tan distintas como familias Ingalls, cuerpos con six packs para el infarto o casas hermosas y ordenadas que no podemos tener.

Ella te muestran los trucos para una panza instagrameada
Ella te muestran los trucos para una panza instagrameada Crédito: Instagram

¿Cómo alguien puede comer taaan saludable como @fulanita? ¿Y de qué trabaja @menganito para tener taaanto tiempo libre para entrenar? En la oscuridad de las pantallas de nuestros celulares, todos podemos proyectar un fantasma: generalmente, alguien tiene lo que nosotras más queremos. Nadie está exento de ser atravesado por la emoción mirando una vida ajena ni de provocar cosas mostrando la propia. ¿Qué tanto sabemos mirar (y exhibir) adultamente? ¿Cómo desarrollar otro tipo de mirada, una que sea más selectiva y que nos sume en vez de contaminarnos? ¿Cómo elegir los contenidos que vamos a consumir en nuestros ratos libres, sin que nos generen emociones como angustia, envidia o tristeza?

Nueva educación emocional

¿Mucha papada? Mejor reir y si es en familia mejor
¿Mucha papada? Mejor reir y si es en familia mejor Crédito: Instagram

La primera vez que una película se exhibió en el cine, allá por 1896, el shock fue demasiado fuerte: los espectadores corrían o se asustaban creyendo que ese tren que se dirigía hacia ellos desde la pantalla realmente estaba ahí. Habían comprado su entrada para ir a eso nuevo llamado “cine” y habían entendido que mirar objetos en movimiento, que no estaban realmente ahí, era parte de una nueva convención. Pero eso, sin embargo, no significó que sus mundos emocionales estuvieran preparados para lidiar con los estímulos. Durante la primera década de vida del cine, muchas personas tuvieron ese tipo de reacciones desbordadas. Cada llegada de un nuevo medio nos exige una adaptación cognitiva, pero también emocional, para afrontar aquello a lo que vamos a exponernos. Así como socialmente, frente a la aparición de los medios masivos y la publicidad, tuvimos que aprender que no todo lo que se nos vendía era “tan así”, con la llegada de las redes sociales y, fundamentalmente, la adopción del lenguaje publicitario para mostrar nuestras vidas, llegó una lista enorme de nuevas exigencias. Tal vez ahora nadie se escandalice ni se asuste mirando Instagram, pero eso no significa que no haya en nuestra mente y en nuestro estado emocional silenciosas y discretas repercusiones que hacen mella en nuestra consideración de nosotras mismas y en el aprecio de todo lo que supimos construir.

Entrenar la mirada

The big picture, el contexto de lo que no te muestra la edición de instagram
The big picture, el contexto de lo que no te muestra la edición de instagram Crédito: Chompoo Baritone

Todos sabemos de una persona que se la pasa haciendo asanas avanzadas pero que vive empastillada, o de nuestra amiga con máster en Photoshop y de nuestro propio comportamiento para crear una imagen fuerte de nosotras mismas en las redes “porque ahora todo pasa por ahí”. Tal vez alguna vez hayas llenado tu Instagram de fotos de tu pareja, justamente después de una pelea en la que la relación casi se va al diablo. Son tiernísimos los perfiles familiares, pero… ¿quién no recibió alguna vez un chat hot de parte de un padre “a lo Ingalls”? Si creemos que nuestra presencia en redes hoy es necesaria para formar parte de algo (ya sea mantener un trabajo, tener branding personal, mostrarnos “en circulación”), entonces es hora de comprender por qué “mejorar” la realidad es un mandato y por qué todos lo hacemos. Consciente o inconscientemente, buscamos proyectar una imagen que nos beneficiará. Preguntarte qué buscas vos con tus redes no es solo un ejercicio comunicativo saludable, sino también una manera madura de pararse frente al mundo virtual.

Ojos más inteligentes

La vida en Instagram es una vida editada. Ellas te muestran los trucos
La vida en Instagram es una vida editada. Ellas te muestran los trucos Crédito: Instagram

Observá con un gran signo de pregunta. No se trata de dudar de cada cosa que vemos en una vida ajena, pero sí de estar abiertas, de tener muy presente que en esta era, aún más fácil que subir una foto, es idealizar. ¿Qué sabemos del contexto de una persona? ¿De sus luchas internas? ¿De los sacrificios que hizo para lograr lo que hoy exhibe (porque nada va a parar al Instagram de nadie “de casualidad”)?

Tratá de entender las motivaciones ocultas. Intentá responderte: ¿por qué la gente (y nosotros) muestra lo que muestra? Esta es la pregunta más apasionante. El motor que lleva a las personas a mostrar cada día su ensalada healthy, su cola parada, su novio que se parte, a sus hijos hasta el borde del cansancio o sus frases zen favoritas. Es una pregunta tan, pero tan difícil de responder que te hace darte cuenta de lo difícil que es también acceder a un “yo real” a través de un par de fotos y unos videítos.

Con granitos y sin edición. El lado B de Instagram
Con granitos y sin edición. El lado B de Instagram Crédito: Instagram

Tomá perspectiva. Estamos viviendo un período de transformación cultural; la revolución digital es tan poderosa como lo fue la revolución industrial, solo que los cambios ahora se dan en muy poco tiempo y nos cuesta asimilarlos. No son solo nuevos chiches, estructuran nuestra forma de pensar tanto en lo privado como en lo público.

Sé más selectiva. Si es cierto que nuestro comportamiento en las redes refuerza la realidad que queremos ver, al menos ¡usalo a tu favor! Elegí gente que inspire a cosas que te parezcan posibles, o –¿por qué no?– elegí solo cuentas que te hagan feliz. Claro que todos tenemos que seguir gente por el trabajo, los vínculos familiares, etc., pero nada te impide tener una cuenta “descomprimidora” en paralelo, una que uses más y mejor que “la oficial”.

Entendé que siempre hay un “lado B” que nadie te está contando. Simplemente porque nadie está obligado a declarar en su contra. Es parte de una actitud infantil pensar que “la gente miente” en las redes. Porque no es tan así. En un mundo violento, en el que la vulnerabilidad puede ser aprovechada, no es una locura que andemos por ahí mostrando nuestras fortalezas y virtudes. No nos sacamos fotos llorando porque nos deja un novio, nos sacamos fotos saliendo con amigas “a disfrutar de la soltería”. Eso no quita el dolor, pero tampoco convierte la salida en “mentira”. Como verás, es mucho más complejo.

La panza real de una mamá que la muestra con sus toques de humor
La panza real de una mamá que la muestra con sus toques de humor Crédito: Instagram

Limitá el scrolleo. No mires tanto. No espíes mucho. No pienses demasiado en lo que hacen otros. Si tenés la costumbre de stalkear, frenala. No les abras la puerta a los fantasmas para salir a jugar. Pensá, en cambio, en qué podrías invertir todos esos minutos (¡o a veces horas de tu día!) en vos, en lo que te gusta, en algún proyecto o hobbie nuevo.

Aceptá que las redes son parte de ciertas reglas de juego actuales. La forma en que las redes sociales han estructurado nuestras relaciones online está basada en la autopromoción y la comparación. Y eso es algo que, por más amor que le pongas, no podés esquivar. Es el formato que nos proponen –el de ofrecernos a nosotros mismos como productos apetecibles– lo que nos introduce a un mercado en el cual se nos sugieren perfiles competidores, se nos pone en categorías ¡y hasta se nos tienta a hacer promoción!

Jamás lo tomes con literalidad. Tomar las redes como la vida de alguien y no como la promoción de la vida de alguien sigue siendo nuestro principal rasgo naíf. Detrás de cada “mirá qué bien me va” hay un “mirá lo aceptado que soy por el resto de la sociedad” y un gran esfuerzo en esa dirección. Tal vez sea tierno entender que, finalmente, todos buscamos pertenecer.

Date espacio para asimilar. Instagram viene a mostrarnos una acumulación de imágenes sin relato y las transmisiones en vivo y la creación de minirrelatos son un bombardeo constante para nuestras emociones. Pasar un tiempo lejos de los estímulos –o sea, hacer cada tanto algún detox digital– también puede ayudarnos a recuperar el equilibrio y a tomar verdadera dimensión de nuestras realidades.

En números

La vida en Instagram es una vida editada. Ellas te muestran los trucos
La vida en Instagram es una vida editada. Ellas te muestran los trucos Crédito: Instagram

Instagram cuenta con 500 millones de usuarios activos cada mes.

300 millones de los cuales se conectan a diario al servicio.

El 80% solo promociona “sus vidas”.

Según un estudio de la Universidad Humboldt de Berlín, el 40% de las personas que usan Facebook confiesa tener sentimientos de inferioridad, inseguridad e insatisfacción observando fotos ajenas.

2.000 fotografías borró “la reina de Instagram” australiana, Essena O'Neill cuando decidió comenzar su campaña de desintoxicación de la red social. Además, decidió editar los textos de 100 posts para que la gente viera todos los retoques.

Descomprimí tus redes

Buscá descansos a la perfección, con ironía y un poco de honestidad.

Para ver el big picture

Chompoo Baritone: es una fotógrafa tailandesa que completa fotografías de Instagram con sus contextos, lo que nos muestra lo importante que son el encuadre y la composición. Buscá sus imágenes en Google, porque en sus redes se mantiene muy privada.

El lado B de los Ingalls

@Averageparentproblems

Son fotos familiares arruinadas por niños descontrolados y traviesos, vacaciones imposibles con bebés y padres colapsados por todos lados. Esta cuenta te muestra con humor el otro lado de la familia ideal.

Una Barbie hipster

@Socalitybarbie

Pequeñas escenas de la vida (im)perfecta, protagonizada por una muñeca Barbie que ironiza con gracia sobre todos los clichés que vemos en las clásicas fotos que la rompen entre los influencers.

Te muestro TOOODO

@chessiekingg

Si te gusta seguir a instagirls que no conocés, ella te va a dar el glam clásico, solo que, de vez en cuando, también te va a mostrar los granos que le salen, la celulitis y las malas poses que borra.

Reírse de uno mismo

@Chinventures

Si no puedes con tu enemigo..., ¡únete a él! Una estudiante de 21 años entendió que estaba perdiendo demasiado tiempo intentando salir sin papada en las selfies ¡y empezó a posar con ella por el mundo! •

Y vos... ¿scrolleás mucho? ¿Te pone mal la vida supuestamente perfecta de los demás? ¿O sos obsesiva de salir perfecta en Instagram? También fijate: #Instacat: 5 cuentas de gatitos que tenés que seguir en Instagram y El lado B de Tinder

Experto consultado: Iván Chausovsky, psicólogo y docente de la materia Informática, Educación y Sociedad de la UBA.

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